Ficha Plácido

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Críticas de Plácido (4)




Mad Warrior

  • 31 Mar 2021

10



¿Qué mejor momento del año para demostrar uno su inmensa benevolencia y caridad? Porque son fechas de compartir, olvidar las diferencias sociales y arrimar el hombro para sostener al prójimo...antes de que se caiga de boca sobre el arroyo del que todos salimos y se percate de la pantomima...

1.961 fue un año en el que se engendraron enormes obras del cine como “El Buscavidas”, “Uno, Dos, Tres”, “El Juicio de Nuremberg”, “Yojimbo” o “Como en un Espejo”; en la 34.ª ceremonia de los Oscar el premio a Mejor Película Extranjera se lo acaba llevando la del maestro sueco. Pero ahí está compitiendo también una pequeña gran maravilla llamada “Plácido” que ha supuesto un paso adelante no sólo en la carrera de su director, sino en la de la propia evolución de todo el cine español. Será, por tanto, sinónimo de ruptura entre una etapa y otra en lo que se refiere a clasicismo y modernismo.
En ese momento el sr. Luis G. Berlanga ha levantado polvaredas de controversia con su brutal sátira sobre la hipocresía religiosa en “Los Jueves, Milagro”; debido a ello se mantiene en un semiforzado retiro de su profesión...hasta que hace buenas migas con el prestigioso guionista Rafael Azcona. Este encuentro, milagroso, determina su colaboración para un proyecto más ambicioso del valenciano, inspirado en un suceso tan real pero increíble como fue una campaña propuesta por el Gobierno del general Francisco Franco para que los burgueses y gente de clase alta compartiera su comida con los más desfavorecidos, bautizada “Siente a un pobre a su mesa”.

Así precisamente es como quiso llamar el director a su película, pero la censura de la época se cruzó en su camino y se ha quedado con el nombre que todos conocemos, el de su protagonista y guía del esperpento que vamos a presenciar en la ciudad catalana de Manresa. De todas formas no es correcto considerar a “Plácido” obra de un solo personaje principal, pues Berlanga decide romper con su propio cine y construir una historia a base de historias cruzadas, que plasmará en pantalla por medio de elaboradísimos planos-secuencia para dotar de una profundidad nunca vista a las situaciones colectivas.
Esta visión es fundamental para contemplar en su totalidad el revuelo que se ha armado en esa ciudad tan española como otra cualquiera de la España de la época franquista y el “boom” industrial. Mientras el irritante Gabino dirige el gran proyecto para que ricos y pobres compartan el hogar en Nochebuena, un desesperado Plácido se ve acorralado al vencerle la letra de su motocarro, usado para la campaña y único medio de existencia de su numerosa familia; se podría observar su viaje, conducido por la desagradable burocracia de las instituciones legales, como un peregrinaje aciago y terrible a través de numerosos sucesos importantes que vienen a destapar la verdad sobre las apariencias con respecto a esa labor social.

Porque la idea procede, cómo no, de los burgueses del lugar, por tanto, y debido a la evidente hipocresía, Berlanga nos sumerge, con toda su destreza tras la cámara, en los farragosos abismos de un mundo demasiado malévolo como para plantear su discurso en tan solo 1 hora y media de metraje. Una compañía de menaje patrocina la subasta donde famosos actores son comprados como muebles de segunda mano por los ciudadanos de clase media-alta; éstos, regodeándose en su propia crapulencia, discuten sobre qué pobre van a llevarse a casa; el representante de los famosos, como es lógico, discute su comisión por toda esa buena labor que están realizando.
Mientras tanto, en el submundo, Plácido es manipulado por los bien trajeados banqueros, notarios y empleados de oficina; a su mujer Emilia le va a dar un ataque por tener que estar paseando a los niños de aquí para allá siguiéndole a todas partes; y su hermano Julián es estafado por un vendedor de cestas de Navidad. Y entre medias de este caos, un locutor de radio disfraza con mentiras muy bien urdidas la situación vivida en las casas de los ricos que han acogido a “su pobre”. Mattoli, De Sica, Rossellini o Castellani podían haber dirigido el film, y es que cada secuencia, plano o encuadre exhala el olor del neorrealismo más amargo, todo impregnado con el espíritu de Capra, Borzage, Chaplin y Wilder.

