Ficha Nacido el 4 de Julio

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Críticas de Nacido el 4 de Julio (1)


Mad Warrior

  • 17 Dec 2024

8



Tenía 10 años. Frente a él desfilaban decenas de viejos soldados de la 2.ª Guerra Mundial conmemorándose el Día de la Independencia, un puñado de pobres diablos con los cuerpos mutilados, los nervios a flor de piel y las miradas perdidas.
Lejos de asustarle las imágenes de aquellos veteranos hechos polvo, una llama ardía en su interior. . Pero Ronald Lawrence Kovic era tan sólo un niño...

Un niño que no sabía absolutamente nada, y que fue criado sin saber absolutamente nada, y menos en un hogar dominado por una madre irlandesa ultraconservadora. Ronald, como otros tantos de su generación, fue expuesto y manipulado, en una época crítica para la sociedad norteamericana en la que enseñaban en las escuelas técnicas para esconderse y sobrevivir a los bombardeos comunistas; y cuando el niño se convirtió en un joven estalló el conflicto en Vietnam, EE.UU. entró en una guerra, y se necesitaban a hombres decididos a defender la patria...y eso es todo lo que él y los jóvenes de toda la nación sabían.
Para ellos, en aquel lugar remoto, morían compatriotas a manos de comunistas y había que ir y luchar. Tal vez ni sabían dónde cojones estaba Vietnam, pero eran manipulados y reclutados. Lo que no tenía en cuenta Ronald (que el muy imbécil volvió a su hogar en Massapequa sólo para regresar a cumplir un segundo servicio al poco tiempo) es lo que siempre debería tener en cuenta un soldado: el efecto del impacto de una bala en el cuerpo. En el cine de acción una bala traspasa la piel de un personaje y no sucede nada; Ronald creció viendo a John Wayne y Gary Cooper, tipos duros que seguían en pie. Pero una bala en la vida real es diferente, y él sintió ese impacto...

El niño que soñó que un día sería un hombre y moriría por su patria, henchido de gloria, quedó con un despojo de cuerpo que no se movía de cintura para abajo. En el hospital de Da Nang se despierta sobre sus vómitos, sin poder moverse, entre gritos y sangre; no es la idea de un héroe, pese a una Estrella de Bronce y un Corazón Púrpura. Las descripciones y la prosa del luego “best-seller“ “Born on the 4th of July“ dolerán al lector sensible y le darán escalofríos; Kovic se desnuda y escribe sobre el dolor, su dolor, el que se apoderó de él después de que una bala le hiciera pedazos el pie y otra le dañase la médula espinal de por vida.
Habría sido la ocasión perfecta en aquellos finales de los “70, cuando los conflictos en Vietnam empezaron a recrearse en el cine, adaptar la novela...por desgracia Oliver Stone se enfrentó a un proyecto, al principio pensado para Al Pacino, que parecía no llegar a ninguna parte, entre desacuerdos en el guión, falta de financiación y otros problemas. Más de una década de maduración se necesitó y el ascenso de aquel joven guionista al estatus de gran cineasta, a lo que contribuyó su primera obra maestra, también testimonio personal sobre la guerra.

Se podría decir que “Nacido el 4 de Julio“ es la mitad que le faltaba a “Platoon“. Aquélla ya empezaba con el joven Chris Taylor que interpretó Charlie Sheen llegando a la zona de guerra, nunca veíamos su pasado como civil y universitario, aunque nos hablaba de ello, pero aquí accedemos a ese pasado de primera mano en la piel de otro. Tal vez Stone se deje llevar por el artificio del sentimentalismo y presente la infancia y adolescencia de Ronald sumida en una bucólica atmósfera, casi “spielbergiana“, suspendida en un tiempo de felicidad aparentemente infinita.
Y es que tenemos que hacernos a la idea de lo maravilloso que era el pasado del protagonista, un niño sano y guapo cualquiera en su típico, pequeño y soleado pueblo norteamericano cualquiera. De adolescente tiene la cara de Tom Cruise, que refleja vitalidad e ilusiones, sin embargo la cabeza de ese Ronald ya está carcomida por las gilipolleces de la obligación religiosa y la manipulación de las fuerzas militares; Stone no disimula el poder de esa manipulación, y el instante en que dos oficiales de la marina se presentan en el instituto de Ronald para hablar de un montón de paparruchas pseudopatrióticas a los chicos es el perfecto ejemplo.

