Ficha The Executioner


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Críticas de The Executioner (1)


Mad Warrior

  • 13 Jun 2024

4



Si bien la estrella Shinichi Chiba ya era bastante conocido gracias a varias sagas de acción y sobre todo a la reciente “Street Fighter“, el presidente de Toei, Shigeru Okada, pidió a su protegido Teruo Ishii crear para él una aventura más enfocada hacia una acción colorida y cómica.

Y así, entre la 2.ª y la 3.ª entrega de la mencionada saga, se realizó “Choku-geki! Jigoku Ken“, que significó la reunión del actor y el cineasta en una misma producción después de más de una década; producción extraña y muy a tener en cuenta dentro del subgénero de las artes marciales, pero no se podía esperar otra cosa de quien está tras la cámara, que establece rápido la premisa, exactamente la misma que la de un “thriller“ suyo muy anterior llamado “Gang vs. Gang“, donde una especie de organización secreta y de lo más extravagante se dedicaba a acabar con la venta de droga en Tokyo.
Pero esta vez, en lugar de a Koji Tsuruta, enrolan en sus filas a Chiba, quien desempeña un rol un tanto autoparódico: aquí es el heredero de un clan ancestral de ninjas que detestaba las enseñanzas de su despiadado abuelo (esto lo vemos a lo largo de un “flashback“ tan divertido como innecesario) y acabó mudándose a la ciudad para reciclarse en un detective privado lleno de deudas. La situación se repite: un comisario de la policía retirado y su subordinado Hayato, ahora asesino a sueldo (Makoto Sato, al que también se le da de maravilla destrozar a la gente con los puños) crean este grupo para aniquilar el imperio de la droga de Mario Mizuhara.

Éste se aprovecha de la inmunidad diplomática de su novia por ser la hija del embajador de un país que tiene tratos con Japón. Y hasta aquí el argumento, señores. Lo que se irá sucediendo son los golpes de estos peculiares mercenarios-justicieros contra Mizuhara y sus esbirros para frustrar sus planes; en realidad “Jigoku Ken“ sólo vuelve a la típica película de artes marciales, las que poco antes hacía Bruce Lee, siguiendo ese patrón donde un héroe común y experto luchador acababa enredado en los tejemanejes de un poderoso gángster que tenía bajo su mando, qué conveniente, a un puñado de imbéciles también con buenos nudillos para repartir leña.
Aquí también sucede eso, no hay armas de fuego, las cosas se resuelven a ostias, todo sea para deleitarnos con las increíbles habilidades de Chiba. Ishii, por su parte, mete sus descacharrantes ideas con calzador y lleva la burla que pretende hacer de este cine al paroxismo, empezando por la exagerada representación de la violencia, cercana al cómic: costillas arrancadas, ojos que vuelan de las cuencas, cabezas partidas por la mitad, brazos rotos e ingentes cantidades de sangre se esparcen por la pantalla en un espectáculo tan grotesco como alucinante.

Pero para alucinante, además de los varios desnudos gratuitos que incluye, es el diálogo y la interacción entre los personajes, y es que habría que nominar a los actores a un premio por ser capaces de decir sus frases sin sucumbir a la carcajada. Las depravadas ocurrencias de Ichiro (Eiji Go), las bromas pesadas de Hayato y por supuesto las divertidas salidas de tono de Chiba, quien además copia a Lee durante las peleas de una manera harto irrisoria (los gestos, los gritos, los movimientos...ni los cientos de imitadores del actor chino que surgieron en aquellos años lo hicieron tan bien), deja claro lo poco que la película se toma en serio a sí misma.
Pero Ishii no atina igual en la trama, que, habitual de estas producciones, es un mejunje incomprensible; básicamente luchas violentas aquí y allá y momentos sin demasiada lógica que derivan en situaciones conocidas, siendo la mayor de todas el que el villano reclute a feroces luchadores para derrotar a quienes le están fastidiando el negocio (en lugar de contratar a gángsters para liquidarlos a golpe de metralleta, que sería lo lógico), y que todos acaben dándose de palos en el clásico y larguísimo clímax donde uno ya no sabe quién está recibiendo y si es de los malos o de los buenos...

De no amenizarla las exageradas dosis de violencia y los detalles paródicos, “Jigoku Ken“ no pasaría de ser otro título más de la acción con artes marciales típico de los “70 y que tan horrorosamente mal han envejecido incluso como meros productos de entretenimiento.
Lejos de ser un fracaso la película se colocó entre los puestos más taquilleros del año...y Okada no perdió ni un minuto en pedirle al director que preparara la secuela.



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