Alfredo Landa, en la cima de la carrera que crearía su propio género, - el landismo -, pasa de ser el currito pluriempleado de un medio rural a un investigador camuflado de delincuente en la gran ciudad de París. En medio, los amores, los equívocos, la alabanza de aldea frente a las tentaciones urbanitas, y una realización ágil pero con guion un tanto disparatado… que venía a subrayar las bonanzas de la identidad de lo hispano, pero en el marco del aperturismo de la sociedad tardofranquista… ya ahíta de libertades y un poco de modernidad.
Competente elenco de secundarios encarnando personajes a veces estrafalarios, que nos evocan los tebeos de Ibañez de la época. Probablemente también influenciada por parodias foráneas del cine de espías, en la línea de “Fantomas”(1964), “La Pantera Rosa” (1964), o “Superagente 86” (1965), mantendrá el interés mientras nos dure la nostalgia… pero siempre en los límites de lo genérico.
Pedro Otero Serrano
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Alfredo Landa, en la cima de la carrera que crearía su propio género, - el landismo -, pasa de ser el currito pluriempleado de un medio rural a un investigador camuflado de delincuente en la gran ciudad de París. En medio, los amores, los equívocos, la alabanza de aldea frente a las tentaciones urbanitas, y una realización ágil pero con guion un tanto disparatado… que venía a subrayar las bonanzas de la identidad de lo hispano, pero en el marco del aperturismo de la sociedad tardofranquista… ya ahíta de libertades y un poco de modernidad.
Competente elenco de secundarios encarnando personajes a veces estrafalarios, que nos evocan los tebeos de Ibañez de la época. Probablemente también influenciada por parodias foráneas del cine de espías, en la línea de “Fantomas”(1964), “La Pantera Rosa” (1964), o “Superagente 86” (1965), mantendrá el interés mientras nos dure la nostalgia… pero siempre en los límites de lo genérico.
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