|
|
Poco antes de la Segunda Guerra Mundial, un cazador inglés logra acercarse lo suficiente, con un rifle de francotirador, a una mansión donde reside el mismísimo Adolf Hitler, pero antes de decidirse a disparar o no (no queda claro si pensaba hacerlo realmente), es detenido por un soldado.
Este es el comienzo de una incesante persecución por parte de la Gestapo, primero en Alemania, y luego en Inglaterra, para hacerle confesar su intento de asesinato y dar así paso a la declaración de guerra.
Una película tensa, mucho, donde nuestro protagonista no está a salvo en ningún momento, ni siquiera en su propia ciudad. Constantemente vigilado, con los nazis pisándole los talones y sin más ayuda que la de una chica.
Digamos que la acción es interesante por la tensión que causa, pero la trama como tal no tiene demasiado sentido... ¿cómo puede ser que el consulado de su propio país no pudiera ayudarle lo más mínimo?, la trama se hace incluso dura conforme avanza, pasas un “mal“ buen rato.
Críticas: 2
Pedro Otero Serrano
6
EL HOMBRE ATRAPADO (Fritz Lang, 13-06-1941) - * *
La luego recurrente fantasía de matar a Hitler para evitar sus grandes atrocidades, expresada en tiempo presente y casi “in situ”, suponemos que por primera vez. El autor, exilado en Norteamérica y huido del régimen aquel… muestra aquí su actitud personal y sus preocupaciones al respecto, situando la acción en los momentos previos a la invasión de Polonia, y pergeñando una narración en la que conviven los ecos de “El Malvado Zaroff” (1932), - aquello de la caza del hombre -, dejes recuperados de su etapa expresionista, - ese Londres nocturno envuelto en niebla -, y un prometedor conato de romance y aventura que por desgracia concluye en un desenlace decepcionante.
Y es que el conmovedor personaje de la inocente chica enamorada, - deliciosa Joan Bennett -, queda finalmente aparcado para dejar paso a una implausible persecución del protagonista, en la que es perseguido en suelo británico por los agentes secretos nazis, con total impunidad, para ser encontrado en una cueva remota y recóndita por su archienemigo omnisciente, y acabar resolviendo el conflicto con un arco improvisado en quince minutos y una flecha de adorno que llevaba la chica en el gorro. Ni la fantabulosa fotografía de Arthur Miller, ni la siempre sugerente partitura de Alfred Newman, logran hacernos olvidar un final que hiede a guionistas borrachos y burda patriotería.
Me gusta (0) Reportar