Críticas de La Brigada del Sombrero (Mulholland Falls) (1)
Mad Warrior
22 Nov 2024
7
The Hat Squad. Caso n.º 176: La chica con el cristal en el talón
Así podría llamarse esta historia de pertenecer a una popular serie televisiva de los años “50. En realidad “The Hat Squad“ sí existió, pero no llegó a acumular 176 episodios, porque fue cancelada tan sólo cuatro meses después de iniciar su emisión en Septiembre de 1.992.
Tal vez es que el momento de los seriales policíacos de estilo clásico había llegado a su fin...
Lee Tamahori, tras el fracaso de taquilla de “Mulholland Falls“, lo expresaba con igual amargura pensando en géneros como el “noir“ o el “western“, que ya “Casi nadie recuerda ni tienen suficiente atracción para recaudar el dinero que esperan los estudios de Hollywood“. Muy distinta esta sensación de derrota a la que tuvo cuando, subido al carro del prestigio internacional gracias a “Guerreros de Antaño“, fue elegido por Richard Zanuck, encantado con esta pequeña obra maestra, para ocuparse del guión del autor Peter Dexter, inspirado en la real “Brigada del Sombrero“, el terror de gángsters y otros delincuentes en Los Angeles desde los “40 hasta finales de los “50.
Max Herman, Clarence Stromwall, Harry Crowder y Ed Benson eran los individuos más duros que pisaron el departamento de policía de la ciudad en aquellos tiempos, un grupo que cobra vida en pantalla gracias a la solidez de Nick Nolte, Chazz Palminteri, Michael Madsen y Chris Penn; sólo necesitamos una escena introductoria de estos muy bestias guardianes de la ley dejando las cosas claras al mafioso de turno que quiere darse importancia para entender cómo actuaban. Impensable hoy día. Tamahori graba con sangre el estilo que con tanta ambición persigue.
Pero antes una mujer. O su sombra. Por medio de unas grabaciones caseras conocemos a Allison, una prostituta con el encanto y el físico explosivo (cuando entonces aún lo tenía) de Jennifer Connelly, quien se convertirá en la pieza central de la trama. Su cuerpo hecho pedazos en mitad de una zona de obras abre la intriga como muchos otros clásicos del cine negro, o quizás sea la versión “noir“ de aquella Laura Palmer que flotaba a las orillas de un río, cuyo misterio Lynch usaba también para homenajear al género. La investigación se inicia igual: con grabaciones caseras, y sólo conoceremos a la chica a través de “flashbacks“.
Tamahori, gran fan de “Chinatown“, disfruta de la recreación de esta época mítica con la ayuda del diseñador de producción de aquélla, Richard Sylbert. Mientras, su amor por el cine de Siegel y Peckinpah se expresa en un ejercicio de puro estilo rebosante de violencia, sordidez y mala sombra, pero la joya de la corona son los diálogos de Dexter, que podrían pasar por una combinación de Raymond Chandler y Quentin Tarantino (la verdad es que hay mucho toque “tarantiniano“ por aquí, y contar con Sally Menke al montaje y las caras de Madsen y Penn lo refuerza). La trama, por su parte, ofrece un comienzo muy poderoso.
Lo malo es que, por culpa de los recortes que exigió Zanuck en el montaje, todo el hilo argumental se ramifica, se reduce, se desinfla y, en última instancia, se pierde; por su estilo y su técnica es imposible no maravillarse con los ambientes de “Mulholland Falls“...sin embargo hay un gran vacío en cuanto a sustancia. Lo primero que se espera es un rico desarrollo de personajes, pero quedan desdibujados en favor de la prostituta asesinada y Max (Nolte, básicamente, vuelve a interpretar al Jack de “Límite: 48 h.“), ya que la trama se centra en su trágico romance, y ni siquiera la esposa de éste (encarnada por la notable Melanie Griffith) goza de una descripción mínimamente atractiva.
Después, todo lo referente a la relación del cadáver de la chica con la zona de pruebas atómicas da un toque original a la historia, navegando en la conspiración gubernamental, acercándose a la ficción, muy en la línea de lo que ofrecía “Chinatown“...por desgracia, otra vez, el guión no es capaz de enhebrar una compleja intriga, deja a muchos secundarios sin una función clara, carga todo el peso sobre los hombros del protagonista, que actúa solo, y vuelve atrás en el tiempo para recordar ese romance con Allison, mientras se divierte con artificiosas escenas de acción que sirven de puro relleno.
Para remate, John Malkovich da vida a un general del ejército, y potencial villano; tal vez Dexter juegue bien esa trampa al hacer que lo creamos para luego pasar la culpabilidad a otro personaje. Por desgracia, y ya son tres, dicho personaje no nos importa un pimiento; la gran intriga que tanto prometía lo de las pruebas atómicas se evapora cuando Max en persona desecha un descubrimiento vital de la investigación ante las narices del general (quien, sin vergüenza alguna, confiesa su relación con Allison...¿es en serio?), y la subtrama de las cintas caseras no es lo suficientemente interesante.
Eso se olvida enseguida, y la chica se olvida, y la participación de Madsen, Penn y Griffith también se olvida (¿dónde quedaron todos?...seguramente en los pedazos de metraje recortados por el miserable Zanuck); lo que sí tuvo el estudio es un clímax espectacular, alucinógeno como poco, a bordo de un avión (más propio para una aventura de Schwarzenegger que para un “noir“ clásico). Aun así los fallos garrafales que cometió el estudio no hicieron mella en la admiración de Tamahori por su propia obra, que, lástima, pudo ser toda una precursora de “L.A. Confidential“, pero se quedó en tierra de nadie, abandonada, olvidada...
Igual que la pobre Allison, o Max en el cementerio tras la dolorosa (y genial) línea de Katherine...
