Se registran más de 60 asesinatos cada día, más de 160 víctimas de agresión cada hora, más de 10 casos de violación cada segundo; está ocurriendo ahora, en el mismo instante en que se escriben estas líneas. Si no hay leyes que nos defiendan, ¿quién lo va a hacer? Es preciso tomar la ciudad...
Es un hecho el cómo la existencia de muchas producciones cinematográficas viene determinado por una fecha, un lugar o un fenómeno sociológico concreto de la Historia, como la obra ante la que nos encontramos. Corrían los años 80 y uno de los principales objetivos de la presidencia de Ronald Reagan era combatir el comunismo, la violencia civil y las drogas, y sus conservadoras y moralizantes intenciones eran tan efectivas que muchos lo expresaron así en la ficción, de ahí que en la cartelera (la de los cines de barrio) se agolparan títulos que trataban por la senda más dura este tipo de problemas tan actuales, pero que resultaban algo tabú en la realidad.
Si “Yo soy la Justicia”, “Impacto Súbito” o la excesiva y disparatada “Calles Salvajes” ejemplificaban a la perfección lo de mostrar a ciudadanos tomándose la justicia por su mano ante un sistema corrupto e ineficaz, “Vigilante” (estrenada más o menos en las mismas fechas) no era desconocida en esta tendencia, un producto exclusivamente de su época fruto de la colaboración entre el productor Andrew Garroni, el guionista y autor Richard Vetere (“El Tercer Milagro”) y el cineasta William Lustig, conocido dentro de los círculos de la serie “B” gracias a films como “Maniac” o el posterior clásico del “grindhouse” “Maniac Cop”.
Las obras de Eastwood y Winner expresaban su discurso de rabia por medio de las acciones físicas de sus escarmentadores protagonistas; “Vigilante” no espera, y su arranque, en el que un grupo de ciudadanos recibe expectante las palabras del descontento Nick ya es toda una declaración de intenciones. Aleccionadora introducción de Lustig y Vetere, quienes, en una jugada maestra, evitan la exaltación del espectador y logran su acérrima participación al presentar el asalto y asesinato de una joven que tranquilamente salía de su piso por un malnacido que burla a la policía y al día siguiente ya está andando por la calle.
¿Qué deseamos? Verle muerto, y cuanto antes. Y de ello se encargará el grupo de justicieros de Nick que opera desde el anonimato, un literal bofetón en la cara a los desastrosos procederes de un sistema corrupto, de una policía confusa y excesivamente temerosa, tanto como esos pobres que llegada la noche han de refugiarse en sus casas. Pero, según Eddie, también a los derechos humanos y a la ética en sí misma, pues, si al final todos matamos, ¿en qué nos diferenciamos?, ¿quién ha cruzado la línea y quién no? Una prostituta asesinada accidentalmente será la imagen perfecta de esta elucubración...
Éste es realmente el protagonista, pues el asunto del grupo de ciudadanos justicieros no convencía a Vetere por sí solo, o quizás le resultaba demasiado ambiguo y controvertido, así que el encarnizado ataque contra las lacras de la sociedad vendrá a justificarse alrededor del asalto a la familia de Eddie por una banda de sádicos delincuentes; una repugnante invasión al seno del hogar que deja tres víctimas: una mortal (el hijo), otra hospitalizada (la esposa) y otra encarcelada, que será el propio Eddie por enfrentarse al juez que dicta la injusta sentencia en una escena harto crispante y poco creíble con el fin de poner al espectador completamente de parte de la película, sus protagonistas y sus creadores.
Pero esto se convierte en un traspiés para el argumento, que a raíz de la condena de Eddie (lo que traslada la crítica sobre la situación en la calle al también precupante entorno carcelario) se dividirá de manera torpe intentando reparar con total equilibrio en el drama de este cabeza de familia de vida rota y arrastrado a los infiernos por culpa del irracional sistema legal y en los esfuerzos del equipo de Nick por limpiar la ciudad...cosa en lo que sin duda fallará. Vetere, con su particular sentido de la aspereza, apoyado en el gusto por esa violencia directa y abrasiva de Lustig, no duda en retomar los principios de “El Justiciero de la Ciudad” y más aún de “Yo soy la Justicia”, sus principales influencias.
