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Película de aventuras de la conocida historia de Mowgli, alejada de la versión dulcificada que Disney haría después.
Visualmente es impresionante, la selva es un mundo colorido de lugares exóticos y animales preligrosos. Parece un mundo de fantasía.
La historia enfrenta a la civilización del hombre con el orden natural de la selva. En la selva se vive en libertad, con humildad y se mata por necesidad. El hombre, por el contrario, es avaricioso y mata por odio y egoísmo. Cuando los hombres descubren que Mowgli conoce la ciudad perdida de la selva y que la misma está repleta de tesoros, sus bajos instintos salen a flote y no dudan en matar o torturar para conseguir esas riquezas. Su egoísmo y maldad irán tan lejos que terminan matándose entre ellos y arrasando el pueblo en un incendio.
Por lo tanto, finalmente la selva es la civilizada y los hombres las bestias salvajes.
Atención a los efectos especiales, han envejecido bastante bien. La escena del incendio final es increíble. No pasa lo mismo con el sonido, que es sin duda lo peor de la película, los años no le han sentado bien, demasiado ruído y voces muy chillonas o muy bajas, es una pena, porque por lo demás es un film bastante completo, entretenido y con mensaje.
Por cierto, la historia está narrada por el villano. Curioso.
Críticas: 2
Pedro Otero Serrano
9
Pese a sus múltiples licencias, sin duda la mejor adaptación de la obra de Kipling; un festival de aventuras selváticas en el corazón de la india con animales sensibles e inteligentes, tesoros olvidados, nativos avariciosos, y una ciudad perdida en el corazón de la jungla.
De la factoría de los hermanos Korda, recién instalados en América tras el hito que les supuso “El Ladrón De Bagdad” (1940), combina el gran espectáculo con la reflexión filosófica, introduciendo temas sempiternos como la lucha del hombre contra la naturaleza, la inocencia de esta última frente a la codicia de los humanos, o la fugacidad de estos ante el tiempo irremisible. La selva recupera su terreno y deglute las obras de los hombres. Resulta inevitable. Todo esto con una formulación visual casi mágica, nueva aparición de Sabú, y un catálogo de bestias feroces no visto jamás hasta entonces en la gran pantalla.
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