Sobrevalorada por la mayoría de los críticos aficionados a Shakespeare destaca por la delicada fotografía de Robert Krasler, la detallista puesta en escena, - sobre todo en lo relativo a unos encuadres prácticamente matemáticos -, y por la suntuosa arquitectura tomada del natural en las ciudades de Siena, Padua, Venecia, y, sobre todo, Verona.
Pero la niña Julieta no convence. Por mucho que el film se llevara diversos premios en festivales importantes, como el León De Oro aquel año, es un hecho que le falta temperatura emocional. De haberla tenido, tal vez no rondara lo tedioso su fidelidad al texto literario. Y es que los personajes no sangran de verdad, no sufren como debieren, y sobre todo la niña Julieta, Susan Shentall, no nos trasmite en ningún momento el que vaya a cumplir con su cometido. Es decir, matarse. Por otra parte, reconocemos que todo esto… tal vez no nos parecería tan evidente… si no se hubiera rodado un poco después el archiclásico de Zeffirelli. Y es que las comparaciones pueden resultar odiosas… pero también inevitables.
Pedro Otero Serrano
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Sobrevalorada por la mayoría de los críticos aficionados a Shakespeare destaca por la delicada fotografía de Robert Krasler, la detallista puesta en escena, - sobre todo en lo relativo a unos encuadres prácticamente matemáticos -, y por la suntuosa arquitectura tomada del natural en las ciudades de Siena, Padua, Venecia, y, sobre todo, Verona.
Pero la niña Julieta no convence. Por mucho que el film se llevara diversos premios en festivales importantes, como el León De Oro aquel año, es un hecho que le falta temperatura emocional. De haberla tenido, tal vez no rondara lo tedioso su fidelidad al texto literario. Y es que los personajes no sangran de verdad, no sufren como debieren, y sobre todo la niña Julieta, Susan Shentall, no nos trasmite en ningún momento el que vaya a cumplir con su cometido. Es decir, matarse. Por otra parte, reconocemos que todo esto… tal vez no nos parecería tan evidente… si no se hubiera rodado un poco después el archiclásico de Zeffirelli. Y es que las comparaciones pueden resultar odiosas… pero también inevitables.
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