Aunque la potencia de su discurso remite a aquellas feroces peyorativas lanzadas por el Harry Callahan de Don Siegel (cuyo estilo Lustig no duda en imitar) contra ese sistema más preocupado por los daños materiales que por los humanos y por los derechos de los delincuentes y asesinos más que por los de las víctimas. Por desgracia el tan intenso clímax, ya con Eddie como protagonista absoluto de la película, que es esa persecución rodada así adrede para que recordemos la de “Bullitt”, conducirá a un final de lo más chapucero e insatisfactorio (que detallaré más abajo).
Un dúo tan efectivo como el que forman ese magnético Robert Forster y el simplemente monumental Fred Williamson, encabeza un reparto correcto donde destaca la presencia de Joe Spinell (que además de aparecer en “Maniac” lo haría con el primero en “Al Filo de la Navaja”), Rutanya Alda y Don Blakely. Una cosa es cierta: cada segundo de cada secuencia de “Vigilante” supura chorros de la más pura, grasienta, sucia y sangrienta serie “B”, cuyas carencias (de presupuesto, sobre todo) suple el director gracias a su nervio para filmar la acción y la violencia, la cual logra que resulte veraz y visceral en todo momento ante la cámara.
Las imágenes, las texturas, la estética, la casposa música de Jay Chattaway, y sobre todo y por encima de todo, su espíritu reaccionario, adusto, contradictorio y ambiguo conforman un deleite para cualquier fan del cine más “grindhouse” y violento de los 80; no se le puede pedir más a una obra como ésta (¿o tal vez sí?).
En resumen, la clase de película que jamás se estrenaría hoy día, ni tan siquiera consideraría en el seno de un estudio, y eso, señoras y señores, porque al final se ha concedido más voz a aquellos a quienes ni deberían contar con el privilegio de poseer unos derechos. ¿Derechos humanos? Válgame Dios que no haré por recordarlos si algún día asaltan mi hogar, violan a mi mujer y matan a mi hijo.
-------------------------
Pues es esa fue la principal pregunta que me vino a la mente cuando acabé de ver el film, si efectivamente se le puede pedir más, y no me estoy refiriendo a cuestiones técnicas.
Resulta obvio que una producción de bajo presupuesto como ésta tendrá sus carencias, pero como ya he dicho sobre este tema, el director, con su pericia tras la cámara, logra superarlas. Mi disgusto se debe a un fenómeno cinematográfico también muy extendido, por desgracia, que consiste en estimular las emociones del espectador durante un clímax lleno de intensidad y finalizar la historia de un modo absolutamente insatisfactorio, dejando al susodicho espectador un amargo regusto que le invita a no volver a ver la película, nunca más. Y eso me ha ocurrido con “Vigilante”.
Hemos llegado al momento que sin duda estábamos esperando en la trama: la irrefrenable venganza al más puro estilo Charles Bronson de Eddie contra los indeseables que mataron a su hijo y agredieron a su esposa. Rico ya ha muerto y el siguiente es Prago, a quien el protagonista dará cacería como en los policíacos de antaño, bandera estadounidense de fondo incluida, y el juez que dictó la sentencia. Han muerto tres y, como es lógico, el espectador, ya totalmente del lado de Eddie, pide más sangre...pero la película no se la dará.
Lo primero es que, teniendo en cuenta lo repugnante que resulta el ataque a la familia de Eddie, debería haberse planeado una venganza más encarnizada y concienzuda, pero como los americanos son políticamente correctos hasta en eso pues Lustig se conforma con muertes rápidas y fáciles, demasiado amables para lo que realmente merecían los villanos. Pero es que, además, Vetere deja muchos cabos sueltos que no se atan, y el más importante es qué ocurrirá con los secuaces de Rico tras asesinar a los policías, los mismos que mataron al hijo de Eddie.
No sabremos nada. “Vigilante” termina con el protagonista marchándose hacia un destino incierto tras explosionar el coche del juez. En otro tipo de película un final abierto puede resultar adecuado, pero el que aquí nos brindan resulta ser un final que no es realmente un final; pareciera que los productores decidieron cortar el metraje de golpe o que el director no contara con más presupuesto para acabar la historia como era debido, que demandaba una batalla espectacular en las calles entre la banda de Rico, Eddie y los justicieros de Nick, como sucedía en “El Justiciero de la Noche” o en “Al Filo de la Navaja”, también protagonizada por Forster.
Por este torpísimo, extraño y desagradable desenlace inconcluso, que pretende ser dramático y melancólico pero que no lo consigue, la obra de Lustig, pese a lo decentemente que había estado aguantando su metraje, pierde toda su credibilidad.
Tanto que no apetece volverla a ver. Una lástima...