El guión también inventa una novia, Donna, para dar al protagonista una razón más para hacerse el héroe. El sueño termina con un último beso que será el paso a la tan ansiada edad adulta; una noche de sexo hubiese sido más satisfactoria y significativa que viajar a primera línea de batalla.
Robert Richardson da a las imágenes unos peculiares tonos naranjas, muy intensos, Stone nos acerca al Infierno, de nuevo a través del punto de vista de Ronald. Este episodio dentro de la propia guerra es corto, pero también poderoso, y el perfeccionista estilo que embellecía las imágenes de “Platoon“ es sustituido por tambaleantes secuencias de nervio y confusión.

Niños y mujeres frente a la cámara, sangrando o muertos, el director quiere que lo veamos como lo debió ver el auténtico Ronald: de frente y sin poder mirar a otro lado. Dos balas en su cuerpo finiquitan el combate en Enero de 1.968 y la 2.ª parte se desarrolla dentro del hospital de soldados. “Hay un hombre sin piernas que grita de dolor, gime como un niño, sangra sin parar por los muñones que una vez fueron sus piernas, y agita los brazos sobre el pecho, en un estado de aturdimiento semiconsciente“, describe la novela. Estos pasajes ya hacen daño, pero el director quiere que lo sintamos como lo sintió el auténtico Ronald: igualmente, de frente y sin poder mirar a otro lado.
En las películas sobre la guerra siempre hay secuencias dentro de hospitales, eso no es nada sorprendente. Lo sorprendente es cómo dilata el guión el tiempo de recuperación, para que sepamos lo que provoca el impacto de esa bala, no sólo a nivel físico, sino también a nivel psicológico. Después del milagro de “Rain Man“, Cruise estaba destinado a encarnar papeles más serios, y éste es su salto definitivo como actor dramático; a la vista de Kovic, invitado de honor al rodaje, Cruise se mete en su piel, a conciencia, se olvida y nos olvidamos de la estrella apuesta que fue en esa imbecilidad previa llamada “Cocktail“.

El cambio en el personaje se expresa entre una producción repulsiva de fluidos corporales y una indignación transformada en rabia, y aunque lentamente este cambio es visceral. El odio de la sociedad estadounidense hacia la guerra acrecienta este sentimiento en Ronald, lejos de los cambios que el país está experimentando. La 3.ª parte de la historia, se podría decir, y la más larga, trata el regreso a casa y la reintegración del veterano; la cámara de Stone se detiene unos segundos en las caras de los familiares y vecinos y enfoca a sus ojos, que no se atreven a mirarle directamente.
Qué sutileza la del director. Lo que era admiración por un joven sano es ahora compasión por un lisiado, pero el personaje aún no evoluciona de un modo que el público pueda simpatizar con él; tenemos que permanecer cerca para ser testigos de su crecimiento, porque al llegar el patriotismo fanático sigue siendo su guía, luego el orgullo y la arrogancia, ahora es un “outsider“ sin escapatoria de su silla ni del mundo que le rodea, todo lleno bien de ex-soldados inválidos, bien de jóvenes traidores a la patria, igual que su propio hermano. Una mirada extendida.

El desfile en que participa es un reflejo torcido de aquel que presenció de niño. Las caras de enfado y resentimiento de los civiles son la expresión de las portadas del Chicago Tribune, que el 5 de Abril de 1.969 mostraba a 20.000 protestantes contra la guerra, o la revista Life, que expuso a todos los caídos en acto de servicio la semana del 28 de Mayo aquel mismo año. Es una guerra que nadie entiende y que todos ya odian.
El llanto de un bebé en la lejanía saca a Ronald de su orgulloso discurso. El tiempo, las heridas, la toma de conciencia le transforman, asistimos a las protestas con quien antes era un soldado fiel a su patria, ahora un hombre enfurecido.

Por otra parte, la estructura del argumento sufre bastante por culpa de algunas grandes elipsis y la forma en que deja atrás a personajes importantes de la vida del protagonista, en especial Donna; no existió realmente, pero ya que fue incluida en el guión, y teniendo a la maravillosa Kyra Sedgwick en el reparto, podrían haberla aprovechado de una manera digna. El episodio más desconcertante y menos efectivo es la corta estancia en México, un desperdicio (en el que participa Willem Dafoe) de situaciones y diálogos sin sentido que no afecta absolutamente nada al resto de la historia...
Pero esto es compensado por el duro realismo de Stone y la entrega de Cruise, quien convence más que nunca en el papel cuando carga contra la hipocresía de los gobernantes del país, ante un Nixon que no quiere saber nada del asunto, ante una multitud que le tilda de traidor; la furia de su discurso se siente en las tripas. El director firma (con algunas concesiones, para qué engañarnos) otra pieza icónica de su filmografía y una de las más contundentes representaciones que ha hecho el cine sobre la Guerra de Vietnam, y en especial sus consecuencias.



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