Ficha J. Edgar

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Críticas de J. Edgar (1)


Mad Warrior

  • 28 Jan 2025

7



“Helen Gandy destruyó los archivos justo después de su muerte. ¿Qué contenían?, nunca lo sabremos. Me gusta la idea de que todo su poder pudiera haber dependido de palabras vacías“, dijo el sr. Eastwood tras el estreno de la película para la que el productor Brian Grazer le seleccionó con buen ojo.
Sin duda esta era una obra hecha para su estilo, visión, eficiencia y conocimiento de la exactitud histórica, si bien el hombre que la protagoniza fue de esos casos de leyenda enterrada bajo secretos, misterios y rumores indescifrables. Esa sensación causa el nombre de Edgar Hoover: misterio.

En la noche del 2 de Junio de 1.919 una bomba-trampa estalla frente a la casa del fiscal Mitchell Palmer en R. Street en Washington; fue sólo una de las más de treinta que sirvieron para atacar a funcionarios, hombres de negocios, fiscales y altos cargos políticos. Uno de los sucesos clave de la ola comunista-anarquista que sumió a EE.UU. en un clima de tensión y miedo es presenciada por un Edgar de 24 años dispuesto a frenarla desde su puesto en un Departamento de Justicia obsoleto y a falta de una reorganización; Leonardo DiCaprio, con su facilidad para meterse bajo la piel de individuos complejos y oscuros, encarna de maravilla al futuro director de la Oficina de Investigación en su juventud.
Eastwood nos guía así a través de hechos que marcaron su vida, desde ese instante, a través de su puesta en escena habitual: rica en detalles, de sabor clásico y magnificada por un excelente trabajo de fotografía y diseño de producción; si en algo nunca falla es en la perfección con la que se vuelca en sus obras de época. Para Dustin Black, encargado del guión, el protagonista despertaba en él diversos sentimientos, pero dijo “Ante todo quería acercarme lo más posible a la verdad“; y de esa forma entramos en su vida privada con una naturalidad y sencillez propia del cine de director.

Entramos en su hogar, sometido con mano de hierro por una madre (brillante Judi Dench) ultraconservadora, tenaz y obsesiva, una moderna Lady MacBeth. Todo parece basarse en un juego de ambiciones transferido cual veneno: la madre alienta a su hijo implacablemente a alcanzar un puesto respetable en la sociedad sólo para salir de su mustio hogar luciendo caros vestidos y agarrada del brazo de un hombre joven, del mismo modo que Edgar se sirve de las tragedias que azotan al país a lo largo de los años para aumentar su prestigio y fama. De este modo Black se arriesga a retratar a un tipo en esencia débil, inseguro, dependiente de atención e incapaz de expresar sus verdaderos sentimientos...
Tragedias presentadas a modo de eventos episódicos, destacando la aparición de los gángsters en el auge de la Depresión y la (absurda) reacción del pueblo de verles como héroes populares (típico de Norteamérica). Pero el suceso más interesante en el que se detiene el guión es el secuestro del pequeño Charles Lindbergh Jr. en Marzo de 1.932, que atrajo la atención de todos; en esto se debería haber centrado Black, porque es un caso de importancia histórica que incentivó a hacer realidad las nuevas tácticas de investigación en las que Hoover tanto confiaba, además de la aplicación de las nuevas leyes federales contra el crimen.

Eastwood pudo haberlo usado igual que en “El Intercambio“: narrando las tramas en paralelo. Pero en una decisión nada acertada el argumento se narra igual que en “Bird“: con recurrentes idas y venidas en el tiempo, desde la agitada juventud de Edgar a sus años de vejez en los EE.UU. de los “60, donde se haya carcomido por la desconfianza, la soledad, el abuso de poder, la amargura y su obsesión por el comunismo. Es más, desde el principio la trama se nos ha ido contando de un modo peculiar: desde la perspectiva del propio protagonista, quien está dictando una autobiografía a jóvenes escritores-fantasma.
Una biografía desde dicha perspectiva que da pie a la certeza de una malévola manipulación de los hechos reales. Eastwood descabeza a otra figura clave de la Historia norteamericana mientras Black indaga en su ferozmente protegida privacidad, por medio de un agudo y conmovedor comentario sobre la posible relación homosexual con su ayudante Clyde A. Tolson desde su entrada en el F.B.I. y la curiosa amistad que le unía a su secretaria Helen. Por desgracia, además de desaprovecharse a una gran actriz como Naomi Watts (que está pero que no está...), la desordenada estructura plagada de “flashbacks“ impide que nos involucremos en la evolución del personaje.

Podemos apreciar su degradación y corrupción moral desde una década a otra, pero, al menos a un servidor, le es imposible interiorizarla y sentirla. La historia debería haberse quedado en los años “30, el secuestro del bebé convertirse en el pilar en que apoyarse la narrativa, sin ir atrás y adelante todo el rato ni introducirnos de repente en las rencillas del protagonista con los hermanos Kennedy ni en sus ataques de ira contra Luther King (¿a mí qué más me dan los Kennedy?, ya se ha hablado mucho sobre ellos...).
¿Y para qué? Otra de las mayores tragedias de EE.UU., el asesinato de John Fitzgerald, es observada de lejos, desde la gélida indiferencia de un viejo podrido y oculto en su mundo de sombras. Da la impresión de que, según la película, a esa edad el poderoso Hoover sólo paseaba frotándose las manos en su despacho, maldiciendo y conspirando contra todos cual viejo cascarrabias de telenovela, pero nadie le tenía en cuenta ni lo más mínimo.

En todos los demás aspectos Eastwood filma una gran obra; en cuanto al guión, Black debió haberlo planteado de otra manera...



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