Una de las primeras obras mayores de su autor, con una narrativa poderosa, - poco necesitada de intertítulos -, que nos cuenta una fábula sobre la fugacidad de los esplendores de Juventud y la añoranza de los placeres sencillos… cuando, además, nos vemos obligados a renunciar a ellos por un perentorio sentido de la responsabilidad.
El príncipe que, amén de las dichas que el tiempo borra por sí solo, ha de sacrificar el verdadero amor a causa de sus obligaciones como nuevo monarca, se nos muestra en una doble visión; la idealizada de una plebe ajena a sus sufrimientos, y la resignada del propio personaje al aceptar su destino. A destacar la interpretación, muy criticada en su momento, de Ramón Novarro, y la belleza de las escenas bucólicas en la que discurre el idilio.
Basada en la obra teatral de Old Heidelberg y Wilhelm Meyer-Förster de 1901. Ideal para incluir en un ciclo que se podría llamar “Romanticismo y Tragedias Intimas En El Corazón De Europa”. Podríamos proyectarla, por ejemplo, entre El Estudiante De Praga” (1926) y “La Marcha Nupcial” (1928).
Pedro Otero Serrano
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EL PRINCIPE ESTUDIANTE (Ernest Lubitsch, 21-09-1927) - * * * *
Una de las primeras obras mayores de su autor, con una narrativa poderosa, - poco necesitada de intertítulos -, que nos cuenta una fábula sobre la fugacidad de los esplendores de Juventud y la añoranza de los placeres sencillos… cuando, además, nos vemos obligados a renunciar a ellos por un perentorio sentido de la responsabilidad.
El príncipe que, amén de las dichas que el tiempo borra por sí solo, ha de sacrificar el verdadero amor a causa de sus obligaciones como nuevo monarca, se nos muestra en una doble visión; la idealizada de una plebe ajena a sus sufrimientos, y la resignada del propio personaje al aceptar su destino. A destacar la interpretación, muy criticada en su momento, de Ramón Novarro, y la belleza de las escenas bucólicas en la que discurre el idilio.
Basada en la obra teatral de Old Heidelberg y Wilhelm Meyer-Förster de 1901. Ideal para incluir en un ciclo que se podría llamar “Romanticismo y Tragedias Intimas En El Corazón De Europa”. Podríamos proyectarla, por ejemplo, entre El Estudiante De Praga” (1926) y “La Marcha Nupcial” (1928).
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