Film alemán de gran aparato, del que por desgracia se perdieron algunas secuencias, por el que a su autor se le llegó a apodar el Griffith europeo. Lo que principia como un entramado trivial de tipo sentimentaloide, aunque en marco exótico, va cobrando temperatura hasta acabar como un intenso drama casi shakespeariano.
Y es que el faraón se prenda de la chica del hijo del arquitecto que le ha construido la cámara del tesoro de su mausoleo, pero además resulta que la dama pertenecía en origen al rey de Etiopía que la tenía como esclava. El rey pisotea todos los obstáculos, se queda con ella, esclaviza al galán y declara la guerra al país vecino. Pierde. Las fichas se van colocando hacia un presunto final feliz… pero, entonces, vuelve desde el desierto en que le había dado por muerto, y todo acaba en escabechina.
Al margen de una escenografía de las subyugantes, contamos con una narrativa concisa, y una labor fotográfica valiosa. Amén de esto, y casi contra pronóstico, se nos acaban proponiendo temas tan interesantes como la ceguera apasionada como causa de injusticias, el sentido de la responsabilidad de los dirigentes, las manipulaciones en el pueblo por cuenta de la religión, y la vergonzosa inestabilidad en los afectos de la plebe.
Pedro Otero Serrano
9
Film alemán de gran aparato, del que por desgracia se perdieron algunas secuencias, por el que a su autor se le llegó a apodar el Griffith europeo. Lo que principia como un entramado trivial de tipo sentimentaloide, aunque en marco exótico, va cobrando temperatura hasta acabar como un intenso drama casi shakespeariano.
Y es que el faraón se prenda de la chica del hijo del arquitecto que le ha construido la cámara del tesoro de su mausoleo, pero además resulta que la dama pertenecía en origen al rey de Etiopía que la tenía como esclava. El rey pisotea todos los obstáculos, se queda con ella, esclaviza al galán y declara la guerra al país vecino. Pierde. Las fichas se van colocando hacia un presunto final feliz… pero, entonces, vuelve desde el desierto en que le había dado por muerto, y todo acaba en escabechina.
Al margen de una escenografía de las subyugantes, contamos con una narrativa concisa, y una labor fotográfica valiosa. Amén de esto, y casi contra pronóstico, se nos acaban proponiendo temas tan interesantes como la ceguera apasionada como causa de injusticias, el sentido de la responsabilidad de los dirigentes, las manipulaciones en el pueblo por cuenta de la religión, y la vergonzosa inestabilidad en los afectos de la plebe.
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