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Versión épica de la historia de los 47 ronin, hecho aparentemente real que devino controvertida leyenda a los pocos años de suceder, sobre la venganza de 47 samurais contra el hombre que causó tan gran oprobio a su señor, que se vio obligado a suicidarse.
Lo mejor de la Tohō se da cita aquí: Toshiro Mifune, Takashi Shumura, Setsuko Hara, Mie Hama, Akira Takarada, Akihiko Hirata (el Dr. Serizawa de Godzilla), Kenji Sahara... Un enorme reparto coral del cine nipón de la época. Sorprende que uno de los mejores papeles de la cinta es para un semidesconocido: Chûsha Ichikawa en el papel del indeseable y retorcido funcionario corrupto de protocolo Kira.
El guion de Toshio Yasumi pretende contar al detalle el funcionamiento del plan (considerado por muchos historiadores absurdo, dicho sea de paso) de venganza de los ronin, parece que intentando huir del maniqueísmo y razonar que algunos implicados no pueden asistir al asalto final por auténticas razones de fuerza mayor y que no hay villanos como tal más allá de que Kira sea un miserable: la gente que trabaja para él es en todo momento retratada como guerreros nobles que sirven a la causa en la que creen. El detallismo del guion hace que la película se desarrolle con una lentitud tremenda. Hay muchos jidaigekis lentos, pero este se lleva la palma: en ocasiones he perdido el hilo y he tenido que consultar la historia original. Sin embargo, como digo más arriba, dicha historia debe ser contada así si se quiere ser fiel al espíritu de la leyenda (lo de Keanu Reeves es otra visión distinta que poco tiene que ver con el original), ya que no cuenta una epopeya, sino un elaborado plan de venganza, con lo que se resalta el excelso trabajo del reparto y del director Hiroshi Inagaki a la hora de transmitir emociones.
Técnicamente cuenta con la brillantez que caracteriza las superproducciones Tohō: bella fotografía en color que resalta vestuario y decorados y un montaje impecable en el trepidante clímax, única escena de acción de la película. Dejo un pequeño lunar en la banda sonora de Akira Ifukube: generalmente suena tan épica como las que hacía para los tokusatsu (Godzilla sobretodo), pero tiene partes con organillo que parecen propias de una película del ínclito Richard E. Cunha (no es que sea malo, pero la música de serie Z desentona algo en esta superproducción).
Ejemplo de libro de cine narrativo que puede aburrir algo en comparación con otros jidaigeki (¨Los siete samuráis¨ es más asequible y épico, por ejemplo) pero que mantiene una calidad y una maestría consistentes a nivel artístico y técnico gracias a un reparto coral, una enorme fidelidad a la leyenda original y un conseguidísimo y excitante clímax.
Críticas: 2
TANO
7
Hace ya unos cuantos años (unos 15, calculo) vi una de las versiones clásicas de la historia de los 47 Ronin, pero en aquel entonces no reseñaba este tipo de películas y se me ha quedado en el olvido, por lo que me dispuse a verla de nuevo, pues tenía ganas de revisar esta historia clásica japonesa basada en hechos reales.
Lo he intentado con esta versión de 1962, y en cierto momento de la película tuve bastante claro que no es la versión que vi hace años, y es que la recordaba muy distinta, y en blanco y negro, ya que esta es en color, así que claramente, la que disfruté en su día fue la de 1941, que volveré a ver más adelante.
En este caso, nos encontramos con la conocida historia, bien interpretada, con esa genial forma de mostrar el Japón feudal, donde cosas como el honor y el respeto eran lo más importante, y es que todo el drama de esta cinta viene por algo tan tonto como el “bienquedar“, que a día de hoy, en la cultura occidental, no es tan importante.
Se nota que tiene un buen presupuesto, con caras conocidas del cine nipón de la época, y muchos detalles tanto en la ambientación como en las actuaciones de los bien elegidos actores.
En esta ocasión, la trama se centra más en toda la intriga que se va montando a escondidas para la venganza de los samuráis contra el clan culpable del asesino de su señor, un entramado de conspiración que se va gestando muy lentamente (quizás demasiado), y es que reconozco que la película se me hizo larga, y fui incapaz de verla de una sentada, teniendo que hacer una larga pausa por medio.
Si tengo que compararla con la otra versión que vi, de la cual a estas alturas no recuerdo totalmente, me quedo con la versión del 41. Me pareció, pese a su también larguísima duración, más directa y conseguida que esta otra versión, algo más amena.
Aún así, es puro cine épico clásico digno de verse para cualquier amante de la cultura japonesa. Es una de sus historias más conocidas y merece su reconocimiento.
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