Segundo film del autor en su tetralogía estacional, y probablemente la más intensa y emocionante de las cuatro. Y es que en llevando en estas películas hasta el extremo la influencia medioambiental de cada estación, era lógico que esta nos trajera, entre los copos de nieve y los dulces navideños, un algo de milagroso que se convierte en protagonista.
Y es que es un milagro lo que corrige a la realidad. Los jóvenes enamorados que, por una confusión, se pierden en verano, habrán de esperar años para volver a reencontrarse. En medio, una hija en común y la vida que transcurre con sus prácticas tentaciones de muelle estabilidad humana. Pero ambos perseveran en su afecto esencial, el verdadero amor, y la música de Sebastian Erms se convierte en la banda sonora de un insensato prodigio que emociona hasta el final.
Pedro Otero Serrano
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Segundo film del autor en su tetralogía estacional, y probablemente la más intensa y emocionante de las cuatro. Y es que en llevando en estas películas hasta el extremo la influencia medioambiental de cada estación, era lógico que esta nos trajera, entre los copos de nieve y los dulces navideños, un algo de milagroso que se convierte en protagonista.
Y es que es un milagro lo que corrige a la realidad. Los jóvenes enamorados que, por una confusión, se pierden en verano, habrán de esperar años para volver a reencontrarse. En medio, una hija en común y la vida que transcurre con sus prácticas tentaciones de muelle estabilidad humana. Pero ambos perseveran en su afecto esencial, el verdadero amor, y la música de Sebastian Erms se convierte en la banda sonora de un insensato prodigio que emociona hasta el final.
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