Dirigida por Stuart Heisler, es un estupendo melodrama clásico de Hollywood. A menudo eclipsada por The Lost Weekend, (1945), esta película tiene el mérito de haber sido una de las primeras en retratar abiertamente el alcoholismo femenino, un tema tabú para la época. Basada en una historia de Dorothy Parker, funciona como una historia cruda y dolorosa de cómo el éxito ajeno puede devorar la identidad propia.
Susan Hayward es Angie Evans, una cantante de clubes nocturnos con un futuro brillante, mientras que su esposo Ken es un compositor que no logra despegar. Por amor, Angie decide renunciar a su carrera para convertirse en ama de casa y madre. Hay una escena brillante en la que Angie se mira al espejo, consumida por la culpa. No se reconoce; la adicción la lleva a descuidar lo que más ama (su hija), lo que la hunde en un círculo vicioso de autodestrucción y resentimiento. Su interpretación le valió la primera de sus cinco nominaciones al Óscar, y definió su marca registrada en el cine: la mujer al límite, vulnerable, pero con una fuerza perseverante.
A pesar de que el final de la película cede un poco ante las exigencias del Hollywood de la época (buscando una redención apresurada), la trama es implacable. Susan Hayward logra conmovernos con el choque frontal de una mujer contra el muro de sus propias ambiciones sacrificadas.
Miguel Arkangel
7
Dirigida por Stuart Heisler, es un estupendo melodrama clásico de Hollywood. A menudo eclipsada por The Lost Weekend, (1945), esta película tiene el mérito de haber sido una de las primeras en retratar abiertamente el alcoholismo femenino, un tema tabú para la época. Basada en una historia de Dorothy Parker, funciona como una historia cruda y dolorosa de cómo el éxito ajeno puede devorar la identidad propia.
Susan Hayward es Angie Evans, una cantante de clubes nocturnos con un futuro brillante, mientras que su esposo Ken es un compositor que no logra despegar. Por amor, Angie decide renunciar a su carrera para convertirse en ama de casa y madre. Hay una escena brillante en la que Angie se mira al espejo, consumida por la culpa. No se reconoce; la adicción la lleva a descuidar lo que más ama (su hija), lo que la hunde en un círculo vicioso de autodestrucción y resentimiento. Su interpretación le valió la primera de sus cinco nominaciones al Óscar, y definió su marca registrada en el cine: la mujer al límite, vulnerable, pero con una fuerza perseverante.
A pesar de que el final de la película cede un poco ante las exigencias del Hollywood de la época (buscando una redención apresurada), la trama es implacable. Susan Hayward logra conmovernos con el choque frontal de una mujer contra el muro de sus propias ambiciones sacrificadas.
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