Adaptación de los diarios de Grace Elliot, inglesa que sufrió los atropellos de la revolución francesa, en lo que podríamos llamar tono Rohmer: Diálogos muy dinámicos, expresando de modo coloquial complejos pensamientos. Amén de esto, y de forma más meticulosa que en “La Marquesa de O” (1976), - su otro gran film de época -, cuidada ambientación en cuanto a decorados y fotografía, recondándonos la sutileza cromática de Jacques Demy. Como contenido, la amenaza continua de la violencia revolucionaria a través de tramas bien construidas.
Pedro Otero Serrano
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Adaptación de los diarios de Grace Elliot, inglesa que sufrió los atropellos de la revolución francesa, en lo que podríamos llamar tono Rohmer: Diálogos muy dinámicos, expresando de modo coloquial complejos pensamientos. Amén de esto, y de forma más meticulosa que en “La Marquesa de O” (1976), - su otro gran film de época -, cuidada ambientación en cuanto a decorados y fotografía, recondándonos la sutileza cromática de Jacques Demy. Como contenido, la amenaza continua de la violencia revolucionaria a través de tramas bien construidas.
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