Ficha Zatoichi 8: Fight, Zatoichi, Fight


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Críticas de Zatoichi 8: Fight, Zatoichi, Fight (2)




Mad Warrior

  • 24 Nov 2024

6



8.ª aventura de las muchas vividas por nuestro ronin-masajista ciego favorito en un Edo lleno de peligros e intrigas. Y seguro que él estuvo deseando que llegara teniendo en cuenta lo mal que le fueron las cosas en la anterior.
No es extraño que no funcionase en taquilla como debiera. La fórmula de la saga estaba cayendo por su propio peso, el mismo que había ganado la estrella Shintaro Katsu, cada vez más asiduo a los restaurantes caros y el alcohol...

En “Abare Tako“, Minoru Inuzuka presentó el mismo esquema que inició la saga (el héroe se ve enzarzado en una lucha entre clanes rivales y vive encuentros relativamente curiosos con otros personajes); fue un encargo, rápido y no muy bien pensado, cuyo único objetivo era ganar dinero y seguir echando leña sobre la rivalidad entre Katsu y Raizo Ichikawa, sobre todo porque las películas de su cínico y violento ronin Kyoshiro Nemuri atraían cada vez más la atención del público. Esa fue la razón de que al primero le apeteciera cambiar un poco de aires, y sus sugerencias dieron pie a una nueva entrega.
Las ideas que se les fueron ocurriendo al actor y al productor Tomio Takamori serían desarrolladas por Seiji Hoshikawa y Tetsuro Yoshida, a quienes éste contrató para buscar esa chispa y frescura que tal vez Inuzuka había perdido; pero el enfoque que se le pensaba dar a “Kessho Tabi“ corrió a cargo de Katsu en su mayor parte. Y se percibe a poco de empezar esta extraña historia en la que Zatoichi, siguiendo su viaje hacia ninguna parte, resulta ser el responsable indirecto del asesinato de una joven madre a manos de unos ronin que le iban siguiendo.

Antes de eso podemos deleitarnos con una divertida secuencia donde es ayudado por un grupo de peregrinos ciegos a escapar de sus perseguidores. Dos cosas se enfatizan en esta entrega más que en ninguna: una inclinación al humor ligero y un lado sentimental nunca antes expresado por el protagonista, pues decide hacerse cargo del bebé de la madre asesinada y llevarle hasta su padre, a pesar de lo largo del viaje. Esto constituye una sorpresa para el espectador aunque no para Katsu, ya que un mes antes de iniciarse el rodaje había nacido su hijo Takehiro, poniendo así mucho de su experiencia como padre primerizo.
Se dejan de lado las clásicas trifulcas entre varios grupos yakuza que le pillaban en medio, donde actuaba bien de mediador o bien sacando provecho de algunos indeseables. El actor quiere tener a Kenji Misumi tras la cámara de nuevo, después de dos años de comenzar la saga, y éste se esmera en construir un profundo drama donde lo esencial es el desarrollo de personajes y su psicología; más que el clásico “ken-geki“ feudal estamos ante una “road movie“ naturalista rebosante de humanidad, cuyos personajes, desde un amable monje o un furioso samurái a una gruñona prostituta (Ikuko Mori también regresa), aprenden y evolucionan ante la presencia de Zatoichi.

Tampoco desaprovecha Misumi la oportunidad de filmar en bellas localizaciones, abandonando un poco los artificiales decorados interiores, lo que proporciona una vía de oxígeno y libertad que tal vez nunca había experimentado el protagonista. Pero tampoco se libra, porque para eso es un espadachín letal, de estar enredado en un complot de asesinato; no sabemos la causa realmente, y no importa, el grupo de ronin que da caza a Zatoichi por bosques, prados, lagos y montañas sólo es una metáfora impersonal de la injusticia y la muerte tras los pasos de los débiles.
No es que importe mucho esta vez cuántos enemigos caigan al suelo. Su presencia es una incógnita estúpida, un cliché gratuito metido con calzador para que el público pudiera disfrutar de algunas escenas de acción, pero si se quitaran del montaje “Kessho Tabi“ podría ser un sencillo y sentimental drama de aventuras. La profundidad dramática que imprimen el guión y el director toma fuerza durante ese clímax donde Nobuo Kaneko vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores villanos del cine nipón, dando pie a un enfrentamiento único: el Unosuke de este último, figurado un demonio, contra Zatoichi, aquí un misionero celestial.

Akira Ifukube, por su parte, compone algunos de los pasajes más conmovedores de la saga. Al productor Masaichi Nagata, Katsu y otros miembros del equipo les entusiasmó ver cómo el público reaccionaba tanto con risas como con lágrimas en el estreno. Esta vez el ronin-masajista ciego había tocado la fibra sensible de los fans...
La respuesta fue mucho mejor y tan sólo un mes después ya se estaba preparando una 9.ª entrega. Por su parte, esta 8.ª constituye una influencia indiscutible para la futura saga “Kozure Okami“ (para más inri dirigida por Misumi, producida por Katsu y protagonizada por su hermano, Tomisaburo Wakayama).



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TANO

  • 3 Jul 2023

7


En esta ocasión se nos presenta una aventura bastante distinta a lo que nos tiene acostumbrados la saga de Zatoichi, y la verdad es que lo agradezco, y es que tanta intriga entre clanes yakuza acaba cansando un poco.
La película comienza con un grupo de asesinos a sueldo que quieren cargarse a nuestro protagonista y, por error, asesinan a una mujer que viajaba con su bebé, por lo que nuestro héroe, sintiéndose responsable, decide encargarse del bebé y regresárselo a su padre.
La película no ofrece realmente nada nuevo -excepto la trama como tal-, y la verdad es que tampoco lo necesita. Tenemos a Zatoichi haciendo travesuras de las suyas en los juegos amañados, tenemos unos cuantos combates donde va dejando campos sembrados de cadáveres, y ante todo, tenemos una historia más bonita de lo que esta saga nos tiene acostumbrados, con momentos realmente tiernos y en donde vemos lo buenísima gente que es este espadachín ciego.
Personalmente, de las que más me han gustado de la saga hasta ahora.



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