¿Puedes confiar en la persona con la que trabajas, y con la que vives?, ¿puedes estar seguro de que te ha dicho su verdadero nombre, y de que no te oculta absolutamente nada? No, siempre hay mentiras.
Entre policías y gangsters tiene que haber mentiras, mentiras que conducen a inevitables traiciones y enfrentamientos. Como los que veremos en esta historia...aunque yo diría que ya los había visto anteriormente. ¿Ustedes no?
En 2.003, un ¨thriller¨ de intriga y acción de origen asiático llamado ¨Infernal Affairs¨, que reunía sabiamente algunos de los más trillados clichés del género, acabó convirtiéndose en uno de los mayores éxitos del momento, tanto a nivel nacional como internacional, y con la suerte de haber sido seleccionado para el Oscar a Mejor Película Extranjera; sus directores, Andrew Lau y Alan Mak, realizarían dos entregas más, evidentemente no a la altura de la primera, completando así una genial trilogía centrada en el mundo de las Tríadas y el cuerpo de policía con la figura del infiltrado como motor de la acción.
Aquel mismo año Brad Grey, junto con un Brad Pitt que hacía sus pinitos como productor, hicieron lo posible para adquirir los derechos de la saga. Un proceso rápido y de lo más sencillo: una vez se puso en marcha, la historia corrió a cargo de William Monahan, guionista de ¨El Reino de los Cielos¨, quien reemplazó el Hong Kong del film original por Massachusetts y al mafioso Hon Sam por el irlandés-americano Frank Costello, inspirado en el gangster oriundo de Boston James Bulger. Este escenario y sus personajes atrajeron la atención de un Martin Scorsese que venía de ganar millones con su ¨biopic¨ de Howard Hughes, ¨El Aviador¨.
Ahora, el inspector Lau Kin-Ming que interpretara Andy Lau y el agente encubierto Chan Wing-Yan al que daba vida Tony Leung, pasan a ser Colin Sullivan y William Costigan: el primero, un joven agente con una hoja de servicios intachable que se ha abierto camino hasta alcanzar un puesto privilegiado en la unidad especial de investigación de la policía de Massachusetts; el segundo, un pobre chico con un pasado familiar turbulento que es reclutado por el capitán Queenan y el sargento Dignam de ese mismo cuerpo de policía para desempeñar el difícil rol de infiltrado.
Lo que ocurre ya nos lo sabemos. Sullivan conoce al peligroso gangster Costello desde niño, y trabaja para él como informante, desbaratando los planes de sus compañeros para capturarle una y otra vez; Costigan, por su parte, se introduce en el mundo criminal y acaba siendo uno de los hombres de Costello. El rifirrafe es continuo entre ambos topos y las tensiones irán en aumento en ambos bandos, donde todos sospechan de todos; para más inri, la novia de Sullivan, psicóloga de la policía, trata a Costigan, y poco a poco empieza a enamorarse de él.
Para muchos (por no decir todos) la sorpresa de la temporada, ¨Infiltrados¨ traía de vuelta al mejor Scorsese y recuperaba las duras y violentas historias de gangsters que se quedaron una década atrás en ¨Uno de los Nuestros¨ y ¨Casino¨, pero siendo la primera vez que el director lo atisbaba desde la perspectiva de la policía. El guión original de Alan Mak y Felix Chong es modificado para que el director lo traslade como es debido a su siempre conflictiva y espiritualmente podrida América; el prólogo del film evoca los motines raciales en Boston durante los 70 y la trama del mismo se sitúa en una nación que aún tiene muy presente el ataque del 11-S, una sociedad en constante desconfianza y temor.
Puede que ¨Infiltrados¨ pase por ser su obra más política, pero dicho discurso está disimulado bajo un guión que no es sino una reinterpretación, hecho por hecho, del escrito por Mak y Chong; sin embargo, esa característica filosofía que se haya en las películas orientales, ese profundo drama de corte existencial que atraviesa cínica y trágicamente la intriga de ¨Infernal Affairs¨, es sustituido por la clásica función de Scorsese, quien aboga por la más pura violencia y un humor negro cercano a lo siniestro, uniendo con cinta adhesiva los argumentos de las tres entregas de la saga original, introduciendo nuevos pretextos y personajes.
