Aberrante engendro propagandístico proyanki y anticomunista a todos sus niveles. Es para reírse, por no llorar, lo que John Milius perpetró en los años 80, cuando a la Unión Soviética le quedaban dos telediarios por el absoluto desastre que fue.
Una sátira a lo ¨¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú¨ o ¨Uno, dos, tres¨ podría haber tenido su miga. Pero que ¨Amanecer rojo¨ sea concebida como una película seria, con tono dramático, es para arrancarse los pelos uno a uno. Los hilarantes textos iniciales ya le dan una idea al espectador de la castaña que va a tragarse: la OTAN ha desaparecido de la noche a la mañana, México ha vivido una (otra) revolución y se ha convertido en un estado comunista de la noche a la mañana, El Salvador y Honduras son países que también han desaparecido de la noche a la mañana, etc. etc. en resumen, un cúmulo de despropósitos que son imposibles de tomar en serio. Y así son los plomizos 110 minutos restantes de este bodrio.
El objetivo del film es que cualquier americano, y más si es joven, odie todo lo que tenga que ver con el comunismo. Todo es exagerado, extremadamente ridículo, surrealista, pasado de vueltas... una terrible e inenarrable gilipollez, vamos. Y el colmo de los colmos es que ni siquiera es una película entretenida, sino que aburre a las piedras. Lo único destacable es su decente banda sonora y su buen y llamativo reparto. El resto, especialmente su guión, es para cogerlo y echarlo a una hoguera.
En fin, que los filmes propagándisticos de la Unión Soviética (los de Eisenstein, por ejemplo) eran mucho más elegantes y con una técnica infinitamente superior a este esperpento cinematográfico.
Marcos
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Aberrante engendro propagandístico proyanki y anticomunista a todos sus niveles. Es para reírse, por no llorar, lo que John Milius perpetró en los años 80, cuando a la Unión Soviética le quedaban dos telediarios por el absoluto desastre que fue.
Una sátira a lo ¨¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú¨ o ¨Uno, dos, tres¨ podría haber tenido su miga. Pero que ¨Amanecer rojo¨ sea concebida como una película seria, con tono dramático, es para arrancarse los pelos uno a uno. Los hilarantes textos iniciales ya le dan una idea al espectador de la castaña que va a tragarse: la OTAN ha desaparecido de la noche a la mañana, México ha vivido una (otra) revolución y se ha convertido en un estado comunista de la noche a la mañana, El Salvador y Honduras son países que también han desaparecido de la noche a la mañana, etc. etc. en resumen, un cúmulo de despropósitos que son imposibles de tomar en serio. Y así son los plomizos 110 minutos restantes de este bodrio.
El objetivo del film es que cualquier americano, y más si es joven, odie todo lo que tenga que ver con el comunismo. Todo es exagerado, extremadamente ridículo, surrealista, pasado de vueltas... una terrible e inenarrable gilipollez, vamos. Y el colmo de los colmos es que ni siquiera es una película entretenida, sino que aburre a las piedras. Lo único destacable es su decente banda sonora y su buen y llamativo reparto. El resto, especialmente su guión, es para cogerlo y echarlo a una hoguera.
En fin, que los filmes propagándisticos de la Unión Soviética (los de Eisenstein, por ejemplo) eran mucho más elegantes y con una técnica infinitamente superior a este esperpento cinematográfico.
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