Ficha Retaliation


  • No la has puntuado
  • No has insertado crítica
  • No has insertado curiosidades
  • No has insertado ningun error



Críticas de Retaliation (1)




Mad Warrior

  • 1 Jan 2022

7



Como muchos de sus coetáneos, Yasuharu Hasebe llegó en el momento justo en que el cine de acción, y el de yakuzas en especial, estaba virando hacia un enfoque menos romántico y más centrado en la violencia y la crítica social.
Shigehiro Ozawa, Kosaku Yamashita, Masahiro Makino y sobre todo Kinji Fukasaku abanderan este movimiento desde Toei, que a finales de aquellos 60 influenciará mucho a Nikkatsu.

Por tanto ¨Shima wa Moratta¨ llevará su filmografía a otro nivel, alejándose de los códigos ¨noir¨ americanos y la ¨nouvelle vague¨ de su etapa temprana, como bien demostró la anterior ¨Massacre Gun¨ (su obra maestra, por otra parte). Reuniendo a casi todo el elenco de aquélla y de nuevo contando con las estrellas Akira Kobayashi y Jo Shishido al frente, Hasebe nos trae una historia que empieza como otras tantas del amplio mosaico que brinda el cine gangsteril nipón: con la salida de prisión de un yakuza que se condenó a sí mismo para defender su clan y que a su vuelta lo descubre desmembrado y al territorio en posesión de otro.
Pero en contra de la simpleza que puede ofrecer este inicio, la trama empieza a proponer interesantes giros (lo que seguirá hasta el mismísimo final). Aquí Jiro, como muestra de respeto al clan Hazama por cuidar de su anciano jefe tras la disolución del suyo, acepta trabajar para ellos y la acción se traslada de Tokyo a Takagawa, y mientras el guión radiografía los cambios sociales en la sociedad japonesa de finales de los 60, donde se incluyen las viles acciones de la mafia como parte de todo ello, regresa, sin ninguna vergüenza, a los argumentos de ¨Yojimbo¨ y ¨Los Siete Samuráis¨.

Así la misión de Jiro, acompañado de seis hombres más, es la de mediar entre dos familias, los Tone y los Aoba, que se disputan el progreso del territorio a costa de sus campesinos, desamparados ante la violencia yakuza; clara referencia a la romantización del género, aún muy presente antes de la revolución ¨jitsuroku¨ de Fukasaku. Hasebe, como hacía Kurosawa, divide a los grupos sin arrebatar a ninguno su esencia y condición: Jiro y sus hombres pertenecen a los yakuzas de tradición honorable y respetuosa, como vemos por su forma de actuar, expresarse e incluso luchar (con puñales y katanas), al igual que (en principio) los Tone y los Hazama.
Los Aoba no esconden sus procederes ruines y se les representa como asesinos sádicos, codiciosos y repulsivos. A pesar de la evidente romantización y defensa del honor yakuza, Hasebe abandona por completo la elegancia de sus primeros trabajos y toma ejemplo de los cineastas de Toei para exponer con extrema crudeza y desnudez lo que es una confrontación entre gángsters de pleno derecho, filmando en la calle con total autenticidad (a menudo esconde la cámara para captar mejor este realismo) y vapuleando los sentidos del espectador a base de un ritmo narrativo veloz, una puesta en escena de trazos ásperos y una gran obsesión por la violencia y el sexo.

Debido a esto se empieza a intuir el rumbo que en la siguiente década tomaría el cine del director, y el de la Nikkatsu en general. La estructura de la trama, por otro lado, se halla dividida en dos partes: la primera y más extensa desarrolla todo el enfrentamiento entre las dos bandas rivales y las sagaces artimañas de Jiro y su pequeño clan, quienes también sufrirán las consecuencias; la segunda abarca la última media hora y una situación mucho más compleja, naciendo rencillas entre aliados, traiciones, cambios de bando y juramentos de venganza (muy propio de los films de Fukasaku, Makino y los clásicos de Toshio Masuda).
Pero al aspirar Keiji Kubota y Yoshihiro Ishimatsu a crear una historia con tantos giros narrativos y maniobras a menudo confusas, descuidan algunos secundarios cuyas subtramas propias deberían tratarse mejor, como la joven Saeko y su familia campesina, quien no emprende ningún romance con el protagonista (uno de los cambios esenciales en el nuevo enfoque del género), y más aún Hino, hermano del hombre al que éste apuñaló y por lo que acabó en la cárcel. Desde luego el guión tendría que haber hecho hincapié en este personaje encarnado magníficamente por Jo Shishido, a quien compone como un implacable fuera de la ley que nada tiene que ver con los planes de Jiro y cuyo objetivo es la venganza.

Poco a poco, mientras se recrudece la situación entre los campesinos y los empresarios ávidos de sus terrenos, Jiro (como Sanjuro), se encontrará solo ante el peligro que representan las demás familias, aunque Hasebe no apuesta por la fuerza del individuo sino la del grupo, y en ello tiene mucho que ver el honor yakuza; por eso mismo nos regalará un clímax visceral. Y este clímax, memorable ciertamente en la filmografía de Hasebe y en todo el cine de yakuzas, tiene a Jiro unido a los restos de su clan (y Hino, en un gesto de fidelidad increíble) preparado para descargar toda su venganza contra los traidores de Hazama (prefigurando el último acto de la secuela de ¨A Better Tomorrow¨, o incluso, y aunque parezca mentira, el del ¨Grupo Salvaje¨ ¨peckinpahniano¨, que se estrenaría un año después).
Las virtudes del film, en especial el dominio de la escenografía de la acción y el montaje de Mutsuo Tanji, se conjuran en una arrolladora secuencia de batalla con toda la esencia a los clásicos ¨ninkyo eiga¨ (al usar los personajes sólo armas blancas) y donde el director, en su concesión a la violencia más descarnada, nos sacude las entrañas al ritmo de las explosiones de sangre, los puñetazos directos a romper huesos y los cuchillos hundiéndose en la carne. El efecto que queda al término de este tramo, que finaliza maravillosamente con una secuencia a cámara lenta dentro de unas duchas entre agua, sudor y sangre, es devastador a la vez que diabolicamente entretenido.

Y Hino y Jiro salen por su propio pie, hechos puré como nosotros ante tamaño festival de salvajismo, y convertidos para nuestra sorpresa, en hermanos de sangre y batalla. Al lado de Kobayashi y Shishido y los dignos secundarios Tamio Kawaji y Hideaki Nitani, aparecen las futuras estrellas de Nikkatsu Jiro Okazaki, Eiji Go y un irreconocible Tatsuya Fuji como elegante timador de juego.
Aún más curioso, veremos a una jovencísima Meiko Kaji acreditada con su nombre real, Masako Ota, en su primera colaboración con Hasebe, y sufriendo el inconveniente de interpretar a un personaje dramático maltratado por el guión (en el futuro ella evitaría a conciencia estos papeles). Sin duda es gracias a ese memorable tramo final donde se hace evidente la influencia de ¨Shima wa Moratta¨ en futuras películas del género, al que poco le quedaba para su mutación definitiva.

Por ahora el director traza con sabiduría y mucha mala leche el camino a seguir, consagrando ya su estilo en las siguientes ¨Savage Wolf Pack¨ y ¨Arakure¨.



Me gusta (1) Reportar

Críticas: 1


Escribir crítica