Nos había abandonado, sin mediar palabra, pero él sabía que necesitábamos su mano protectora, su justicia malencarada.
Sin embargo no le llamen esta vez sr. Tibbs, no quiere que conozcamos su verdadera identidad...
Pero era él, ¿quién lo iba a decir? La gran estrella y mejor persona Sidney Poitier hizo bien en tomarse un descanso cuando empezó a aparecer y dirigir algunas comedias insustanciales, aunque seguía teniendo ese carisma intacto. Y cuando decidió tomarse un buen descanso para escribir su autobiografía no pudo creer el guión que le cayó en las manos, cuyo papel protagonista estaba escrito pensando en él; tal vez se sintió tentado en un momento en que el cine de entretenimiento se basaba en costosas aventuras de acción ocupadas por tipos duros. ¿Y más duro que Poitier? No había nadie.
Así es como se presenta, entrando con su par de narices a resolver un caso sin pies ni cabeza: se supone que un tipejo obliga al dueño de una tienda de joyas a darle todo mientras espera tranquilamente en casa de éste con su esposa; pero por qué no tiene a un compañero para vigilarle mientras lo hace es lo que escapa a mi lógica...pues la policía no tardará en intervenir, está claro. El guión, que mete de cabeza al actor en el rol de un agente del FBI “muy viajado“, como se suele decir, fotocopiando a Virgil Tibbs y dándole otro nombre (Stantin), empieza con mucha violencia y entusiasmo pero ningún sentido común.
El protagonista llega, por cierto, de la nada, y nunca sabremos de él más allá de lo que vemos en pantalla; esta pésima caracterización debe ser el resultado de una mitificación de Poitier en tributo a su clásico inspector, pero resulta pobre y confuso. Roger Spottiswoode, artesano eficaz para el “thriller“, filma con su habitual nervio y efectúa unos golpes de violencia que acercan a “Dispara a Matar“ al estilo del policíaco de los “70: directo y brutal (física y verbalmente); desde luego Poitier disfruta en su nuevo papel tras más de una década lejos de la gran pantalla, pero el material que le dan no es el adecuado o está a falta de una buena revisión.
Y para muestra el extraño desarrollo de esta trama, que de repente salta del entorno urbano al salvaje cuando el secuestrador, extorsionista y también asesino sádico está huyendo a través de las montañas para llegar a la frontera, una situación parecida a la de “Acorralado“...sin embargo seguimos con las tonterías: Brian Dennehy necesitaba todo un equipo para capturar a Rambo; aquí Stantin va solo porque así es como debe ser, sin otra explicación. Como una mezcla de la película de Kotcheff, “Harry, “el Sucio“ “ y “Límite: 48 h.“, esto avanza uniendo al agente con el mejor guía del país para atrapar al villano.
El primero es Knox, o lo que es lo mismo: Tom Berenger interpretándose a sí mismo por enésima vez, pero este hombre tiene carisma y presencia, incluso más que el sesentón de Poitier, quien es sólo el reciclado de varios viejos arquetipos. El segundo se nos oculta durante un tramo entre un grupo de idiotas que anda de excursión por la montaña, hasta su brutal e increíble revelación; pueden hacerse los sorprendidos si lo desean, pero teniendo en cuenta que uno de ellos es Clancy Brown no hay secretos ni nada de nada (fue el Kurgan de “Los Inmortales“, por favor, ¡no pasa desapercibido para nadie!).
Todo lo demás queda en la efectividad de la intriga. Firmado por Harv Zimmel, que había participado en la serie televisiva de corta vida “High Mountain Rangers“ (de ahí la inspiración aventurera de la historia), Spottiswoode consigue de alguna manera milagrosa dar el ritmo adecuado al guión, equilibrando la sensación de suspense constante y la violencia con toques de humor derivado de la relación entre Knox y Stantin, que como es también previsible evolucionará de poco amistosa a muy íntima en cuestión de minutos. Aunque en la vida real disfrutasen mucho la colaboración, que me disculpen Berenger y Poitier, pues no veo esa maravillosa química entre sus personajes, en ningún sitio y en ningún momento...
Menos creíbles resultan las escenas entre el villano y Sarah (una entonces jovencita Kirstie Alley), a quien ha secuestrado. Como la pareja protagonista: no hay ninguna introspección en ellos, ni un detalle dramático que les dé algo de profundidad; a todos los personajes los conocemos gracias a una situación forzada y se desarrollan e interactúan sólo acorde a ella, sin evolucionar más allá. Puro y simple “thriller“ de entretenimiento que comete su mayor error al dejar el bello entorno de montaña y regresar de nuevo a la ciudad en su 3.er acto...
¿Y por qué demonios debe ocurrir esto? Si ya estaba dispuesto el escenario, que era lo único que daba algo de protagonismo a Knox y Sarah, ¿cuál es la necesidad de volver a las calles y a las persecuciones en coche? Todo se convierte en rutinario, y Berenger y Alley quedan relegados para que Poitier se haga con toda nuestra atención, ¡y no será porque no se esfuerza! Así esta “Dispara a Matar“ se termina convirtiendo en la nunca admitida 4.ª y última entrega de las aventuras de Tibbs...se nota que esa es la intención del nativo de Florida.
Eso sí, queda para la posteridad algo que yo y todo el mundo deseaba ver antes de morir: su secuencia de “pelea a muerte“ con un oso en mitad del bosque.
Si no aplaude con esto no se considere fan de Poitier.
