Ficha Tres Suecas para tres Rodríguez

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Críticas de Tres Suecas para tres Rodríguez (2)




Mad Warrior

  • 25 Dec 2019

3



¿Qué tiene uno que hacer cuando la esposa coge y se marcha lejos del hogar durante varios días? ¿Quedarse lloriqueando como un niño?, ¿encerrarse todo el día aburrido?
¡Qué va!, eso no lo hace un auténtico galán español. Por algo se inventó la expresión ¨estar de rodríguez¨.

Cada vez son menos los que se acuerdan, o no quieren acordarse, de aquel tipo de cine tan particular que se empezó a poner de moda en nuestra España allá por finales de los 60 y que abarcó casi dos décadas, un cine dominado por el humor de corte más rudo y disparatado, escarceos con el erotismo, que ganaría en intensidad con el paso del tiempo, y de vez en cuando algún ojo puesto en ciertas situaciones o problemas sociales y políticos del momento, a los que se criticaba con una sutil mordacidad mientras los personajes eran superficiales y jaraneros, pura caricatura del español medio.
Es la época del destape, de la absurda farsa, de la burla sobre las tradiciones y el asombramiento por todo aquello que llega del extranjero, especialmente las mujeres, que llenan con su exotismo las aburridas calles de la ciudad. En ese momento el artesano Pedro Lazaga, cuya carrera abarca más de 70 títulos rodando al endiablado ritmo de cinco o seis por año, es uno de los cineastas más conocidos del género (del cual parece no desear despegarse desde hace ya tiempo), en parte por los éxitos que logró junto a Paco Martínez Soria; en 1.975 llegaría a filmar la friolera de cinco películas, destacando ¨En la Cresta de la Ola¨ o ¨Largo Retorno¨.

Entre medias, una simpática comedieta firmada por el guionista y productor Rafael Vázquez Fajardo que recoge el testigo de lo que era el humor y la España de entonces: ¨Tres Suecas para Tres ¨Rodríguez¨ ¨, que empieza presentando a Paco, un maduro oficinista sin mucha sangre en las venas que se despierta justo cuando su esposa Adela decide irse unos días a Benidorm para relajarse, pues es lo más recomendable para su inesperado embarazo. Es el momento perfecto, según los dos compañeros de trabajo de Paco, para aprovechar la ausencia de la señora y salir a ligar por ahí.
Para muestra del absurdo de estas películas vale el inicio de la que nos ocupa: a los 16 minutos Paco intima con su vecina, una joven sueca bellísima (las preferidas), a los 22 minutos él, Juan y Antonio ya están de juerga con ella y dos amigas más (sí que era fácil antes, sí...). Lazaga no se corta en mostrar la algarabía de los tres señores junto a las chicas en una serie de escenas que se alargan en beneficio del trío de actores, quienes sacan a relucir su vena cómica más gamberra; paralelamente acompañamos a Adela en sus vacaciones, subtrama que llega a cansar por la afición del director de mantener la cámara sobre los paisajes y las turistas durante demasiado tiempo.

Pero lo mejor del film es sin duda la manera socarrona y desenfadada que tiene de meter el dedo en la llaga de ciertos temas realmente significativos. El primero, por supuesto, es el ahínco con el cual se refleja al marido español, un ser primitivo, ingenuo, mentiroso, infiel por naturaleza e ignorante hasta en los aspectos más básicos (¨¡no sé ni freírme un huevo!¨, dice Paco), mientras se celebra, por el contrario, la astucia de la mujer, su arrojo y carácter, y se compadece la figura de la esposa, que no puede salir del hogar por temor a que el marido la engañe.
Enfrentadas también quedarán la hierática tradición y la descarriada modernidad, sobre todo por el descaro de las jóvenes extranjeras, lo que escandaliza a las rectas amas de casa, quienes las consideran unas invasoras pecaminosas cuyos desvergonzados comportamientos ven y copian las chicas españolas. La ironía del destino también adquiere peso en la segunda mitad cuando las tres chavalas resulten ser unas traficantes de droga que se aprovechan de la inocencia de los amigos; interesante vuelta de tuerca que coge la absurda farsa y la mezcla con lo que parece ser el argumento de una vieja novela negra de bolsillo de 20 pesetas, poco aprovechado por el sr. Fajardo...

Los esposos quieren ser infieles y tienen lo que se merecen, una inyección de realidad cargada de acidez, pues, pese a su aspecto de chiquillas ingenuas, las extranjeras son mucho más listas y retorcidas que cualquiera de los tipos que aquí aparece. Lazaga, como buen conocedor del humor, llevará el absurdo al paroxismo en un tramo final idéntico al de las películas de Wilder: con una sucesión enorme de disparates y coincidencias estúpidas. Pero teniendo en cuenta la escabechina que se prepara, parece mentira que guionista y director acabaran de esa forma tan rápida y precipitada; he de decir que se trata de uno de los desenlaces más horribles que haya visto...y he visto muchos.
Tony Leblanc, Rafael Alonso y el bueno de Antonio Ozores, tres de los actores más queridos y respetados de la comedia patria, unen sus chascarrillos y su facilidad de palabra con la sana intención de hacer reír sin más pretensiones, seguramente lo que va persiguiendo la misma película. A su sombra, las como siempre geniales Florinda Chico y Laly Soldevilla, el impagable Víctor Israel y las preciosas Helga Liné, Erika Wallner y Marisa Medina, que demuestran que saben tanto de actuar como yo de hacer punto de cruz.

Lazaga y Fajardo tienen ideas buenas, pero como esto es lo que es y la época era la que era, ¨Tres Suecas para Tres ¨Rodríguez¨ ¨ se queda en eso, una dicharachera farsa de andar por casa y humor grueso, interpretaciones tanto exageradas y un sentimiento autoconsciente de caricatura y ridículo que se toma bastante bien.
Por lo menos este cine, aun con toda su ristra de fallos, es más gracioso que el que hemos de soportar en nuestras pantallas hoy día, independientemente de si sus ideales resultan o no demasiado políticamente incorrectos para algunos. Mirémoslo con un poco de sentido del humor, señores. Y señoras.



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Mad Warrior

  • 14 Oct 2013

4


Cinco genios del humor español, como eran Tony Leblanc, Antonio Ozores, Rafael Alonso, Florinda Chico y el director Pedro Lazaga juntos, garantizan una hora y veinte de lo más divertida, ya con aquellos primeros pasos que daba el cine de destape en España y que culminaría en los ¨80 con el cine de Mariano Ozores.

Parece que va a resultar previsible desde el principio y que es la típica película española donde siempre vamos a ver ligando a los protagonistas con unas chicas monísimas, pero conforme pasan los minutos, se puede ver que la historia tiene más miga de lo que parece.
Y, además, para ver los petardos del cine español de hoy, mejor divertirse con una de las clásicas.



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