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Empieza como un western bastante clásico pero luego se vuelve más personal y con algo más de fondo del que parece al principio.
Burt Lancaster lleva casi todo el peso con un personaje cansado pero firme, y la verdad es que le queda perfecto ese tono tranquilo que esconde bastante rabia.
La historia va por caminos conocidos de venganza y enfrentamientos, pero se nota bien dirigida por Edwin Sherin y con buenas interpretaciones alrededor, sobre todo el villano que resulta bastante odioso como debe ser. No reinventa el género ni nada así, pero tiene momentos con tensión bien llevada y un ambiente serio que se agradece.
Visualmente también cumple con paisajes muy cuidados y una música bien usada sin abusar. En general es un western sólido y bastante digno que igual no es famoso pero merece la pena si te gusta el género.
Más que un western de tiros sin más es una historia bastante directa de orgullo y justicia personal, con Burt Lancaster llevando todo el peso como un tipo ya mayor pero muy firme que no se deja pisar. La trama va al grano y se convierte en un camino de venganza bastante duro, con enfrentamientos constantes y un tono serio que no afloja mucho. Lancaster está genial y sostiene la película con presencia tranquila pero intensa, mientras Jon Cypher funciona bien como rival y el resto del reparto acompaña sin estorbar, con caras conocidas que cumplen. Dirige Edwin Sherin de forma bastante clásica y efectiva, sin complicarse pero manteniendo el interés, y se nota la base literaria detrás. Rodada en España con buenos paisajes, queda como un western sólido, sencillo pero entretenido y con buenas actuaciones.
Críticas: 3
Miopía
7
Un western bastante seco y directo que va más por el duelo personal y la persecución constante que por grandes discursos, con Burt Lancaster metido en problemas otra vez y tirando de presencia para sostenerlo todo. La historia es sencilla pero funciona porque mantiene la tensión durante casi todo el metraje, con ese ambiente duro y polvoriento típico del género y un protagonista que intenta evitar la violencia pero termina dentro hasta el cuello. Recuerda a otros westerns más crudos de la época por el tono y la forma de contar las cosas, y aunque cuesta un poco comprar a Lancaster en ese papel concreto, lo saca adelante con oficio. Sin ser una obra maestra, es de esos westerns sólidos que se dejan ver muy bien y cumplen con lo que prometen.
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