Pero Berlanga remata la función y va más allá de influencias y referencias añadiendo un toque de farsa único, pues la comedia, como siempre ha defendido, es el mejor género para disimular la crítica, y la suya le atraviesa a uno hasta el hígado. Su visión es ácida como el más pesimista de los neorrealistas, y es una suerte que lograra evitar la censura del momento, pero él y Azcona son genios en mostrar por medio de sutilezas el recalcitrante cinismo, el detestable oportunismo y la imperiosa necesidad de aparentar de los privilegiados, además del uso de la miseria de los pobres para fingir ante el resto de la sociedad una inexistente humildad a la que ni en sueños aspirarían.
El sueño de Navidad vivido ese día es por tanto una pantomima, esperpento de una sociedad dirigida por ricos donde entre ellos se disputan el altruismo para alimentar su soberbia mientras tratan a los desfavorecidos como meros animales de compañía. En uno de los más divertidos y a la vez terroríficos “episodios”, un pobre hombre llamado Pascual es víctima de un infarto en casa de unos burgueses cuyo patriarca es un gordiflón arisco y detestable; se siente angustia por la vida del enfermo para evitar un escándalo social. Todo este tramo, con Plácido aún dando vueltas y en posesión de una cesta que a modo de señal usará para pagar su letra, corroe las entrañas por su exposición, entre realista y vodevilesca.

Como en todos los hogares privilegiados, las escaleras conducen hacia arriba (si se quiere ir al mundo de los miserables hay que bajarlas, como veremos más tarde en casa del protagonista), y en ese espacio reducido los dueños de la casa, los familiares, un odontólogo y un amigo de Pascual dan vueltas a su alrededor; en el colmo de lo inenarrable, se descubre que el ya próximo finado mantiene una relación amorosa con la también pobre Concepción. Por supuesto este acto tan inmoral, tan propio de gente no civilizada, ha de ser curado con el parche del conservadurismo y la tradición.
No obstante nadie se entera de la aventura amorosa que mantienen los dos amantes que acogen a la señora; se debe casar en “articulo mortis” al enfermo con su concubina Concepción para tapar la mancha del pecado, y uno debe arrodillarse ante la maestría de Berlanga pues esos 9 minutos y medio que discurren entre la grotesca “boda” y la repentina muerte de Pascual son una lección magistral de cine y uno de los momentos más aterradoramente ingeniosos que se han visto en la comedia (la comedia social en especial); minutos donde se concentra toda la esencia del discurso del director hasta conseguir ahogarnos en una atmósfera agobiante, viscosa y crispante.

Minutos donde también se puede apreciar mejor su impronta a la hora de captar la realidad con su intrusiva cámara y el talento de un extenso plantel de actores entregados en cuerpo y alma a sus personajes, desde Manuel Alexandre, Mari Carmen Yepes, José Orjas, Antonio Gandía y Julia Caba Alba a José Franco, Elvira Quintillá, Julia Delgado Caro, Agustín González y José Álverez, encabezados por dos soberbios José Luis López Vázquez y un Casto Sendra que descansaba de su oficio de cómico y debutaba en el cine con el que fue y será su papel más legendario.
Desde luego gran parte del encanto de la película reside en la calidad interpretativa de todos y cada uno de sus actores, que gozan de sus momentos estelares individuales para no ser considerado uno por encima del otro. La acción y el argumento se desarrolla gracias a ellos hacia un clímax negro como el carbón en el que los ricos ya tienen limpia la conciencia y de nada de esto se acordarán al día siguiente, los pobres regresan a sus chavolas frías y alejadas y las cestas de Navidad vuelven a los brazos de sus codiciosos amos; con esa cesta entregada a la fuerza se rompe el sueño, y todo vuelve a la normalidad.