Mad Warrior
5
Se registran más de 60 asesinatos cada día, más de 160 víctimas de agresión cada hora, más de 10 casos de violación cada segundo; está ocurriendo ahora, en el mismo instante en que se escriben estas líneas. Si no hay leyes que nos defiendan, ¿quién lo va a hacer? Es preciso tomar la ciudad...
Es un hecho el cómo la existencia de muchas producciones cinematográficas viene determinado por una fecha, un lugar o un fenómeno sociológico concreto de la Historia, como la obra ante la que nos encontramos. Corrían los años 80 y uno de los principales objetivos de la presidencia de Ronald Reagan era combatir el comunismo, la violencia civil y las drogas, y sus conservadoras y moralizantes intenciones eran tan efectivas que muchos lo expresaron así en la ficción, de ahí que en la cartelera (la de los cines de barrio) se agolparan títulos que trataban por la senda más dura este tipo de problemas tan actuales, pero que resultaban algo tabú en la realidad.
Si “Yo soy la Justicia”, “Impacto Súbito” o la excesiva y disparatada “Calles Salvajes” ejemplificaban a la perfección lo de mostrar a ciudadanos tomándose la justicia por su mano ante un sistema corrupto e ineficaz, “Vigilante” (estrenada más o menos en las mismas fechas) no era desconocida en esta tendencia, un producto exclusivamente de su época fruto de la colaboración entre el productor Andrew Garroni, el guionista y autor Richard Vetere (“El Tercer Milagro”) y el cineasta William Lustig, conocido dentro de los círculos de la serie “B” gracias a films como “Maniac” o el posterior clásico del “grindhouse” “Maniac Cop”.
Las obras de Eastwood y Winner expresaban su discurso de rabia por medio de las acciones físicas de sus escarmentadores protagonistas; “Vigilante” no espera, y su arranque, en el que un grupo de ciudadanos recibe expectante las palabras del descontento Nick ya es toda una declaración de intenciones. Aleccionadora introducción de Lustig y Vetere, quienes, en una jugada maestra, evitan la exaltación del espectador y logran su acérrima participación al presentar el asalto y asesinato de una joven que tranquilamente salía de su piso por un malnacido que burla a la policía y al día siguiente ya está andando por la calle.
¿Qué deseamos? Verle muerto, y cuanto antes. Y de ello se encargará el grupo de justicieros de Nick que opera desde el anonimato, un literal bofetón en la cara a los desastrosos procederes de un sistema corrupto, de una policía confusa y excesivamente temerosa, tanto como esos pobres que llegada la noche han de refugiarse en sus casas. Pero, según Eddie, también a los derechos humanos y a la ética en sí misma, pues, si al final todos matamos, ¿en qué nos diferenciamos?, ¿quién ha cruzado la línea y quién no? Una prostituta asesinada accidentalmente será la imagen perfecta de esta elucubración...
Éste es realmente el protagonista, pues el asunto del grupo de ciudadanos justicieros no convencía a Vetere por sí solo, o quizás le resultaba demasiado ambiguo y controvertido, así que el encarnizado ataque contra las lacras de la sociedad vendrá a justificarse alrededor del asalto a la familia de Eddie por una banda de sádicos delincuentes; una repugnante invasión al seno del hogar que deja tres víctimas: una mortal (el hijo), otra hospitalizada (la esposa) y otra encarcelada, que será el propio Eddie por enfrentarse al juez que dicta la injusta sentencia en una escena harto crispante y poco creíble con el fin de poner al espectador completamente de parte de la película, sus protagonistas y sus creadores.
Pero esto se convierte en un traspiés para el argumento, que a raíz de la condena de Eddie (lo que traslada la crítica sobre la situación en la calle al también precupante entorno carcelario) se dividirá de manera torpe intentando reparar con total equilibrio en el drama de este cabeza de familia de vida rota y arrastrado a los infiernos por culpa del irracional sistema legal y en los esfuerzos del equipo de Nick por limpiar la ciudad...cosa en lo que sin duda fallará. Vetere, con su particular sentido de la aspereza, apoyado en el gusto por esa violencia directa y abrasiva de Lustig, no duda en retomar los principios de “El Justiciero de la Ciudad” y más aún de “Yo soy la Justicia”, sus principales influencias.
