Hay que reconocerle el empeño al sr. Martin Lawrence por haberse puesto tantas veces del lado de la ley...al menos en el cine, ya que todos conocían las locuras de su vida privada, y que acababan convertidas en escándalos públicos.
Pero no se daba cuenta de que por mucho que lo intentara nunca llegaría a igualar el bombazo de “Dos Policías Rebeldes“...
“Seguridad Nacional“, por la que aún guardo algo de aprecio gracias a la nostalgia, fue uno de esos títulos que mostraba la evidente mediocridad en la que estaba cayendo el actor, otro fracaso más de taquilla y crítica (bueno, a eso ya estaba acostumbrado...) siguiendo la mala estrella de tonterías de la talla de “El Caballero Negro“, “De Ladrón a Policía“ o “¿Qué más puede Pasar?“, todas simpáticas a su modo. Aquí se pone bajo la batuta del colega de Adam Sandler y también enemigo de la crítica profesional Dennis Dugan y vuelve a colgarse la placa, o eso intenta.
Poco interesa cómo llegó a ver la luz esta cosa escrita por el no muy lúcido dúo de guionistas David Ronn/Jay Scherick y donde Lawrence ejerce de productor ejecutivo; lo interesante, lo único en realidad, es ese prólogo que nos presenta la historia policíaca más vieja del mundo: un policía recto y honrado (Rafferty) pierde a su compañero en una peligrosa operación, en este caso un robo en un almacén. Esta parte nos enseña dos cosas: que Steve Zahn puede ser buen actor y que la película podría volverse un auténtico drama...de no ser por la aparición de Lawrence como un guardia de seguridad que aspira a policía (Montgomery).
Su personaje resulta una mezcla irritante de arrogancia y subnormalidad que deja a la altura del betún la exhibida por Jim Carrey en Ace Ventura. Mientras simpatizar con el de Zahn es muy fácil, se vuelve imposible hacerlo con el de este último. Tampoco parece muy buena idea la manera de unir a los dos protagonistas; ¿por qué no hacer que Rafferty sea degradado a guardia de seguridad por excederse en sus deberes de policía intentando dar con la pista de los asesinos de su compañero en lugar de fabricar el guión toda esa porquería de subtrama que pretende burlarse de cosas tan espinosas como la brutalidad policial, el racismo y la mala sangre de los medios?
Por algún motivo Dugan tiene esa manía de querer hacer humor ofensivo sobre temas sociales y nunca le sale bien. O tal vez la culpa sea de Lawrence, que vive de la improvisación y su estatus de estrella le permitió hacer lo que quería. El problema es que la combinación poli blanco/poli negro ya está muy vista y el accidental argumento de “buddy movie“ que termina surgiendo tampoco funciona, porque la unión de Rafferty y Montgomery no lo hace en absoluto. La graciosa estoicidad de Zahn contrasta mucho con la ruidosa estupidez de Lawrence.
No tienen química, aunque consigan salirse con la suya de vez en cuando y provocar la risa. Aunque la risa la provoca en realidad la desquiciada e inverosímil retahíla de situaciones que va coleccionando el guión para simplemente poner en peligro a los unidimensionales protagonistas; Dugan no les da (ni nos da) un respiro, se recrea en la acción desenfrenada (con gusto por la cámara lenta como creyéndose John Woo) y no se detiene a examinarles, ni a dejar que interactúen a un cierto nivel de ingenio y humanidad, y cuando lo permite sólo es para soltar trillados clichés.
Lo más molesto es el racismo recalcitrante que Lawrence bombardea todo el rato, además de su actuación exagerada. Eddie Murphy no necesitó hacer nada de eso en “Límite: 48 horas“, ni Danny Glover en “Arma Letal“, ni Damon Wayans en “El Último Boy Scout“, y supieron ganarse nuestra simpatía, pero Lawrence no muestra, ni quiere, la naturalidad y alma de los anteriores. Quiere acaparar la atención, es una molestia y llegas a sentir lástima por el pobre Zahn; mientras tanto la intriga de los ultraviolentos ladrones y la aleación que quieren robar es un vacío que se resuelve en un abrir y cerrar de ojos y cuando ha terminado no recuerdas de qué trataba...
No hay sorpresas, ni nada interesante y los “gags“ que se salvan no son muy ingeniosos. Pero por alguna extraña razón Dugan le da ritmo y acabas siendo arrastrado a la caótica imbecilidad. Y la compasiva nostalgia ayuda mucho.
Lawrence, por su parte, tuvo la suerte de regresar a los brazos de Michael Bay tan sólo seis meses después para la secuela de “Dos Policías Rebeldes“, porque su carrera estaba ya en un punto crítico.
