Ficha Duelo en Silver Creek


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Críticas de Duelo en Silver Creek (1)




Mad Warrior

  • 12 Mar 2018

6



A lo largo de los años, el género del ¨western¨ nos ha brindado tantos grandes y míticos títulos, tal cantidad de obras maestras, que a veces nos olvidamos de aquellas pequeñas y modestas propuestas, destinadas a ser llamadas ¨producciones menores¨, que descansan a la sombra de las más importantes.
Efectivamente, ¨Duelo en Silver Creek¨ pertenece a esta segunda categoría, sin embargo posee la suficiente calidad como para que resulte injusto condenarla al ostracismo.

Esta historia se inicia cuando el joven Luke Cromwell, a quien apodan ¨Silver Kid¨ por la gran habilidad que tiene para manejar armas de fuego, y su padre, encuentran en un río varias pepitas de oro; en otros casos tal hallazgo sería motivo de alegría y regocijo, pero en este sólo va a acarrearles problemas, ya que por el territorio deambula un grupo de despiadados asesinos conocidos como ¨Los Salteadores¨, cuyo propósito es hacerse con todas las concesiones mineras, acabando con aquellos que les plantan cara sin dejar testigos ni pruebas, por lo que nadie ha podido echarles aún el guante.
Esta situación hincha bastante las narices de Tyrone, el veterano sheriff de Silver City, quien lo único que desea es detener a esos indeseables y a su líder, Rod Lacey, antes de que se apoderen de todas las minas y maten a más inocentes. Por casualidades de la vida, Tyrone y Luke se cruzan; motivos diferentes les unirán (uno quiere justicia, el otro sangre) aunque con un objetivo común...sin embargo Luke también deberá proteger al sheriff de la seductora y peligrosa Opal, una mujer que aparenta ser quien no es y de la que él parece estar enamorándose.

1.952 fue, sin lugar a dudas, un buen año para el ¨western¨. A las pantallas llegaron ¨Río de Sangre¨, de Howard Hawks, ¨Horizontes Lejanos¨, de Anthony Mann, y esa legendaria ¨Sólo ante el Peligro¨, de Fred Zinnemann, pero resulta que ese también fue el mismo año que Don Siegel se iniciaría en el cine del Oeste, género en el que seguiría inmiscuyéndose en tiempos futuros, con ¨Duelo en Silver Creek¨. Este versátil director es sobre todo conocido por ser el responsable de la versión original de ¨La Invasión de los Ladrones de Cuerpos¨ y por su estrecha colaboración con Clint Eastwood en títulos inolvidables tales como ¨Harry, ¨el Sucio¨ ¨ y ¨Fuga de Alcatraz¨...aunque eso ya es irse demasiado lejos.
En aquella época, y tras haber demostrado gran solvencia en los parámetros del cine negro con ¨El Veredicto¨ y ¨El Gran Robo¨, Siegel, que abordaba con entusiasmo cualquier proyecto que se le presentara, tomó el guión de Gerald Drayson Adams y Joseph Hoffman que le ofreció la Universal y optó por entrar en un género para él desconocido: el ¨western¨. Durante toda su historia, la serie ¨B¨ absorbió numerosas producciones del género que explotaban con habilidad sus claves sin estar en la corriente principal de las grandes, y se dice que quien mejor supo asentarse en las propuestas de humilde condición del cine del Oeste fue Budd Boetticher, a veces conocido como ¨el rey del ¨western¨ de serie ¨B¨ ¨, quien construyó una colección de títulos de tener muy en cuenta por los aficionados a este cine.

Quizá sus films fueran de lo más destacado dentro la serie ¨B¨, aunque, como he dicho antes, el que nos ocupa también ha de ser considerado; Don Siegel no era un experimentado del género como Boetticher, pero poseía talento, y es algo que deja patente en esta historia clásica de venganza y sangre, donde trata la justicia con honestidad y rectitud y da vida a unos personajes que no se apartan de los estereotipos: los buenos son muy buenos y los malos muy malos, sin ambigüedades; hay por ahí algún rufián que tiene la oportunidad de redimirse confesando su crimen segundos antes de expirar, con lo que la película guarda un toque de mojigatería (mucho faltaba para que Peckinpah y Leone llegaran y le dieran la vuelta a la tortilla).
Siegel maneja con soltura una narración de lo más curiosa (nos es contada por el sheriff, lo que en ocasiones hace que el espectador se le adelante) con retazos de cine negro claramente heredados de Mann, Sturges o William R. Burnett, donde hallamos elementos clave del mismo como los inesperados giros de guión, un tono de misterio y hasta la clásica ¨femme fatale¨ encarnada en esa sensual y traidora Opal Lacey; todo lo demás deriva en una película del Oeste de lo más aventuresca con algunas gotas de humor al más puro estilo de Hawks y el clásico y espectacular duelo final que no puede faltar.

Y para recalcar la condición de malos muy malos y buenos muy buenos se fichó como protagonista al joven Audie L. Murphy, quien antes de reciclarse en actor de cine gracias al alma de cazatalentos de James Cagney fue uno de los más condecorados soldados de la 2.ª Guerra Mundial (ahí es nada). A este héroe de guerra le acompañan el carismático y siempre eficiente Stephen McNally, la atractiva Faith Domergue, que lo clava en el papel de mujer fatal, Gerald Mohr, genial como Lacey, y una joven Susan Cabot. Como curiosidad podemos ver a Lee Marvin en un papel secundario...que a ver quien le distingue.
No estamos ante ¨Duelo de Titanes¨ o ¨Centauros del Desierto¨, claro, pero sí ante un interesante ¨western¨ llevado con oficio y perfecto para entretener en una tarde aburrida de sábado, lo cual cumple a las mil maravillas. Don Siegel no tendría para nada un mal inicio en el cine del Oeste.



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