LA HIJA DE JUAN SIMON (Jose Luis Saenz De Heredia, 16-12-1935) - * * *
La acción principia en un cementerio donde el enterrador comenta la historia de la paciente que anda sepultando; una mujer que arruinó su vida por amor y que acabó sola y despreciada, olvidada por todos. El no sabe que el cantaor Angelillo ha dejado embarazada a su hija, pero sí que su mujer se opone a dicho idilio. El artista en ciernes se marcha a la ciudad para buscar fortuna y se topa con Carmen Amaya bailoteando sobre la mesa de un colmao. Del encuentro entre ambas estrellas, acaba por morir un señorito. Angelillo va a la cárcel causando sin pretenderlo la tristeza y envilecimiento de su noviecita del pueblo.
Rodada bajo los auspicios de la segunda república, presenta algunos elementos menores que hoy se nos antojan pintorescos. Así, por ejemplo, aparecen a vuelapluma unos dibujillos eróticos, o la hoz y el martillo sobre las paredes de la cárcel. Pese a sus ocasionales torpezas, a menudo causadas por la precariedad de una producción en la que participó nada menos que Luis Buñuel, el film presenta algún deje expresionista en ciertas secuencias, anticipa el neorrealismo con su querencia por el retrato social, y aporta algunas bonitas canciones… como la que le da título, o “Soy Un pobre Presidiario”; archiclásico Pop.
Pedro Otero Serrano
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LA HIJA DE JUAN SIMON (Jose Luis Saenz De Heredia, 16-12-1935) - * * *
La acción principia en un cementerio donde el enterrador comenta la historia de la paciente que anda sepultando; una mujer que arruinó su vida por amor y que acabó sola y despreciada, olvidada por todos. El no sabe que el cantaor Angelillo ha dejado embarazada a su hija, pero sí que su mujer se opone a dicho idilio. El artista en ciernes se marcha a la ciudad para buscar fortuna y se topa con Carmen Amaya bailoteando sobre la mesa de un colmao. Del encuentro entre ambas estrellas, acaba por morir un señorito. Angelillo va a la cárcel causando sin pretenderlo la tristeza y envilecimiento de su noviecita del pueblo.
Rodada bajo los auspicios de la segunda república, presenta algunos elementos menores que hoy se nos antojan pintorescos. Así, por ejemplo, aparecen a vuelapluma unos dibujillos eróticos, o la hoz y el martillo sobre las paredes de la cárcel. Pese a sus ocasionales torpezas, a menudo causadas por la precariedad de una producción en la que participó nada menos que Luis Buñuel, el film presenta algún deje expresionista en ciertas secuencias, anticipa el neorrealismo con su querencia por el retrato social, y aporta algunas bonitas canciones… como la que le da título, o “Soy Un pobre Presidiario”; archiclásico Pop.
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