Polémico film ucraniano, en principio un encargo del kremlin para mostrar los avances de la revolución en el campo, con el progreso de los campesinos humildes frente a los ricos hacendados, - merced a las modernas maquinarias que les ofrecía el gobierno -, y también la sustitución de la fe religiosa por el estupendo laicismo comuchachi, justificado aquí por el asesinato de un rico a malo a un inocente y entusiasta campesino fetén.
La sensación que da es la de que el autor era un librepensador con talento que quiso malograr el encarguito. En cuanto a lo primero, el gobierno manda un solo tractor milagroso que no tiene agua en el radiador… por lo que los campesinos valerosos esta vez no han de derramar la sangre de sus venas sino el orín de sus botijillos. El efecto aún entonces debía resultar ridículo.
Para lo segundo, la imposición laicista en los ritos fúnebres, no solo se recurre a una motivación nimia e impostada, sino que se nos intercala la procesión entonando “nuevas canciones”, - suponemos que himnos bolcheviques del hit parade del momento -, con una serie de imágenes de gran fuerza… en las que el sacerdote les maldice, la viuda se autoflagela desnudita, y el asesino corre y aúlla por los páramos con grandes remordimientos a lo Dostoievski. Todo esto oscila entre lo ridículo y lo patético, y como conjunto resulta inverosímil.
Pese a lo anterior, tanto al principio como sobre todo al final, Dovjenko introduce algunas imágenes preciosas, con primeros planos de los frutos, que al final acaban derribados por la lluvia para volver a renacer… dando un punto de belleza transcendente al relato que invita a la reflexión sobre lo baladí de las necedades humanas, - de todas ellas -, y la certeza de un mundo más allá… por mucho que en este se entonen “nuevas canciones”.
Pedro Otero Serrano
7
TIERRA (Alexandre Dovjenko , 8-04-1930) - * * *
Polémico film ucraniano, en principio un encargo del kremlin para mostrar los avances de la revolución en el campo, con el progreso de los campesinos humildes frente a los ricos hacendados, - merced a las modernas maquinarias que les ofrecía el gobierno -, y también la sustitución de la fe religiosa por el estupendo laicismo comuchachi, justificado aquí por el asesinato de un rico a malo a un inocente y entusiasta campesino fetén.
La sensación que da es la de que el autor era un librepensador con talento que quiso malograr el encarguito. En cuanto a lo primero, el gobierno manda un solo tractor milagroso que no tiene agua en el radiador… por lo que los campesinos valerosos esta vez no han de derramar la sangre de sus venas sino el orín de sus botijillos. El efecto aún entonces debía resultar ridículo.
Para lo segundo, la imposición laicista en los ritos fúnebres, no solo se recurre a una motivación nimia e impostada, sino que se nos intercala la procesión entonando “nuevas canciones”, - suponemos que himnos bolcheviques del hit parade del momento -, con una serie de imágenes de gran fuerza… en las que el sacerdote les maldice, la viuda se autoflagela desnudita, y el asesino corre y aúlla por los páramos con grandes remordimientos a lo Dostoievski. Todo esto oscila entre lo ridículo y lo patético, y como conjunto resulta inverosímil.
Pese a lo anterior, tanto al principio como sobre todo al final, Dovjenko introduce algunas imágenes preciosas, con primeros planos de los frutos, que al final acaban derribados por la lluvia para volver a renacer… dando un punto de belleza transcendente al relato que invita a la reflexión sobre lo baladí de las necedades humanas, - de todas ellas -, y la certeza de un mundo más allá… por mucho que en este se entonen “nuevas canciones”.
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