Ficha The Flower and the Angry Waves


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Críticas de The Flower and the Angry Waves (1)




Mad Warrior

  • 6 Aug 2022

5



Una de las más prestigiosas estrellas de Nikkatsu a la que poco le quedaba para irse a Toei volvía a ponerse bajo las órdenes de Seijun Suzuki después de colaborar juntos en ¨Kanto Wanderer¨; éste, por su parte, ya está empezando a rebelarse contra las limitaciones e imposiciones del estudio, poniendo cada vez más énfasis en la inventiva visual. Antes de acometer el caro proyecto ¨La Puerta de la Carne¨, que ¨a su manera¨ convertirá en una de sus obras legendarias, le es encargada otra historia para seguir promocionando al actor de Tokyo, quien no está pasando por su mejor momento debido a su divorcio con la estrella de la canción Kazue Kato...
Original de un relato, supuestamente una novela, el guión aparece escrito a tres manos, incluso el director artístico y gran amigo de Suzuki, Takeo Kimura, intercede en él. Puede que no se trate de una gran trama, pero al menos ¨Hana to Doto¨ cuenta con un inicio que se inscribe entre los mejores de la carrera del cineasta; barcos enfrentándose a las agitadas olas del océano, observados desde lejos por un individuo anónimo con aspecto de rufián, una comitiva nupcial avanzando bajo un precioso atardecer, creando Kimura y el operador Kazue Nagatsuka una paleta de colores pictórica, tremendamente melodramática.

La novia, a la que Kobayashi, en su papel de Kikuji, rescata, no es otra que la bella Chieko Matsubara, compañera habitual de éste, como Oshige, su amante; y de repente nos sumergimos en las abarrotadas calles de una Asakusa a finales de la era Meiji, de esos saltos espacio-temporales que tanto gustan a Suzuki, con tal de desafiar un poco las leyes narrativas convencionales. Sin embargo, visto lo que sucederá a partir de aquí, podría decirse que estuvo bastante limitado en ese aspecto; la ciudad es uno de los escenarios donde el argumento se desarrolla, el otro es la covacha de los trabajadores de la constructora Daito.
Al ver a Kikuji inmiscuido entre esa multitud sudorosa, vulgar y harta, no tardamos en apreciar que el motivo esencial es la huida, el olvido y quizás la redención, mientras se tocan temas (propio de Nikkatsu) como el maltrato laboral, la tiranía de los poderosos y la pésima situación de la gente de clase baja. La huida como motivo provoca una sensación de claustrofobia inevitable al pasearse la cámara por lugares tan estrechos, callejones sucios, barracones de oxígeno viciado, casas de juego, burdeles de mala muerte...y los personajes se ven atrapados en todos ellos; el protagonista, en especial, estará en constante peligro.

La razón es un asesino que le persigue, personaje extravagante característico de la imaginería ¨suzukiana¨, con el rostro del siempre aborrecible Tamio Kawaji. Los elementos acumulados ya nos recuerdan a dos títulos del director, ¨Sandanju no Otoko¨ y la previa ¨Kanto Wanderer¨ (donde también estaba Matsubara), que no se desviaban del ¨concepto Zatoichi¨ (el protagonista mediando en las vidas de diversas gentes, alzándose como héroe de los oprimidos y enemigo de los tiranos (ahora un grupo de gángsters que desean, a fuerza de violencia, detener las obras de la empresa Daito) y siendo acosado por un pasado oscuro (esto estará presente en ¨Tattooed Life¨) ).
El contrapunto romántico-trágico lo dan las mujeres entre las que se debate Kikuji, la dulce Oshige y la rebelde geisha Manryu, transformadas en heroínas ¨mizoguchianas¨ de pleno derecho al luchar contra la maldad y el deseo de los hombres y sacrificarse continuamente por el amor del primero; tras estas intrigas, romances, traiciones y luchas de clanes, una sociedad nipona modelada de manera extraña por Suzuki, aún teniendo presente los remanentes del Japón feudal (el orgullo samurái, las katanas, el honor en la muerte) mientras se encamina hacia una edad de progreso y conquistas (Manchuria, aquí figurada tierra prometida).

Este marco temporal no definido puede reflejarse en el vivido en la sociedad del momento en que se está filmando película, y más concretamente en el seno de Nikkatsu, donde el género de yakuzas, todavía inclinado hacia una vertiente clásica, parece estar mutando en nuevas vías, más nihilistas y violentas, como ya se está llevando a cabo en Toei; Suzuki, y Fukasaku y Hasebe algo más tarde, serán de los máximos responsables de esta evolución. Kikuji es un homólogo del primero, que sin traicionar sus principios se ve arrastrado por las imposiciones y tiranías de los poderosos jefes y yakuzas, contra las que después lucha fervientemente.
Por desgracia el interés del film tarda en despegar y los secundarios acaparan mucha más importancia que el protagonista, quien sólo se mueve de aquí para allá sin hacer nada hasta pasada la mitad del metraje (de hecho llega a introducirse en la trama cuando ya no tiene más remedio, más o menos como le sucedía a Zatoichi). Destaca la composición técnica de ciertas secuencias, donde el director rompe los convencionalismos visuales de la narrativa, manejando el montaje y la cámara como le da la gana...sin embargo no despliega toda su inventiva de la misma forma que en anteriores obras.

En ¨Hana to Doto¨, y pese a su caótico devenir argumental, cumple decentemente sin arriesgarse mucho, aunque prestando una atención especial a las escenas en interiores y sobre todo a los instantes de acción e intensa violencia, que habrá muchos.
Sobresalen la significativa pelea entre los trabajadores y los yakuzas (unos portando katanas, los otros rifles) y cómo no el dramático y confuso clímax en el paraje nevado que lo deja todo en suspenso (¿presagiando una continuación?) y que bien pudo servir de inspiración a Toshiya Fujita para ¨Lady Snowblood¨ (y de rebote a Tarantino para ¨Kill Bill¨...).



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