LA ROJA INSIGNIA DEL VALOR (John Huston, 27-09-1951) - * * *
La sangre como única condecoración segura, democrática, para todos, en lo que podríamos considerar como el reverso intimista, irónico y lírico a la vez de la sobrevalorada “Senderos De Gloria” (1957). Evolución en la psique de un soldado, registrando sus dudas, complejos, y pequeñas deserciones privadas, ante la guerra atroz que le circunda.
En el marco de la guerra de secesión norteamericana, a partir de novela homónima de Stephen Crane, se nos plantea, según la leyenda, una fallida obra maestra por cuenta del montaje que Huston desatendió para irse a cazar elefantes mientras rodaba “La Reina De Africa” (1952).
La productora se ocupó del asunto reduciendo el metraje a la mitad, con lo que no sabemos lo que pudo haber sido… pero sí que lo que quedó fue una piececita vibrante de setenta minutos, de eterna vigencia, que conjuga el documentalismo fotográfico, la reflexión pacifista, y un aliento lírico que recorre todo el film. Recomendamos pasarla en ciclo de “deshilachadas” junto a otras del autor como “Paseo Por El Amor y La Muerte” (1969) y “Dublineses” (1987).
Pedro Otero Serrano
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LA ROJA INSIGNIA DEL VALOR (John Huston, 27-09-1951) - * * *
La sangre como única condecoración segura, democrática, para todos, en lo que podríamos considerar como el reverso intimista, irónico y lírico a la vez de la sobrevalorada “Senderos De Gloria” (1957). Evolución en la psique de un soldado, registrando sus dudas, complejos, y pequeñas deserciones privadas, ante la guerra atroz que le circunda.
En el marco de la guerra de secesión norteamericana, a partir de novela homónima de Stephen Crane, se nos plantea, según la leyenda, una fallida obra maestra por cuenta del montaje que Huston desatendió para irse a cazar elefantes mientras rodaba “La Reina De Africa” (1952).
La productora se ocupó del asunto reduciendo el metraje a la mitad, con lo que no sabemos lo que pudo haber sido… pero sí que lo que quedó fue una piececita vibrante de setenta minutos, de eterna vigencia, que conjuga el documentalismo fotográfico, la reflexión pacifista, y un aliento lírico que recorre todo el film. Recomendamos pasarla en ciclo de “deshilachadas” junto a otras del autor como “Paseo Por El Amor y La Muerte” (1969) y “Dublineses” (1987).
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