En el colmo de la desvergüenza, Monahan sustituye el intercambio de droga por microfilms y a los tailandeses por chinos, presentándolos como inconscientes que gesticulan exageradamente y chillan; el personaje de Costello los humilla y se jacta de que los negocios en EE.UU. son distintos. ¿Quizá Scorsese y su guionista estén mofándose abiertamente de la entrega original y de sus directores, enseñándoles una lección de cómo hay que hacer un buen film de gangsters? Si esa es la intención no podría haberse escenificado de una manera más burda e insultante. El inteligente Scorsese se rodea de un equipo artístico y técnico infalible y, claro, el éxito está asegurado. Aunque Lau y Mak contasen con veteranos como Anthony Wong, Eric Tsang y los siempre carismáticos Tony Leung y Andy Lau...¡¿cómo resistirse a ver a Leonardo DiCaprio compartiendo pantalla con Alec Baldwin, Ray Winstone, Martin Sheen y un inmenso Jack Nicholson?!
Por desgracia, Matt Damon resulta más detestable que de costumbre, la pazguata de Vera Farmiga no es sino una mediocre unión de los personajes de Sammi Cheng y Kelly Chen, y el Dignam de Mark Wahlberg está metido con calzador, puro pretexto (en la versión asiática, Lau Kin-Ming sobrevivía y Chan Wing-Yan era asesinado; un final pesimista, descorazonador, pues venía a decirnos que la corrupción y la traición siempre estarán presentes en las fuerzas del orden, un mal imposible de erradicar. Sin embargo, esto no le parece bien a Monahan. La moralina americana no puede permitir que haya traidores en un organismo que está para proteger al ciudadano y hacer que se sienta seguro. De esta reflexión nace Dignam; él es el que tiene devolver las aguas a su cauce, hacer que el universo vuelva a estar en equilibrio, hacer que el malo, la rata, pague con su vida, y ya estará todo resuelto. Wahlberg no hace un mal papel teniendo en cuenta lo realizado anteriormente (sí, tengo que admitir que no es uno de mis actores preferidos...), pero si está es por una cuestión de clásica moral de lo más obvia, la cual da a ¨Infiltrados¨ un final mucho menos oscuro y trágico y más políticamente correcto que el imaginado por Chong y Mak. Un final más ¨aceptable¨ para el espectador americano).
Gran fotografía de Michael Balhaus, un montaje vibrante por cuenta de la experta Thelma Schoonmaker y una genial banda sonora del siempre sorprendente Howard Shore crean un impactante espectáculo rodado con nervio y oficio.
Pero todo es en realidad una imitación, y no lo suficientemente buena como para haberse llevado el Oscar. ¨El Francés¨ espeta a Costello ¨este es un país de ratas¨...aplícatelo, Scorsese.
Mad Warrior
7
¿Puedes confiar en la persona con la que trabajas, y con la que vives?, ¿puedes estar seguro de que te ha dicho su verdadero nombre, y de que no te oculta absolutamente nada? No, siempre hay mentiras.
Entre policías y gangsters tiene que haber mentiras, mentiras que conducen a inevitables traiciones y enfrentamientos. Como los que veremos en esta historia...aunque yo diría que ya los había visto anteriormente. ¿Ustedes no?
En 2.003, un ¨thriller¨ de intriga y acción de origen asiático llamado ¨Infernal Affairs¨, que reunía sabiamente algunos de los más trillados clichés del género, acabó convirtiéndose en uno de los mayores éxitos del momento, tanto a nivel nacional como internacional, y con la suerte de haber sido seleccionado para el Oscar a Mejor Película Extranjera; sus directores, Andrew Lau y Alan Mak, realizarían dos entregas más, evidentemente no a la altura de la primera, completando así una genial trilogía centrada en el mundo de las Tríadas y el cuerpo de policía con la figura del infiltrado como motor de la acción.
Aquel mismo año Brad Grey, junto con un Brad Pitt que hacía sus pinitos como productor, hicieron lo posible para adquirir los derechos de la saga. Un proceso rápido y de lo más sencillo: una vez se puso en marcha, la historia corrió a cargo de William Monahan, guionista de ¨El Reino de los Cielos¨, quien reemplazó el Hong Kong del film original por Massachusetts y al mafioso Hon Sam por el irlandés-americano Frank Costello, inspirado en el gangster oriundo de Boston James Bulger. Este escenario y sus personajes atrajeron la atención de un Martin Scorsese que venía de ganar millones con su ¨biopic¨ de Howard Hughes, ¨El Aviador¨.
Ahora, el inspector Lau Kin-Ming que interpretara Andy Lau y el agente encubierto Chan Wing-Yan al que daba vida Tony Leung, pasan a ser Colin Sullivan y William Costigan: el primero, un joven agente con una hoja de servicios intachable que se ha abierto camino hasta alcanzar un puesto privilegiado en la unidad especial de investigación de la policía de Massachusetts; el segundo, un pobre chico con un pasado familiar turbulento que es reclutado por el capitán Queenan y el sargento Dignam de ese mismo cuerpo de policía para desempeñar el difícil rol de infiltrado.
