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Uno de los carísimos vehículos de acción autoproducidos por Douglas Fairbanks para lucimiento de sus cabriolas y que hicieron rica a la United Artists de la que a la sazón era cp-fundador.
Fairbanks realmente era un tipo que transmitía alegría: no solo eran sus espactaculares acrobacias, sino que tenía una gran vis cómica que permitía que sus películas no pudieran tomarse excesivamente en serio. Su Robin Hood es bonachón, patológicamente tímido con las mujeres (a las que pone mucho, por supuesto) … Destacan entre los secundarios el futuro ganador del Oscar Wallace Beery, uno de los grandes actores de su época, tanto en cine mudo como sonoro, como un risueño Ricardo Corazón de León y Alan Hale, que tomó por primera vez el papel de Pequeño Juan, causando tanta impresión que retomó el papel de la mano derecha de Robin Hood con Errol Flynn en 1938 y con John Derek en 1950.
Guion del mismo Fairbanks - bajo seudónimo - que se centra mucho en los orígenes del héroe, da mucha entidad al muy falseado personaje de Ricardo y salpica la historia de elementos cómicos. Incluso hoy día se hace muy fácil de ver pese a sus dos horas largas de duración gracias a su tono desenfadado.
A nivel técnico destacan los gigantescos sets (el castillo, el campamento, Nottingham, el cubil de los hombres de Robin), hechos con un gran sentido del espectáculo: el del castillo concretamente empequeñece a los actores y constituye un escenario ideal para las escenas de acción.
Más cerca de los 100 años que de los 90, tiene esa magia que supuraban las películas de Douglas Fairbanks, a las que los fans del cine de acción tanto debemos
Críticas: 2
Pedro Otero Serrano
9
ROBIN DE LOS BOSQUES (Allan Dwan, 18-10-1922) - * * * * *
Alegre versión, - la primera de su nombre -, del mítico personaje amante de la justicia, aquí encarnado, - como debe ser -, por el Errol Flynn del mudo; el galán aventurero conocido por Douglas Fairbanks, que en este caso también se ocupó del guion.
“Rápidas fueron las obras de los hombres. Volvieron de nuevo a su tierra, y lo antiguo y lo sagrado… se desvaneció como un sueño”-. Así principia la evocadora epopeya, con un ritmo un tanto lento en su primera mitad, que se convierte en lo contrario, una vorágine de acción, desde el momento en que Ricardo se decide a volverá casa.
Supuso en su momento la mayor superproducción desde los tiempos de “Cabiria” (1914), llegándose a contratar, para la creación del castillo, al hijo del valorado arquitecto Frank Lloyd Wright. Amén de esto, contiene algún momento lírico, emotivo, e incluso de agradecible originalidad… como la reaparición de Lady tras de su falso suicidio. Más de cien años después… todavía sigue resultando divertida.
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