EL BESO DEL SUEÑO
Una de intriga española con una historia relativamente buena que no termina de cundir del todo por el esperpéntico trabajo actoril de Juan Diego que con su aparatosa y asquerosa pronunciación y su puesta en escena en plan Colombo y su mala interpretación echa gran parte de la peli a perder.Hay muchas escenas ridículas y mal hechas como no podía ser de otra manera.El momento en la que se oculta tras una ¨rama¨para espiar a Maribel Verdú o por su puesto la rídicula,chabacana,basta,cerda y asquerosa escena de sexo que lo único que da es arcadas y mucho asco.Pero que coño hace Juan Diego?Son normales las caras que pone?NOOO!!!
Pues eso es,una peli correctucha y un Juan Diego patético.
Críticas: 2
Mad Warrior
7
Un viejo y alcohólico ex-policía corrupto con malas influencias, una arrebatadora e inteligente prostituta, unas cuantas personalidades políticas que actúan como gángsters, un asesino profesional y, entre medias, un botín de 100 millones de pesetas.
Los elementos básicos para una intriga perfecta.
Es preciso decir que no sólo en territorio norteamericano se ha hecho buen cine negro, aunque por tradición vaya asociado a él; sí, el “noir”, como el “chambara”, el “western” o el neorrealismo, nace un lugar y ya pertenece para siempre él, pero se transmite, se hereda, y allá adonde va echa nuevas e interesantes raíces. Hay que reconocer que en nuestro país (sin llegarse al nivel de los clásicos de Howard Hawks, Robert Siodmak, John Huston, Alfred Hitchcock o Fritz Lang) también han habido ingeniosas muestras de este clásico cine, aunque por desgracia no muy conocidas para el gran público.
Dos de los más brillantes ejemplos que se han realizado para demostrar que en suelo patrio también se puede concebir “noir” y policíaco de calidad quizás sean “Todo por la Pasta” y “El Crack”. Pues el mismo año en que Fernando Truba era elogiado por su deliciosa comedia “Belle Époque” y Bigas Luna entraba en una nueva (y muy olvidable) etapa de su carrera con “Jamón, Jamón”, el veterano Rafael Moreno Alba, cuyo mayor éxito sigue siendo su miniserie histórica para TVE “Los Gozos y las Sombras” y que lleva apartado del cine desde hace cinco años, daría una vez más su aportación al “thriller” clásico con la que acabó siendo su última película: “El Beso del Sueño”.
Ya sólo la secuencia inicial tiene una doble e importante función para Alba: presentar a los dos protagonistas que ocuparán la historia y establecer el tono en su obra, premeditadamente influenciado por el cine negro de corte más clásico. Mientras en la sucia habitación de un hotel un tipo desaliñado en cuya frente está escrito “perdedor” con letras grandes se mete en la bañera para despejarse, por la estación de tren camina una imponente joven seduciendo con su mirada a todos los hombres que pasan por su lado; es obvio que estos dos individuos cruzarán sus caminos.
El primero el Salvatierra y es un ex-policía marcado con contactos que se mueven por las turbias aguas de los bajos fondos; la segunda es una prostituta erigida en “femme fatale” de nombre Margot cuya táctica es dormir a sus clientes (de ahí el título) para desvalijarlos. Cuanto más tiempo transcurre menos sabemos del hombre (sabemos que es alcóholico y ludópata porque así se presenta literalmente), que hace tratos con un misterioso personaje llamado Fernando, y más sabemos de la mujer, pues la cámara de Alba la enfoca sin ocultar su admiración por su inmensa belleza. Y es que, como toda mujer fatal del cine negro hay un rastro de tristeza y melancolía que marca al personaje; en este caso un padre anciano.
La intriga se desata en el interior de un tren donde confluyen varios personajes, cada uno con su cometido. Salvatierra ha de escoltar a un traficante de divisas hasta la frontera mientras a su vez es vigilado por un gángster contratado también por Fernando, quien se cree el maestro de ceremonias de la operación hasta que Margot se inmiscuye en el asunto; ella es entonces, como manda la tradición, quien lleva la voz cantante, maneja los hilos a su antojo y quien al final se hace con la gran suma de dinero que debía ser evadida. La tensión en este tramo, que fluye como las tranquilas aguas de un meandro, es una buena muestra de la habilidad que posee Alba.
Éste se dedica a zurcir, con mucho esmero y paciencia, los pliegues de un universo corrupto donde lo único que tiene cabida es la mentira, el oportunismo, la violencia, la maldad y la corrupción (el sustento de la “amistad” entre Salvatierra y Fernando no es más que el chantaje). En este mundo, y a pesar de todo, un romance entre un perdedor y una prostituta parece posible y obligatorio para con los cánones del género, pues el cineasta apunta directamente a él, pues todo en “El Beso del Sueño” remite al puro “noir”: la estética, la atmósfera (esas conversaciones nocturnas entre la niebla), la manera de hablar de los personajes.
Jim Cain, Raymond Chandler y Dashiell Hammett sostienen la base; Siodmak, Jean-Pierre Melville y Lang perfilan las aristas; “El Sueño Eterno”, “La Muerte Golpea dos Veces” y “Fuego en el Cuerpo” ofrecen detalles; el amor por Hitchcock es la guinda (literal guiño a “Vértigo”, con la luz verde bañando el rostro de la chica como a Judy). Las referencias llegan hasta el nombre de la protagonista (la escritora de intrigas Margot Bennett o el personaje de Grace Kelly en “Crimen Perfecto”); sin embargo, al centrarse el suspense alrededor de la pareja y abogar por lo tópico (pasiones, engaños, venganzas), se abandonan otras grandes ideas, como la de profundizar más en los negocios de esos políticos corruptos.
Aun así Alba factura de forma técnicamente impecable, destacando el trabajo de fotografía de José García Galisteo, el diseño artístico y la puesta en escena, una fábula “neo-noir” elegante, tensa y dura, cuyo engañoso argumento finalizará del mismo modo que empezó, ganando, lógicamente, la manipuladora mujer, interpretada por una Maribel Verdú en estado de gracia que jamás estuvo tan preciosa ni tan acertada en pantalla como en su logrado rol de “femme fatale” a lo Joan Bennett, que encarna de maravilla. Frente a ella un genial Juan Diego en la línea de los antihéroes de la literatura “hard-boiled” y secundarios tan buenos como Eusebio Poncela, Tony Isbert, Agustín González y el veterano Manuel Alexandre.
No será muy original y los cánones no son transgredidos en absoluto, pero sigue resultando eficaz dentro de su género, abriendo el camino a futuras obras como “La Última Seducción” o la también española “Blanca Madison”.
La obra pasa desapercibida para el público pero gana el Colón de Oro en el Festival Cinematográfico de Huelva al año siguiente; con ella Alba se despide para siempre de la industria, en la que lleva ejerciendo casi tres décadas. Fallecería más tarde en el 2.000 a causa de un cáncer, con tan sólo 58 años.
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