Aunque la potencia de su discurso remite a aquellas feroces peyorativas lanzadas por el Harry Callahan de Don Siegel (cuyo estilo Lustig no duda en imitar) contra ese sistema más preocupado por los daños materiales que por los humanos y por los derechos de los delincuentes y asesinos más que por los de las víctimas. Por desgracia el tan intenso clímax, ya con Eddie como protagonista absoluto de la película, que es esa persecución rodada así adrede para que recordemos la de “Bullitt”, conducirá a un final de lo más chapucero e insatisfactorio (que detallaré más abajo).
Un dúo tan efectivo como el que forman ese magnético Robert Forster y el simplemente monumental Fred Williamson, encabeza un reparto correcto donde destaca la presencia de Joe Spinell (que además de aparecer en “Maniac” lo haría con el primero en “Al Filo de la Navaja”), Rutanya Alda y Don Blakely. Una cosa es cierta: cada segundo de cada secuencia de “Vigilante” supura chorros de la más pura, grasienta, sucia y sangrienta serie “B”, cuyas carencias (de presupuesto, sobre todo) suple el director gracias a su nervio para filmar la acción y la violencia, la cual logra que resulte veraz y visceral en todo momento ante la cámara.
Las imágenes, las texturas, la estética, la casposa música de Jay Chattaway, y sobre todo y por encima de todo, su espíritu reaccionario, adusto, contradictorio y ambiguo conforman un deleite para cualquier fan del cine más “grindhouse” y violento de los 80; no se le puede pedir más a una obra como ésta (¿o tal vez sí?).
En resumen, la clase de película que jamás se estrenaría hoy día, ni tan siquiera consideraría en el seno de un estudio, y eso, señoras y señores, porque al final se ha concedido más voz a aquellos a quienes ni deberían contar con el privilegio de poseer unos derechos. ¿Derechos humanos? Válgame Dios que no haré por recordarlos si algún día asaltan mi hogar, violan a mi mujer y matan a mi hijo.
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Pues es esa fue la principal pregunta que me vino a la mente cuando acabé de ver el film, si efectivamente se le puede pedir más, y no me estoy refiriendo a cuestiones técnicas.
Resulta obvio que una producción de bajo presupuesto como ésta tendrá sus carencias, pero como ya he dicho sobre este tema, el director, con su pericia tras la cámara, logra superarlas. Mi disgusto se debe a un fenómeno cinematográfico también muy extendido, por desgracia, que consiste en estimular las emociones del espectador durante un clímax lleno de intensidad y finalizar la historia de un modo absolutamente insatisfactorio, dejando al susodicho espectador un amargo regusto que le invita a no volver a ver la película, nunca más. Y eso me ha ocurrido con “Vigilante”.
Hemos llegado al momento que sin duda estábamos esperando en la trama: la irrefrenable venganza al más puro estilo Charles Bronson de Eddie contra los indeseables que mataron a su hijo y agredieron a su esposa. Rico ya ha muerto y el siguiente es Prago, a quien el protagonista dará cacería como en los policíacos de antaño, bandera estadounidense de fondo incluida, y el juez que dictó la sentencia. Han muerto tres y, como es lógico, el espectador, ya totalmente del lado de Eddie, pide más sangre...pero la película no se la dará.
Lo primero es que, teniendo en cuenta lo repugnante que resulta el ataque a la familia de Eddie, debería haberse planeado una venganza más encarnizada y concienzuda, pero como los americanos son políticamente correctos hasta en eso pues Lustig se conforma con muertes rápidas y fáciles, demasiado amables para lo que realmente merecían los villanos. Pero es que, además, Vetere deja muchos cabos sueltos que no se atan, y el más importante es qué ocurrirá con los secuaces de Rico tras asesinar a los policías, los mismos que mataron al hijo de Eddie.
No sabremos nada. “Vigilante” termina con el protagonista marchándose hacia un destino incierto tras explosionar el coche del juez. En otro tipo de película un final abierto puede resultar adecuado, pero el que aquí nos brindan resulta ser un final que no es realmente un final; pareciera que los productores decidieron cortar el metraje de golpe o que el director no contara con más presupuesto para acabar la historia como era debido, que demandaba una batalla espectacular en las calles entre la banda de Rico, Eddie y los justicieros de Nick, como sucedía en “El Justiciero de la Noche” o en “Al Filo de la Navaja”, también protagonizada por Forster.
Por este torpísimo, extraño y desagradable desenlace inconcluso, que pretende ser dramático y melancólico pero que no lo consigue, la obra de Lustig, pese a lo decentemente que había estado aguantando su metraje, pierde toda su credibilidad.
Tanto que no apetece volverla a ver. Una lástima...
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