Me encanta esta película, no sólo por ser una adaptación de los relatos del gran Edgar Allan Poe, sino también por ser una película muy oscura e inquietante en sus dos segmentos.
Esta película se encuentra además en el listado de mis favoritas de todos los tiempos.
Muy buen reportaje.
Saludos.
En defensa de “Los Ojos del Diablo”: la colaboración olvidada de dos leyendas del terror
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Hubo un momento, a principios de los 90, en el que el terror clásico parecía estar perdiendo espacio frente al slasher tardío y el thriller más estilizado. En medio de ese contexto apareció Los Ojos del Diablo (1990), conocida internacionalmente como Due Occhi Diabolici (Two Evil Eyes), una coproducción entre Italia y Estados Unidos que reunía nada menos que a George A. Romero y Dario Argento adaptando relatos de Edgar Allan Poe.
En su día no fue recibida como el gran evento que parecía sobre el papel —dos leyendas del terror trabajando juntas no era poca cosa— y con el tiempo ha quedado un poco desplazada dentro de las filmografías de ambos. Sin embargo, revisada hoy, es una pieza mucho más interesante de lo que muchos recuerdan.
No es una obra perfecta, tampoco lo pretende, pero sí es una rareza con personalidad propia, un experimento curioso que mezcla dos sensibilidades muy distintas bajo el paraguas del universo de Poe.
Dos maestros, dos visiones muy diferentes
La película está dividida en dos segmentos. El primero, The Facts in the Case of Mr. Valdemar, dirigido por Romero, apuesta por un tono más sobrio y contemporáneo, con un reparto encabezado por Adrienne Barbeau, Ramy Zada y Bingo O’Malley. Romero adapta el relato de Poe desde una óptica más realista, casi clínica, construyendo una historia de manipulación, hipnosis y ambición que encaja bastante bien con su mirada social habitual.El segundo segmento, The Black Cat, dirigido por Argento, es todo lo contrario: barroco, estilizado y visualmente excesivo. Aquí encontramos a Harvey Keitel en un papel sorprendentemente intenso, acompañado por Madeleine Potter y Martin Balsam. Argento convierte el relato en una historia sobre celos, obsesión artística y violencia doméstica con su sello visual inconfundible.
Dos estilos que chocan, sí, pero que también hacen que la película tenga un atractivo particular.
El Poe más libre (y menos académico)
Ninguno de los dos segmentos es una adaptación literal. Tanto Romero como Argento toman los relatos originales como punto de partida y los reinterpretan con libertad. Esto fue, en su momento, uno de los motivos por los que la película generó división: no era una versión “clásica” de Poe, sino una lectura moderna y personal.Romero se centra en la codicia y el egoísmo, temas muy presentes en su cine. Argento, en cambio, explota la culpa y la obsesión con una puesta en escena más exagerada, más cercana al giallo que al terror literario tradicional.
Esa libertad creativa, vista hoy, se siente más como una virtud que como un defecto.
Una coproducción con aroma noventero
Formalmente, Los Ojos del Diablo es muy hija de su tiempo. La fotografía, la música y el ritmo responden a una estética de transición entre el terror ochentero más físico y el thriller psicológico de los 90. No hay CGI desmedido ni grandes artificios digitales. Todo se apoya en la interpretación y en la atmósfera.Puede que el resultado no sea homogéneo —es inevitable cuando juntas a dos directores tan distintos—, pero precisamente esa irregularidad le da carácter. No es una película neutra. Se nota que detrás hay autores con personalidad.
Imperfecta, sí. Pero fascinante.
La mayor crítica que suele hacérsele es que los dos segmentos no encajan del todo entre sí. Y es cierto. Pero también es parte de su encanto: estamos viendo dos maneras de entender el terror enfrentadas bajo un mismo título.No es la mejor película de Romero. Tampoco la más icónica de Argento. Pero sí es una colaboración singular que, por el simple hecho de existir, merece más atención de la que suele recibir.
¿Por qué defenderla ahora?
Porque reúne a dos gigantes del género en un experimento poco habitual.Porque ofrece dos visiones complementarias (y enfrentadas) del legado de Poe.
Y porque, más allá de sus irregularidades, tiene identidad propia.
Puede que no sea un clásico unánime.
Pero tampoco es esa curiosidad menor que algunos han querido ver.
A veces el valor de una película no está en su perfección, sino en su atrevimiento. Y Los Ojos del Diablo, al menos, se atrevió a juntar a Romero y Argento bajo el mismo techo. Solo por eso ya merece una segunda mirada.
¿Dónde verla online?
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