Mad Warrior
6
Nos había abandonado, sin mediar palabra, pero él sabía que necesitábamos su mano protectora, su justicia malencarada.
Sin embargo no le llamen esta vez sr. Tibbs, no quiere que conozcamos su verdadera identidad...
Pero era él, ¿quién lo iba a decir? La gran estrella y mejor persona Sidney Poitier hizo bien en tomarse un descanso cuando empezó a aparecer y dirigir algunas comedias insustanciales, aunque seguía teniendo ese carisma intacto. Y cuando decidió tomarse un buen descanso para escribir su autobiografía no pudo creer el guión que le cayó en las manos, cuyo papel protagonista estaba escrito pensando en él; tal vez se sintió tentado en un momento en que el cine de entretenimiento se basaba en costosas aventuras de acción ocupadas por tipos duros. ¿Y más duro que Poitier? No había nadie.
Así es como se presenta, entrando con su par de narices a resolver un caso sin pies ni cabeza: se supone que un tipejo obliga al dueño de una tienda de joyas a darle todo mientras espera tranquilamente en casa de éste con su esposa; pero por qué no tiene a un compañero para vigilarle mientras lo hace es lo que escapa a mi lógica...pues la policía no tardará en intervenir, está claro. El guión, que mete de cabeza al actor en el rol de un agente del FBI “muy viajado“, como se suele decir, fotocopiando a Virgil Tibbs y dándole otro nombre (Stantin), empieza con mucha violencia y entusiasmo pero ningún sentido común.
El protagonista llega, por cierto, de la nada, y nunca sabremos de él más allá de lo que vemos en pantalla; esta pésima caracterización debe ser el resultado de una mitificación de Poitier en tributo a su clásico inspector, pero resulta pobre y confuso. Roger Spottiswoode, artesano eficaz para el “thriller“, filma con su habitual nervio y efectúa unos golpes de violencia que acercan a “Dispara a Matar“ al estilo del policíaco de los “70: directo y brutal (física y verbalmente); desde luego Poitier disfruta en su nuevo papel tras más de una década lejos de la gran pantalla, pero el material que le dan no es el adecuado o está a falta de una buena revisión.
Y para muestra el extraño desarrollo de esta trama, que de repente salta del entorno urbano al salvaje cuando el secuestrador, extorsionista y también asesino sádico está huyendo a través de las montañas para llegar a la frontera, una situación parecida a la de “Acorralado“...sin embargo seguimos con las tonterías: Brian Dennehy necesitaba todo un equipo para capturar a Rambo; aquí Stantin va solo porque así es como debe ser, sin otra explicación. Como una mezcla de la película de Kotcheff, “Harry, “el Sucio“ “ y “Límite: 48 h.“, esto avanza uniendo al agente con el mejor guía del país para atrapar al villano.
El primero es Knox, o lo que es lo mismo: Tom Berenger interpretándose a sí mismo por enésima vez, pero este hombre tiene carisma y presencia, incluso más que el sesentón de Poitier, quien es sólo el reciclado de varios viejos arquetipos. El segundo se nos oculta durante un tramo entre un grupo de idiotas que anda de excursión por la montaña, hasta su brutal e increíble revelación; pueden hacerse los sorprendidos si lo desean, pero teniendo en cuenta que uno de ellos es Clancy Brown no hay secretos ni nada de nada (fue el Kurgan de “Los Inmortales“, por favor, ¡no pasa desapercibido para nadie!).
Todo lo demás queda en la efectividad de la intriga. Firmado por Harv Zimmel, que había participado en la serie televisiva de corta vida “High Mountain Rangers“ (de ahí la inspiración aventurera de la historia), Spottiswoode consigue de alguna manera milagrosa dar el ritmo adecuado al guión, equilibrando la sensación de suspense constante y la violencia con toques de humor derivado de la relación entre Knox y Stantin, que como es también previsible evolucionará de poco amistosa a muy íntima en cuestión de minutos. Aunque en la vida real disfrutasen mucho la colaboración, que me disculpen Berenger y Poitier, pues no veo esa maravillosa química entre sus personajes, en ningún sitio y en ningún momento...
Menos creíbles resultan las escenas entre el villano y Sarah (una entonces jovencita Kirstie Alley), a quien ha secuestrado. Como la pareja protagonista: no hay ninguna introspección en ellos, ni un detalle dramático que les dé algo de profundidad; a todos los personajes los conocemos gracias a una situación forzada y se desarrollan e interactúan sólo acorde a ella, sin evolucionar más allá. Puro y simple “thriller“ de entretenimiento que comete su mayor error al dejar el bello entorno de montaña y regresar de nuevo a la ciudad en su 3.er acto...
¿Y por qué demonios debe ocurrir esto? Si ya estaba dispuesto el escenario, que era lo único que daba algo de protagonismo a Knox y Sarah, ¿cuál es la necesidad de volver a las calles y a las persecuciones en coche? Todo se convierte en rutinario, y Berenger y Alley quedan relegados para que Poitier se haga con toda nuestra atención, ¡y no será porque no se esfuerza! Así esta “Dispara a Matar“ se termina convirtiendo en la nunca admitida 4.ª y última entrega de las aventuras de Tibbs...se nota que esa es la intención del nativo de Florida.
Eso sí, queda para la posteridad algo que yo y todo el mundo deseaba ver antes de morir: su secuencia de “pelea a muerte“ con un oso en mitad del bosque.
Si no aplaude con esto no se considere fan de Poitier.
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