Ficha The Arch


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Críticas de The Arch (1)




Mad Warrior

  • 14 Feb 2022

7



Una preciosa muchacha arranca frutos de los árboles mientras es buscada impacientemente por un hombre ataviado como guerrero.
Ella le engaña, juguetea con su confusión.

Él no es un desconocido, sino su protector; de este inocente coqueteo empieza a surgir, en el centro de dicho entorno idílico, un inesperado amor entre ellos. ¨The Arch¨ (o ¨Dong Furen¨) es sin duda una de esas ¨rara avis¨ de la Historia cinematográfica que aparecen una vez cada ciertos años; en un momento en que la industria china está completamente bajo dominio de Shaw Brothers, creadora de un imperio enfocado en las producciones de alto presupuesto y el entretenimiento puro y duro, aparece una señorita llamada Shu Shuen-Tang y lo cambia todo...
Nacida en Yunnan en los 40, se muda a Taiwan y su familia, de clase privilegiada, le paga los estudios de cine en California; para cuando regresa a Hong Kong siente la necesidad de realizar un film aunque no cuenta, por supuesto, con el apoyo de las principales compañías (que, además de ser una mujer, no ven en ella el éxito de taquilla) ni con ayuda del Gobierno (pues no existían las subvenciones); de la nada, con fondos particulares, levanta una producción independiente en escenarios naturales, empleando a un reparto relativamente conocido pero lidiado por Lisa Lu, ya enorme debido a su fama cosechada en EE.UU., lo que era todo un garante.

Entramos en un entorno apartado, escondido entre bosques espesos y montañas inaccesibles, es el de una China en pleno siglo XVII que va estar marcado por la crisis interna de la dinastía Ming, muy cerca de su total quiebra cuando se vea sometida a las fuerzas manchúes; sin embargo el argumento no se detiene a ofrecer análisis históricos ni parece necesario que lo haga. Con poca demora somos invitados a la casa de la sra. Dong, profesora de su aldea, viuda de clase media-alta tan respetada y querida que un arco de piedra se está edificando a la entrada del lugar en su honor.
Lo más destacado de Shuen-Tang es su presentación absolutamente natural de los personajes, a cuya intimidad se acerca con una cámara dinámica y escrutadora que usa sabiamente para otorgar una gran fluidez narrativa, si bien se esmera en construir sus personalidades y psicología, poco a poco, dejándoles desenvolverse con el desarrollo de los acontecimientos a lo largo de un escenario rural que respira cruda autenticidad, pero a la vez dotado de un exquisito diseño de producción gracias al maestro Tianming Bao. La sra. Dong comparte la cotidianidad con su anciana madre y su hija Wei-ling.

Y es curioso cómo funcionan los mecanismos de la trama, pues ésta última, una especie de álter-ego rebelde, idealista y enamoradiza de la propia realizadora, una joven completamente anacrónica más propia de la época en la que se está rodando el film y no en la que se ambienta, se erige en protagonista absoluta, no sólo por cómo se aproxima Shuen-Tang a su intimidad y rostro, que parece acariciar con su cámara, sino porque en ella se enfoca el drama al aparecer un oficial del ejército (Yang) que pide asilo en casa de su madre, negándose en un principio.
Lo que acontece es un enredo melodramático que sugiere mucho y no cuenta nada, dejando que entre miradas furtivas, caricias casuales y pícaras sonrisas surjan los indicios de un más que posible amor estableciéndose una especie de extraño triángulo conflictivo entre la madre, la hija y el invitado; Shuen-Tang encuentra en la elegante sensibilidad romántica la mejor manera de describir su historia de inesperados amantes, y se sirve de los elementos naturales para dotarla de una atmósfera bucólica y ensoñadora (destacan esas secuencias filmadas entre la vegetación de los bosques y las orillas de los hermosos riachuelos, haciendo resaltar aún más la hipnótica belleza de la debutante Hilda Chow-Shuan).

Lo mejor de ¨The Arch¨ es que, pese a situarse en un periodo histórico difícil, su trama principal es de alcance universal y podría desarrollarse en cualquier sociedad y cultura; la conduce ante todo el conflicto entre madre e hija por el amor de un hombre, enfrentándose así los principios de la tradición y el miedo a perder el prestigio social contra la rebeldía juvenil, que tan bien simbolizan ambos personajes, sin intervención de la abuela. Pero entonces la hongkonesa efectúa un viraje que puede confundir al espectador, pues el melodrama lineal y clásico se escora a un profundo drama de carga psicológica que devuelve el protagonismo a Dong.
Aquí es donde ella, como influenciada por las tendencias modernas del cine europeo que imperan en esos años 60, decide lanzarse a la audaz experimentación; se introduce en la mente de la ahora abandonada progenitora y registra su dolorosa soledad y su paulatino descenso a la locura, quebrando de vez en cuando una realidad confusa que se abre a formas y sonidos extraños, capaz de absorbernos entre los recovecos de un clima de oscuridad asfixiante, perfectamente modelada por el experto operador indio Subrata Mitra (podemos percibir en sus poderosas imágenes cierto rastro de Bergman, Yoshida, Robbe-Grillet o Antonioni...).

Sin embargo el mayor fallo es, además de olvidar la presencia de Wei-ling y Yang (interpretado por el carismático y popular Roy Chiao), no seguir profundizando en la degeneración mental y emocional de la protagonista, lo cual deja el argumento sin una auténtica resolución (por muy significativo que sea su final...).
Con sus carencias, la obra capta la atención de la crítica (que no del público), y la directora, el productor Li Chiu-Chung e incluso Lu se esfuerzan para que su distribución abarque más allá de las fronteras del país. En poco tiempo sería aclamada en medio Mundo, nominada a los Oscar como Mejor Película Extranjera y llevando a Shuen-Tang a figurar como la primera cineasta independiente china en conseguir el éxito a nivel internacional. Una auténtica, sorprendente y rara leyenda.



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