Es la historia de siempre: dos hombres en lados opuestos a la ley, enfrentados en una cacería sin cuartel, un ratón y un gato persiguiéndose en encuentros violentos de tiroteos sin fin y destrucción generalizada.
Pero la cosa cambia cuando esa cacería la filma uno que entiende la esencia de la acción, y más que Ringo Lam no hay.
Lam, que a pesar de disfrutar de un éxito considerable en taquilla con su primera incursión en el cine norteamericano, “Al Límite del Riesgo“, por otro lado uno de los mejores títulos de la carrera de Van Damme, no quedó nada satisfecho con la experiencia cuando la productora manipuló el montaje, así que no tardó en regresar a Hong Kong con un “thriller“ en mente que, escrito junto a Wing-Kin Lau, fuese precisamente un sentido homenaje a su ciudad natal, la cual iba a dar el decisivo paso de la independencia y ser recuperada por China. Y este clima de incertidumbre, de ansiedad, de urgencia, se respira en cada fotograma de “Full Alert“.
Desde el principio, porque sin introducciones ni prólogos nos mete en el epicentro de un intenso duelo, el del inspector jefe de la Brigada Criminal, Bao, con el escurridizo experto en explosivos además de ladrón, Mak. Pero empezar la historia con su rutinaria detención y la de su novia Li-Hong es sólo eso, el principio del duelo que se establece entre dos hombres tan entregados a su trabajo que están dispuestos a dejarse la vida en ello; Lam puede pasar por todos los convencionalismos del “thriller“ y reducirlos a lo más simple en su guión, al contrario que en muchas obras anteriores, pero también deja que ciertos detalles salgan a la superficie mostrando una complejidad mayor.
Permitirnos profundizar en las emociones de esos protagonistas que tan bien interpretados están por Ching-Wan Lau y Francis Ng da alma y vida a la historia y deja entrever una interesante relación al estilo del clásico “The Killer“, se podría decir que un sello puramente hongkonés del género. Así se rompen un poco los acartonados estereotipos y el inspector no es alguien transparente, sino un agente atormentado, asfixiado por la violencia con la que ejerce su profesión y que le separa de su esposa y su hijo, cuya relación se da siempre desde la distancia.
El villano, por su parte, aunque de él averiguamos menos, no es un simple asesino y cuenta con una conciencia y un sentido del deber; la violencia que desencadena afianza la lucha con el anterior. Sin embargo esta humanización de los personajes no puede ir más allá por culpa de la velocidad que la trama requiere, moviéndose siempre a contrarreloj, como el contador de las bombas que Mak fabrica, y lo peor de este agujero en el guión es que las mujeres quedan desdibujadas, tanto la esposa de Bao (Fat-Yung Chan, la miss Hong Kong de 1.989) como la novia de Mak (Wai-Man Lee) no pasan de ser meros maniquíes que están siempre a su lado y de su parte.
También podría haberse desarrollado la complejidad de sus relaciones y elaborar a unos protagonistas incluso más sombríos y ambiguos; otro gran agujero sin sentido es la facilidad del criminal para introducirse en la vida privada del policía, incluso en su propio domicilio, y esto carece de explicación alguna. Si falla en todos estos detalles de caracterización en lo que Lam no lo hace es en crear uno de esos espectáculos por los que tanto merece la pena acercarse al “thriller“ hongkonés, y aún más al de su cosecha.
Rodando casi siempre sin permiso en distritos y calles de Hong Kong que desaparecieron tras el traspaso de Inglaterra a China, el director nos acelera el pulso a base de un áspero realismo violento sólo comparable al de los clásicos del género; bien es sabido el amor que profesa por “The French Connection“ o “Bullitt“, y eso se nota aquí. Al estilo guerrilla, entre transeúntes reales, policías y asesinos se matan, se despliegan grandes secuencias de persecución y tiroteos filmadas con oficio y sin la necesidad de esas florituras estéticas de Woo o To; la “marca de la casa“ de Lam es la potencia mágica del impacto directo a los sentidos.
Mientras tanto observa las traiciones sin compasión de los villanos (algunas demasiado violentas e inexplicables...) al mismo tiempo que el drama de esos agentes que van perdiendo la confianza en la eficacia de su trabajo y de sus compañeros. Uno de los momentos cumbre de la película, y de toda su carrera, inspirado por el “Atraco Perfecto“ de Kubrick, es el robo en el mítico Royal Hong Kong Jockey Club.
Siéndole prohibida toda colaboración también rodaría allí de forma clandestina, siguiendo un clímax brutal con el enfrentamiento cara a cara entre los protagonistas; se añade a esto una fuga de prisión, una persecución bajo el agua (interpretada por los mismos Lau y Ng) y ese atractivo desnudo y sucio que desprenden las calles de Hong Kong de los “90. Cual combinación de las entonces recientes “Heat“ y “Volar por los Aires“, “Full Alert“, de recaudación moderada, fue premiada y reconocida como uno de los mejores esfuerzos del cineasta.
