Kimiyoshi Yasuda, uno de los directores que mejor exploró el lado débil del espadachín-ronin ciego, hizo lo propio en “Hatashi-jo“ y además introdujo a una villana, interpretada por la gran Yumiko Nogawa.
Aunque al final cambiaba de parecer y se volvía buena resultó un atractivo y original elemento. Pero ahora nuestro querido héroe tiene que, por enésima vez, convertirse en guardaespaldas, y le toca el turno a una bella joven.
Kenji Misumi siempre buscó sorprender sin poner en peligro el factor comercial, para eso era un director de encargo. Para la 19.ª entrega, “Kenka Daiko“, casi se dejó arrastrar por Shintaro Katsu, mientras, a su vez, éste requirió la participación del veterano Hisakazu Tsuji, ya que la película que había producido poco antes para su rival Raizo Ichikawa aquel mismo año, “Hitori Okami“, había sido un éxito. Eso es lo que parece perseguirse: el buen rendimiento en taquilla, será esa la razón de que tengamos que ver, de nuevo, a Zatoichi siendo rebajado a un torpe de quien todos se burlan durante ese inicio nada prometedor...
Lo que hace despertar dudas es ese guión, escrito primero por Hisashi Sugiura, modificado por otro (Kiyokata Suruwaka) y luego vuelto a reescribir (por Tetsuro Yoshida, uno de los responsables de la buena “Kessho Tabi“), y esta situación se revela, inevitablemente, en el argumento. Lo que debería haber sido el clímax se presenta al principio: la deuda que unos yakuzas quieren zanjar con un jugador y bebedor, nada agradable como para que su muerte nos despierte la más mínima lástima. Lo extraño es que Zatoichi quiera unirse a esta misión encargada por un miserable oyabun simplemente por seguir el código yakuza.
Que acepte por dinero puede ser, pero, ¿por qué sigue apegado a este código si sólo le ha traído desgracias? El caso es que el idiota endeudado es liquidado a las primeras de cambio y su hermana, Osode (una muy joven Yasuko Mita), toma el relevo para convertirse en el principal objetivo del clan yakuza y en la principal preocupación de Zatoichi, y mientras éste es interpretado con un exceso de arrogancia y chulería bastante inusuales, el guión, a lo largo de todo el film, añade apuntes cómicos que desbaratan por completo lo que podría haber sido una historia sombría, triste y emocionante.
Lo que sigue ahora es el clásico viaje del personaje amenazado al que protege el héroe, a través de un camino infestado de peligros, donde también revela su lado dramático, y conmueve su total dedicación a enmendar el asesinato del hermano de la chica protegiéndola ahora, así que Katsu se debate entre una actuación grave y seria y otra decantada a la autoparodia por culpa de las ocurrencias de este guión tan prostituido. La relación entre Osode y Zatoichi está tocada tanto por el odio como por un creciente amor, y podría haberse desarrollado de una manera interesante de no ser por lo mal escrito que está el personaje de la chica...
Porque, por alguna razón que escapa a mi comprensión, ella no deja de separarse todo el rato de él o de declarar que prefiere viajar sin su compañía. Es decir, va en busca del peligro voluntariamente, poniéndole en serios aprietos por sus estúpidas decisiones...y entonces yo me pregunto: ¿por qué no deja que siga su travesía sola de una maldita vez y no se arriesga a protegerla si ella no quiere? En realidad esto sólo sucede para convertirla en la clásica dama en apuros y poder dar al público algunas secuencias de acción que circulan entre la violencia y el humor absurdo. Ninguna memorable.
Bueno, si de personajes incomprensibles hablamos no podemos olvidar a Shinkichi (Takuya Fujioka), una especie de ayudante cómico que aparece de vez en cuando en la historia y no sabemos por qué ni cómo, y a Kashiwazaki, ese ronin arquetípico indispensable de la saga con el que Zatoichi se batirá en un intenso duelo climático. Aunque Misumi filme este duelo con habilidad, usando los tambores de la fiesta de fin de año para desconcertarle, el personaje de Makoto Sato es un turbio interrogante; al contrario que otros dignos adversarios no tiene conexión con nadie ni con nada, simplemente aparece en un bosque y se introduce en la trama, así como así, mostrando un carácter repelente y lejos de ser atractivo.
Pero si algo destaca por encima de todo es el riesgo formal del que hace gala Misumi, en su colaboración con el innovador director de fotografía y de efectos especiales Fujio Morita. Su uso de los ángulos, la luz y la puesta en escena (el combate casi teatral alumbrado por linternas, que hay que ver para creer) consigue que esta sea su entrega más artística y experimental, desde esos créditos iniciales anunciados con fondos de chillones colores “pop“. Algo nuevo había que añadir a la fórmula.
El final de la década estaba cerca, al igual que sucede en la película, y las modernas tendencias visuales habían acabado ya con el clasicismo en el género y en el cine japonés en general. “Kenka Daiko“ finiquitó la gloriosa y no poco irregular etapa de los “60 de la saga, Katsu empezaría la siguiente con una sorpresa que pilló a todos desprevenidos: para la 20.ª entrega contaría con Toshiro Mifune de invitado protagonista...