Lo que ocurre ya nos lo sabemos. Sullivan conoce al peligroso gangster Costello desde niño, y trabaja para él como informante, desbaratando los planes de sus compañeros para capturarle una y otra vez; Costigan, por su parte, se introduce en el mundo criminal y acaba siendo uno de los hombres de Costello. El rifirrafe es continuo entre ambos topos y las tensiones irán en aumento en ambos bandos, donde todos sospechan de todos; para más inri, la novia de Sullivan, psicóloga de la policía, trata a Costigan, y poco a poco empieza a enamorarse de él.
Para muchos (por no decir todos) la sorpresa de la temporada, ¨Infiltrados¨ traía de vuelta al mejor Scorsese y recuperaba las duras y violentas historias de gangsters que se quedaron una década atrás en ¨Uno de los Nuestros¨ y ¨Casino¨, pero siendo la primera vez que el director lo atisbaba desde la perspectiva de la policía. El guión original de Alan Mak y Felix Chong es modificado para que el director lo traslade como es debido a su siempre conflictiva y espiritualmente podrida América; el prólogo del film evoca los motines raciales en Boston durante los 70 y la trama del mismo se sitúa en una nación que aún tiene muy presente el ataque del 11-S, una sociedad en constante desconfianza y temor.
Puede que ¨Infiltrados¨ pase por ser su obra más política, pero dicho discurso está disimulado bajo un guión que no es sino una reinterpretación, hecho por hecho, del escrito por Mak y Chong; sin embargo, esa característica filosofía que se haya en las películas orientales, ese profundo drama de corte existencial que atraviesa cínica y trágicamente la intriga de ¨Infernal Affairs¨, es sustituido por la clásica función de Scorsese, quien aboga por la más pura violencia y un humor negro cercano a lo siniestro, uniendo con cinta adhesiva los argumentos de las tres entregas de la saga original, introduciendo nuevos pretextos y personajes.
En el colmo de la desvergüenza, Monahan sustituye el intercambio de droga por microfilms y a los tailandeses por chinos, presentándolos como inconscientes que gesticulan exageradamente y chillan; el personaje de Costello los humilla y se jacta de que los negocios en EE.UU. son distintos. ¿Quizá Scorsese y su guionista estén mofándose abiertamente de la entrega original y de sus directores, enseñándoles una lección de cómo hay que hacer un buen film de gangsters? Si esa es la intención no podría haberse escenificado de una manera más burda e insultante. El inteligente Scorsese se rodea de un equipo artístico y técnico infalible y, claro, el éxito está asegurado. Aunque Lau y Mak contasen con veteranos como Anthony Wong, Eric Tsang y los siempre carismáticos Tony Leung y Andy Lau...¡¿cómo resistirse a ver a Leonardo DiCaprio compartiendo pantalla con Alec Baldwin, Ray Winstone, Martin Sheen y un inmenso Jack Nicholson?!
Por desgracia, Matt Damon resulta más detestable que de costumbre, la pazguata de Vera Farmiga no es sino una mediocre unión de los personajes de Sammi Cheng y Kelly Chen, y el Dignam de Mark Wahlberg está metido con calzador, puro pretexto (en la versión asiática, Lau Kin-Ming sobrevivía y Chan Wing-Yan era asesinado; un final pesimista, descorazonador, pues venía a decirnos que la corrupción y la traición siempre estarán presentes en las fuerzas del orden, un mal imposible de erradicar. Sin embargo, esto no le parece bien a Monahan. La moralina americana no puede permitir que haya traidores en un organismo que está para proteger al ciudadano y hacer que se sienta seguro. De esta reflexión nace Dignam; él es el que tiene devolver las aguas a su cauce, hacer que el universo vuelva a estar en equilibrio, hacer que el malo, la rata, pague con su vida, y ya estará todo resuelto. Wahlberg no hace un mal papel teniendo en cuenta lo realizado anteriormente (sí, tengo que admitir que no es uno de mis actores preferidos...), pero si está es por una cuestión de clásica moral de lo más obvia, la cual da a ¨Infiltrados¨ un final mucho menos oscuro y trágico y más políticamente correcto que el imaginado por Chong y Mak. Un final más ¨aceptable¨ para el espectador americano).
Gran fotografía de Michael Balhaus, un montaje vibrante por cuenta de la experta Thelma Schoonmaker y una genial banda sonora del siempre sorprendente Howard Shore crean un impactante espectáculo rodado con nervio y oficio.
Pero todo es en realidad una imitación, y no lo suficientemente buena como para haberse llevado el Oscar. ¨El Francés¨ espeta a Costello ¨este es un país de ratas¨...aplícatelo, Scorsese.
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