Mad Warrior
7
Es la historia de siempre: dos hombres en lados opuestos a la ley, enfrentados en una cacería sin cuartel, un ratón y un gato persiguiéndose en encuentros violentos de tiroteos sin fin y destrucción generalizada.
Pero la cosa cambia cuando esa cacería la filma uno que entiende la esencia de la acción, y más que Ringo Lam no hay.
Lam, que a pesar de disfrutar de un éxito considerable en taquilla con su primera incursión en el cine norteamericano, “Al Límite del Riesgo“, por otro lado uno de los mejores títulos de la carrera de Van Damme, no quedó nada satisfecho con la experiencia cuando la productora manipuló el montaje, así que no tardó en regresar a Hong Kong con un “thriller“ en mente que, escrito junto a Wing-Kin Lau, fuese precisamente un sentido homenaje a su ciudad natal, la cual iba a dar el decisivo paso de la independencia y ser recuperada por China. Y este clima de incertidumbre, de ansiedad, de urgencia, se respira en cada fotograma de “Full Alert“.
Desde el principio, porque sin introducciones ni prólogos nos mete en el epicentro de un intenso duelo, el del inspector jefe de la Brigada Criminal, Bao, con el escurridizo experto en explosivos además de ladrón, Mak. Pero empezar la historia con su rutinaria detención y la de su novia Li-Hong es sólo eso, el principio del duelo que se establece entre dos hombres tan entregados a su trabajo que están dispuestos a dejarse la vida en ello; Lam puede pasar por todos los convencionalismos del “thriller“ y reducirlos a lo más simple en su guión, al contrario que en muchas obras anteriores, pero también deja que ciertos detalles salgan a la superficie mostrando una complejidad mayor.
Permitirnos profundizar en las emociones de esos protagonistas que tan bien interpretados están por Ching-Wan Lau y Francis Ng da alma y vida a la historia y deja entrever una interesante relación al estilo del clásico “The Killer“, se podría decir que un sello puramente hongkonés del género. Así se rompen un poco los acartonados estereotipos y el inspector no es alguien transparente, sino un agente atormentado, asfixiado por la violencia con la que ejerce su profesión y que le separa de su esposa y su hijo, cuya relación se da siempre desde la distancia.
El villano, por su parte, aunque de él averiguamos menos, no es un simple asesino y cuenta con una conciencia y un sentido del deber; la violencia que desencadena afianza la lucha con el anterior. Sin embargo esta humanización de los personajes no puede ir más allá por culpa de la velocidad que la trama requiere, moviéndose siempre a contrarreloj, como el contador de las bombas que Mak fabrica, y lo peor de este agujero en el guión es que las mujeres quedan desdibujadas, tanto la esposa de Bao (Fat-Yung Chan, la miss Hong Kong de 1.989) como la novia de Mak (Wai-Man Lee) no pasan de ser meros maniquíes que están siempre a su lado y de su parte.
También podría haberse desarrollado la complejidad de sus relaciones y elaborar a unos protagonistas incluso más sombríos y ambiguos; otro gran agujero sin sentido es la facilidad del criminal para introducirse en la vida privada del policía, incluso en su propio domicilio, y esto carece de explicación alguna. Si falla en todos estos detalles de caracterización en lo que Lam no lo hace es en crear uno de esos espectáculos por los que tanto merece la pena acercarse al “thriller“ hongkonés, y aún más al de su cosecha.
Rodando casi siempre sin permiso en distritos y calles de Hong Kong que desaparecieron tras el traspaso de Inglaterra a China, el director nos acelera el pulso a base de un áspero realismo violento sólo comparable al de los clásicos del género; bien es sabido el amor que profesa por “The French Connection“ o “Bullitt“, y eso se nota aquí. Al estilo guerrilla, entre transeúntes reales, policías y asesinos se matan, se despliegan grandes secuencias de persecución y tiroteos filmadas con oficio y sin la necesidad de esas florituras estéticas de Woo o To; la “marca de la casa“ de Lam es la potencia mágica del impacto directo a los sentidos.
Mientras tanto observa las traiciones sin compasión de los villanos (algunas demasiado violentas e inexplicables...) al mismo tiempo que el drama de esos agentes que van perdiendo la confianza en la eficacia de su trabajo y de sus compañeros. Uno de los momentos cumbre de la película, y de toda su carrera, inspirado por el “Atraco Perfecto“ de Kubrick, es el robo en el mítico Royal Hong Kong Jockey Club.
Siéndole prohibida toda colaboración también rodaría allí de forma clandestina, siguiendo un clímax brutal con el enfrentamiento cara a cara entre los protagonistas; se añade a esto una fuga de prisión, una persecución bajo el agua (interpretada por los mismos Lau y Ng) y ese atractivo desnudo y sucio que desprenden las calles de Hong Kong de los “90. Cual combinación de las entonces recientes “Heat“ y “Volar por los Aires“, “Full Alert“, de recaudación moderada, fue premiada y reconocida como uno de los mejores esfuerzos del cineasta.
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