Mad Warrior
7
The Hat Squad. Caso n.º 176: La chica con el cristal en el talón
Así podría llamarse esta historia de pertenecer a una popular serie televisiva de los años “50. En realidad “The Hat Squad“ sí existió, pero no llegó a acumular 176 episodios, porque fue cancelada tan sólo cuatro meses después de iniciar su emisión en Septiembre de 1.992.
Tal vez es que el momento de los seriales policíacos de estilo clásico había llegado a su fin...
Lee Tamahori, tras el fracaso de taquilla de “Mulholland Falls“, lo expresaba con igual amargura pensando en géneros como el “noir“ o el “western“, que ya “Casi nadie recuerda ni tienen suficiente atracción para recaudar el dinero que esperan los estudios de Hollywood“. Muy distinta esta sensación de derrota a la que tuvo cuando, subido al carro del prestigio internacional gracias a “Guerreros de Antaño“, fue elegido por Richard Zanuck, encantado con esta pequeña obra maestra, para ocuparse del guión del autor Peter Dexter, inspirado en la real “Brigada del Sombrero“, el terror de gángsters y otros delincuentes en Los Angeles desde los “40 hasta finales de los “50.
Max Herman, Clarence Stromwall, Harry Crowder y Ed Benson eran los individuos más duros que pisaron el departamento de policía de la ciudad en aquellos tiempos, un grupo que cobra vida en pantalla gracias a la solidez de Nick Nolte, Chazz Palminteri, Michael Madsen y Chris Penn; sólo necesitamos una escena introductoria de estos muy bestias guardianes de la ley dejando las cosas claras al mafioso de turno que quiere darse importancia para entender cómo actuaban. Impensable hoy día. Tamahori graba con sangre el estilo que con tanta ambición persigue.
Pero antes una mujer. O su sombra. Por medio de unas grabaciones caseras conocemos a Allison, una prostituta con el encanto y el físico explosivo (cuando entonces aún lo tenía) de Jennifer Connelly, quien se convertirá en la pieza central de la trama. Su cuerpo hecho pedazos en mitad de una zona de obras abre la intriga como muchos otros clásicos del cine negro, o quizás sea la versión “noir“ de aquella Laura Palmer que flotaba a las orillas de un río, cuyo misterio Lynch usaba también para homenajear al género. La investigación se inicia igual: con grabaciones caseras, y sólo conoceremos a la chica a través de “flashbacks“.
Tamahori, gran fan de “Chinatown“, disfruta de la recreación de esta época mítica con la ayuda del diseñador de producción de aquélla, Richard Sylbert. Mientras, su amor por el cine de Siegel y Peckinpah se expresa en un ejercicio de puro estilo rebosante de violencia, sordidez y mala sombra, pero la joya de la corona son los diálogos de Dexter, que podrían pasar por una combinación de Raymond Chandler y Quentin Tarantino (la verdad es que hay mucho toque “tarantiniano“ por aquí, y contar con Sally Menke al montaje y las caras de Madsen y Penn lo refuerza). La trama, por su parte, ofrece un comienzo muy poderoso.
Lo malo es que, por culpa de los recortes que exigió Zanuck en el montaje, todo el hilo argumental se ramifica, se reduce, se desinfla y, en última instancia, se pierde; por su estilo y su técnica es imposible no maravillarse con los ambientes de “Mulholland Falls“...sin embargo hay un gran vacío en cuanto a sustancia. Lo primero que se espera es un rico desarrollo de personajes, pero quedan desdibujados en favor de la prostituta asesinada y Max (Nolte, básicamente, vuelve a interpretar al Jack de “Límite: 48 h.“), ya que la trama se centra en su trágico romance, y ni siquiera la esposa de éste (encarnada por la notable Melanie Griffith) goza de una descripción mínimamente atractiva.
Después, todo lo referente a la relación del cadáver de la chica con la zona de pruebas atómicas da un toque original a la historia, navegando en la conspiración gubernamental, acercándose a la ficción, muy en la línea de lo que ofrecía “Chinatown“...por desgracia, otra vez, el guión no es capaz de enhebrar una compleja intriga, deja a muchos secundarios sin una función clara, carga todo el peso sobre los hombros del protagonista, que actúa solo, y vuelve atrás en el tiempo para recordar ese romance con Allison, mientras se divierte con artificiosas escenas de acción que sirven de puro relleno.
Para remate, John Malkovich da vida a un general del ejército, y potencial villano; tal vez Dexter juegue bien esa trampa al hacer que lo creamos para luego pasar la culpabilidad a otro personaje. Por desgracia, y ya son tres, dicho personaje no nos importa un pimiento; la gran intriga que tanto prometía lo de las pruebas atómicas se evapora cuando Max en persona desecha un descubrimiento vital de la investigación ante las narices del general (quien, sin vergüenza alguna, confiesa su relación con Allison...¿es en serio?), y la subtrama de las cintas caseras no es lo suficientemente interesante.
Eso se olvida enseguida, y la chica se olvida, y la participación de Madsen, Penn y Griffith también se olvida (¿dónde quedaron todos?...seguramente en los pedazos de metraje recortados por el miserable Zanuck); lo que sí tuvo el estudio es un clímax espectacular, alucinógeno como poco, a bordo de un avión (más propio para una aventura de Schwarzenegger que para un “noir“ clásico). Aun así los fallos garrafales que cometió el estudio no hicieron mella en la admiración de Tamahori por su propia obra, que, lástima, pudo ser toda una precursora de “L.A. Confidential“, pero se quedó en tierra de nadie, abandonada, olvidada...
Igual que la pobre Allison, o Max en el cementerio tras la dolorosa (y genial) línea de Katherine...
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