La nueva película de Paula Ortiz no logra cuajar ni en narrativa ni en dirección. Lo que podría haber sido una historia brutal queda diluida en un guion que no explora ni a sus personajes ni a sus tramas, dejando todo a medio cocinar: la escritora, la hija, la madre torturadora, todo se siente sin alma ni profundidad. Ortiz prioriza los planos bonitos y los efectos estéticos, pero sin un sentido claro, haciendo que la película parezca más un videoclip que un relato sólido. Los susurros ininteligibles de Nadja y metáforas como la escultura rota son más risibles que emotivas, y con tanto primer plano y tan poco ritmo en el montaje, la experiencia acaba siendo tediosa. Una pena, porque la historia daba para mucho más.
AJPP
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La nueva película de Paula Ortiz no logra cuajar ni en narrativa ni en dirección. Lo que podría haber sido una historia brutal queda diluida en un guion que no explora ni a sus personajes ni a sus tramas, dejando todo a medio cocinar: la escritora, la hija, la madre torturadora, todo se siente sin alma ni profundidad. Ortiz prioriza los planos bonitos y los efectos estéticos, pero sin un sentido claro, haciendo que la película parezca más un videoclip que un relato sólido. Los susurros ininteligibles de Nadja y metáforas como la escultura rota son más risibles que emotivas, y con tanto primer plano y tan poco ritmo en el montaje, la experiencia acaba siendo tediosa. Una pena, porque la historia daba para mucho más.
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