“Plácido” pasó la censura y se llevó todos los elogios de crítica y público, hasta llevar a Berlanga a la ceremonia de los Oscar, donde perdió contra Bergman, pero también llevó el cine español a un nuevo nivel de modernismo que sólo era posible alcanzar en el cine internacional, y demostrar que, pese al progreso y el avance, la sociedad sigue siendo la misma.
Pero aquí me cabe un interrogante. Una vez el director acabó su obra maestra y recogió los altos beneficios que le reportó, ¿fue a su ciudad natal y los repartió con los pobres del lugar o simplemente comentó con sus colegas de la élite intelectual patria (burgueses, claro) lo sincera y honesta que era su película con respecto a la situación del país entre las pertinentes y autocomplacientes altanerías, risas y champagne? Da que pensar, ¿verdad?



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Parnaso

  • 10 Feb 2015

8


PLACIDO

Merecedora de ser considerada como obra clásica pero no así como obra maestra,cierto es que la historia es bastante original y que los ricachones dan asquito con su pose de buena gente,aparentando ser lo que no son,tratanto a los pobre pobres como hezes...pero a mis ojos hay algo que no termina de redondearla.El abuelo que se queja todo el día de la cena y de volver a su pueblo cansa que no veas,pero lo demás está muy bien,aunque da pena ver el machismo y el catolicismo que se pregoneaba por aquel entonces...Puff...Cuando se aturullan en la casa del pobre moribundo y cada uno va a su lío es de lo mejorcito.

Muy buena peli,un clásico.



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ExFox12

  • 14 Nov 2012

9


Es el mejor retrato de la hipocresía humana que he visto nunca. Berlanga se mueve como pez en el agua en esta sátira de la sociedad, donde la caridad se convierte en obligación de ricos para limpiar su conciencia, sin atisbo de verdadera intención, si no con la finalidad de aparentar falsas apariencias ante los demás.

En esta historia, con una clara diferencia entre ricos y pobres, se crea la campaña de ¨Cene con un pobre¨, donde cada familia rica debe invitar a cenar por navidad a un pobre en su casa. Se nos van mostrando las diferentes familias, con una nada disimulada indiferencia ante la persona que han invitado, con un sentimiento claro de obligación y desprecio disfrazado de caridad. La apariencia es lo importante. Las diferentes tramas se van enlazando, creando escenas que rozan el patetismo burgués y lo absurdo de sus valores morales (si los tienen).

Un periodista inmortaliza la generosidad forzada de estas familias mientras los pobres, ajenos a ese boom mediático queda bien, solo buscan comer decentemente por una sola noche. Y entre medias se encuentra Plácido, que se ve obligado a moverse de un lado a otro solo para conseguir el dinero necesario para pagar la letra de su motocarro.

Berlanga se supera a si mismo con unos planos secuencia magníficos, demostrando sus dotes para estas historias que tanto le gustan, manejando a los personajes a la perfección y sacando lo mejor de ellos a nivel interpretativo.

Es una obra maestra, no hay más. Imprescindible. La caridad se tiene todo el año, no solo una noche. El villancico final es una genialidad perfecta para dar conclusión a la película:

¨...en esta tierra ya no hay caridad, nunca la ha habido y nunca la habrá¨



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Mad Warrior

  • 29 Sep 2012

10


¡Un diez! Me da igual lo que diga la gente,el cine español de antes le da un trillon de vueltas al actual.
Esta pelicula,en concreto,tiene de todo;mucho humor,ironia,realismo.Berlanga se consagra como uno de esos colosos del cine,y no es para menos.

Ese pobre ¨Cassen¨ queriendo pagar la letra del banco,Lopez Vazquez cargandole todos los problemas al protagonista y Manuel Alexandre deseando llevarse la cesta de Navidad para cenar de una maldita vez...y todo sale mal,con un monton de pobres y ricos de por medio.Una joya del cine.
Pero,lo mas inolvidable es como Berlanga consigue que todo salga natural,¡con mas de siete conversaciones simultaneas desarrollandose en una sola habitacion! ¿Quien consigue eso?



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Críticas: 4


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