Mediometraje de corte feminista en el que una mujer nos muestra, a través de sus ansiedades, ensueños, y neblinosas pesadillas, el hastío y la opresión que siente ante su matrimonio, y el rencor que va acumulando hacia su insensible esposo.
Con una casa cuyas habitaciones nos aportan cierta sensación de celda, con la protagonista casi siempre mirando hacia el exterior, se nos muestra a través de pequeños detalles la incompatibilidad entre ambos esposos, con algún momento que algunos han entendido como precedente del montaje de atracciones de Eisenstein. Pensemos, por ejemplo, en el instante en que ella toca el piano mientras él cuenta los billetes.
Film de decidido corte impresionista, - aunque con una estética galante muy distinta a la Delluc -, tiene su desenlace cuando, tras el regreso de ver “Fausto”, él le prohíbe a ella su sagrado desahogo de tocar el instrumento. Así, mutilando su única ensoñación de libertad, se propicia un aparente final feliz, - que no solo es impostado sino también muy provisional -, tras un fallido intento de asesinato, que pasa por conato de suicidio, y que solo nos servirá para renovar la pesadilla.
Pedro Otero Serrano
8
LA SONRIENTE SEÑORA BEUDET (Germaine Dulac, 9-09-1923) - * * * *
Mediometraje de corte feminista en el que una mujer nos muestra, a través de sus ansiedades, ensueños, y neblinosas pesadillas, el hastío y la opresión que siente ante su matrimonio, y el rencor que va acumulando hacia su insensible esposo.
Con una casa cuyas habitaciones nos aportan cierta sensación de celda, con la protagonista casi siempre mirando hacia el exterior, se nos muestra a través de pequeños detalles la incompatibilidad entre ambos esposos, con algún momento que algunos han entendido como precedente del montaje de atracciones de Eisenstein. Pensemos, por ejemplo, en el instante en que ella toca el piano mientras él cuenta los billetes.
Film de decidido corte impresionista, - aunque con una estética galante muy distinta a la Delluc -, tiene su desenlace cuando, tras el regreso de ver “Fausto”, él le prohíbe a ella su sagrado desahogo de tocar el instrumento. Así, mutilando su única ensoñación de libertad, se propicia un aparente final feliz, - que no solo es impostado sino también muy provisional -, tras un fallido intento de asesinato, que pasa por conato de suicidio, y que solo nos servirá para renovar la pesadilla.
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