Mad Warrior
5
Kimiyoshi Yasuda, uno de los directores que mejor exploró el lado débil del espadachín-ronin ciego, hizo lo propio en “Hatashi-jo“ y además introdujo a una villana, interpretada por la gran Yumiko Nogawa.
Aunque al final cambiaba de parecer y se volvía buena resultó un atractivo y original elemento. Pero ahora nuestro querido héroe tiene que, por enésima vez, convertirse en guardaespaldas, y le toca el turno a una bella joven.
Kenji Misumi siempre buscó sorprender sin poner en peligro el factor comercial, para eso era un director de encargo. Para la 19.ª entrega, “Kenka Daiko“, casi se dejó arrastrar por Shintaro Katsu, mientras, a su vez, éste requirió la participación del veterano Hisakazu Tsuji, ya que la película que había producido poco antes para su rival Raizo Ichikawa aquel mismo año, “Hitori Okami“, había sido un éxito. Eso es lo que parece perseguirse: el buen rendimiento en taquilla, será esa la razón de que tengamos que ver, de nuevo, a Zatoichi siendo rebajado a un torpe de quien todos se burlan durante ese inicio nada prometedor...
Lo que hace despertar dudas es ese guión, escrito primero por Hisashi Sugiura, modificado por otro (Kiyokata Suruwaka) y luego vuelto a reescribir (por Tetsuro Yoshida, uno de los responsables de la buena “Kessho Tabi“), y esta situación se revela, inevitablemente, en el argumento. Lo que debería haber sido el clímax se presenta al principio: la deuda que unos yakuzas quieren zanjar con un jugador y bebedor, nada agradable como para que su muerte nos despierte la más mínima lástima. Lo extraño es que Zatoichi quiera unirse a esta misión encargada por un miserable oyabun simplemente por seguir el código yakuza.
Que acepte por dinero puede ser, pero, ¿por qué sigue apegado a este código si sólo le ha traído desgracias? El caso es que el idiota endeudado es liquidado a las primeras de cambio y su hermana, Osode (una muy joven Yasuko Mita), toma el relevo para convertirse en el principal objetivo del clan yakuza y en la principal preocupación de Zatoichi, y mientras éste es interpretado con un exceso de arrogancia y chulería bastante inusuales, el guión, a lo largo de todo el film, añade apuntes cómicos que desbaratan por completo lo que podría haber sido una historia sombría, triste y emocionante.
Lo que sigue ahora es el clásico viaje del personaje amenazado al que protege el héroe, a través de un camino infestado de peligros, donde también revela su lado dramático, y conmueve su total dedicación a enmendar el asesinato del hermano de la chica protegiéndola ahora, así que Katsu se debate entre una actuación grave y seria y otra decantada a la autoparodia por culpa de las ocurrencias de este guión tan prostituido. La relación entre Osode y Zatoichi está tocada tanto por el odio como por un creciente amor, y podría haberse desarrollado de una manera interesante de no ser por lo mal escrito que está el personaje de la chica...
Porque, por alguna razón que escapa a mi comprensión, ella no deja de separarse todo el rato de él o de declarar que prefiere viajar sin su compañía. Es decir, va en busca del peligro voluntariamente, poniéndole en serios aprietos por sus estúpidas decisiones...y entonces yo me pregunto: ¿por qué no deja que siga su travesía sola de una maldita vez y no se arriesga a protegerla si ella no quiere? En realidad esto sólo sucede para convertirla en la clásica dama en apuros y poder dar al público algunas secuencias de acción que circulan entre la violencia y el humor absurdo. Ninguna memorable.
Bueno, si de personajes incomprensibles hablamos no podemos olvidar a Shinkichi (Takuya Fujioka), una especie de ayudante cómico que aparece de vez en cuando en la historia y no sabemos por qué ni cómo, y a Kashiwazaki, ese ronin arquetípico indispensable de la saga con el que Zatoichi se batirá en un intenso duelo climático. Aunque Misumi filme este duelo con habilidad, usando los tambores de la fiesta de fin de año para desconcertarle, el personaje de Makoto Sato es un turbio interrogante; al contrario que otros dignos adversarios no tiene conexión con nadie ni con nada, simplemente aparece en un bosque y se introduce en la trama, así como así, mostrando un carácter repelente y lejos de ser atractivo.
Pero si algo destaca por encima de todo es el riesgo formal del que hace gala Misumi, en su colaboración con el innovador director de fotografía y de efectos especiales Fujio Morita. Su uso de los ángulos, la luz y la puesta en escena (el combate casi teatral alumbrado por linternas, que hay que ver para creer) consigue que esta sea su entrega más artística y experimental, desde esos créditos iniciales anunciados con fondos de chillones colores “pop“. Algo nuevo había que añadir a la fórmula.
El final de la década estaba cerca, al igual que sucede en la película, y las modernas tendencias visuales habían acabado ya con el clasicismo en el género y en el cine japonés en general. “Kenka Daiko“ finiquitó la gloriosa y no poco irregular etapa de los “60 de la saga, Katsu empezaría la siguiente con una sorpresa que pilló a todos desprevenidos: para la 20.ª entrega contaría con Toshiro Mifune de invitado protagonista...
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