El PRINCIPE DE LOS ZORROS (Henry King, 23-12-1949) - * *
Las enseñanzas de Maquiavelo, - aquello tan funcional de “el fin justifica los medios” -, enfrentando en plena Italia renacentista al languidecer caballeresco, con un Orson Welles a sus anchas encarnando a César Borgia y un Tirone Power también solvente como sensible pintor reconvertido en cortesano advenedizo, ahora bien… todo ello trivializado por los cánones aventureros de Hollywood y con un guion que no llega a funcionar.
El problema es que cuando se tratan temas de cierta enjundia, y a continuación se dejan en barbecho por mor de la aventura estándar, quedan como muy al descubierto tanto la superficialidad del relato, - que se torna poco creíble -, como la pérdida de información en lo que podía haber sido un debate interesante. Esta falla llega a tal punto, que hasta dejan al personaje de Welles fuera del desenlace final… suponemos que demasiado obscuro para participar en los “tradicionales” besitos y peleítas a espada.
Pedro Otero Serrano
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El PRINCIPE DE LOS ZORROS (Henry King, 23-12-1949) - * *
Las enseñanzas de Maquiavelo, - aquello tan funcional de “el fin justifica los medios” -, enfrentando en plena Italia renacentista al languidecer caballeresco, con un Orson Welles a sus anchas encarnando a César Borgia y un Tirone Power también solvente como sensible pintor reconvertido en cortesano advenedizo, ahora bien… todo ello trivializado por los cánones aventureros de Hollywood y con un guion que no llega a funcionar.
El problema es que cuando se tratan temas de cierta enjundia, y a continuación se dejan en barbecho por mor de la aventura estándar, quedan como muy al descubierto tanto la superficialidad del relato, - que se torna poco creíble -, como la pérdida de información en lo que podía haber sido un debate interesante. Esta falla llega a tal punto, que hasta dejan al personaje de Welles fuera del desenlace final… suponemos que demasiado obscuro para participar en los “tradicionales” besitos y peleítas a espada.
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