Mad Warrior
4
Hay que reconocerle el empeño al sr. Martin Lawrence por haberse puesto tantas veces del lado de la ley...al menos en el cine, ya que todos conocían las locuras de su vida privada, y que acababan convertidas en escándalos públicos.
Pero no se daba cuenta de que por mucho que lo intentara nunca llegaría a igualar el bombazo de “Dos Policías Rebeldes“...
“Seguridad Nacional“, por la que aún guardo algo de aprecio gracias a la nostalgia, fue uno de esos títulos que mostraba la evidente mediocridad en la que estaba cayendo el actor, otro fracaso más de taquilla y crítica (bueno, a eso ya estaba acostumbrado...) siguiendo la mala estrella de tonterías de la talla de “El Caballero Negro“, “De Ladrón a Policía“ o “¿Qué más puede Pasar?“, todas simpáticas a su modo. Aquí se pone bajo la batuta del colega de Adam Sandler y también enemigo de la crítica profesional Dennis Dugan y vuelve a colgarse la placa, o eso intenta.
Poco interesa cómo llegó a ver la luz esta cosa escrita por el no muy lúcido dúo de guionistas David Ronn/Jay Scherick y donde Lawrence ejerce de productor ejecutivo; lo interesante, lo único en realidad, es ese prólogo que nos presenta la historia policíaca más vieja del mundo: un policía recto y honrado (Rafferty) pierde a su compañero en una peligrosa operación, en este caso un robo en un almacén. Esta parte nos enseña dos cosas: que Steve Zahn puede ser buen actor y que la película podría volverse un auténtico drama...de no ser por la aparición de Lawrence como un guardia de seguridad que aspira a policía (Montgomery).
Su personaje resulta una mezcla irritante de arrogancia y subnormalidad que deja a la altura del betún la exhibida por Jim Carrey en Ace Ventura. Mientras simpatizar con el de Zahn es muy fácil, se vuelve imposible hacerlo con el de este último. Tampoco parece muy buena idea la manera de unir a los dos protagonistas; ¿por qué no hacer que Rafferty sea degradado a guardia de seguridad por excederse en sus deberes de policía intentando dar con la pista de los asesinos de su compañero en lugar de fabricar el guión toda esa porquería de subtrama que pretende burlarse de cosas tan espinosas como la brutalidad policial, el racismo y la mala sangre de los medios?
Por algún motivo Dugan tiene esa manía de querer hacer humor ofensivo sobre temas sociales y nunca le sale bien. O tal vez la culpa sea de Lawrence, que vive de la improvisación y su estatus de estrella le permitió hacer lo que quería. El problema es que la combinación poli blanco/poli negro ya está muy vista y el accidental argumento de “buddy movie“ que termina surgiendo tampoco funciona, porque la unión de Rafferty y Montgomery no lo hace en absoluto. La graciosa estoicidad de Zahn contrasta mucho con la ruidosa estupidez de Lawrence.
No tienen química, aunque consigan salirse con la suya de vez en cuando y provocar la risa. Aunque la risa la provoca en realidad la desquiciada e inverosímil retahíla de situaciones que va coleccionando el guión para simplemente poner en peligro a los unidimensionales protagonistas; Dugan no les da (ni nos da) un respiro, se recrea en la acción desenfrenada (con gusto por la cámara lenta como creyéndose John Woo) y no se detiene a examinarles, ni a dejar que interactúen a un cierto nivel de ingenio y humanidad, y cuando lo permite sólo es para soltar trillados clichés.
Lo más molesto es el racismo recalcitrante que Lawrence bombardea todo el rato, además de su actuación exagerada. Eddie Murphy no necesitó hacer nada de eso en “Límite: 48 horas“, ni Danny Glover en “Arma Letal“, ni Damon Wayans en “El Último Boy Scout“, y supieron ganarse nuestra simpatía, pero Lawrence no muestra, ni quiere, la naturalidad y alma de los anteriores. Quiere acaparar la atención, es una molestia y llegas a sentir lástima por el pobre Zahn; mientras tanto la intriga de los ultraviolentos ladrones y la aleación que quieren robar es un vacío que se resuelve en un abrir y cerrar de ojos y cuando ha terminado no recuerdas de qué trataba...
No hay sorpresas, ni nada interesante y los “gags“ que se salvan no son muy ingeniosos. Pero por alguna extraña razón Dugan le da ritmo y acabas siendo arrastrado a la caótica imbecilidad. Y la compasiva nostalgia ayuda mucho.
Lawrence, por su parte, tuvo la suerte de regresar a los brazos de Michael Bay tan sólo seis meses después para la secuela de “Dos Policías Rebeldes“, porque su carrera estaba ya en un punto crítico.
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