Yo creo que este formato funciona más de alquiler, son pelis modernas que no te encuentras en Netflix y la alquilas por 5 pavos que al cambio actual es lo que cobraría un videoclub de la época. Ahí tiene sentido. Comprarla ? Ninguno si no la puedo descargar y guárdala bajo llave.
Reportar CitarMuy buen reportaje.
Y claro, los puntos 1 y 5 de este artículo son los más importantes, en especial cuando se usan plataformas: la ilusión de propiedad de una película digital.
Es un arma de dos filos: por un lado, la garantía de “salvaguardar“ o ahorrar espacio (tanto físico como virtual), ya sea en una “nube“ o biblioteca digital; pero por otro lado la realidad es que se está pagando ¡¡Por poseer nada!!
Este tipo de coleccionismo digital de películas lamentablemente no tiene muchas opciones de verdadera posesión, a diferencia de la musica en dónde, por ejemplo, sí se puede poseer un archivo MP3.
Yo tengo una colección en itunes de casi 100 pelis y nunca se me ha borrado ninguna. Supongo que serán casos muy aislados. A mí me parece el futuro. Es cómodo y no ocupa espacio y la calidad es bestial sé cómo un bluray salvo que tengas un cine en casa que no es mi caso.
El físico ya murió hace tiempo. Hay más en digital que en físico y encima las pelis siempre salen antes. Avatar 3 lleva varias semanas y en físico creo que no sale hasta junio.
Pues al final es un poco chorrada, es básicamente una ilusión de propiedad. Te venden la sensación de esto es mío cuando en realidad más bien es un tienes permiso para verlo… mientras todo siga en pie.
Es como si te vendieran un coche… pero con una cláusula que dice que el fabricante puede venir a llevárselo si cambia el contrato.
Muy interesante reportaje. Tienen la razon en diferentes puntos. Yo antes tenia Apple TV. Ahora tengo Prime Video pero es solo por las compras de Amazon.
Y que pasa con la coleccion de pelis en nubes o discos duros? Esas que siempre estaran en tu computadora XD
Las descargadas en Torrent, Kazaa, Emule, eDonkey, etc.
yo soy usuario de netflix,me encanta,tengo mi coleccion tambien de favoritas,animes,series y peliculas,no me importa pagar porque se que ese dinero se aprovecha en mi entretenimiento,prefiero eso a las versiones piratas mal sincronisadas o mal grabadas que hay en otros lugares ilegales
Reportar CitarOtro artículo inútil cegado por la nostalgia, ni dilemas ni nada, toda la vida desde que se inventó el audiovisual ERA y ES TEMPORAL..NUNCA NI NADA FUE TUYO. Cuando uno va al cine el título que ves desaparece, NO es de tu “propiedad “cuando uno ve la televisión igual lo que ves NO es de tu propiedad, los VHS se devolvían, también no eran de la propiedad. Ahora le toca al digital, lo mas normal del mundo, más bien gracias al digital estamos volviendo a cómo era el consumo en el siglo XX, lo que pasa es que los discos educaron de esa manera al consumidor a ser consumista.
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Así es coleccionar películas digitales (más allá del streaming): ¿merece la pena?
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El concepto de coleccionar cine ha cambiado de forma radical en los últimos años. Donde antes dominaban las estanterías llenas de DVD o Blu-ray, ahora empieza a abrirse paso una alternativa que, aunque menos visible, lleva tiempo creciendo: la compra digital de películas.
No hablamos de plataformas por suscripción. No es encender la tele y elegir algo de un catálogo cambiante. Se trata de comprar títulos de forma individual, construir una biblioteca propia y acceder a ella cuando se quiera. Sobre el papel, el planteamiento no dista tanto del formato físico, pero en la práctica introduce cambios profundos que van más allá de la simple ausencia de discos.
En España, este modelo nunca ha terminado de asentarse con la fuerza de otros mercados, aunque sí existe una base de usuarios que lo utiliza de forma habitual. Plataformas como Apple TV, Prime Video, Google TV o Rakuten TV permiten adquirir películas y conservarlas dentro de una biblioteca digital asociada a una cuenta. Entre todas ellas, Apple ha logrado posicionarse como la opción más sólida, en gran parte por su ecosistema: la integración con dispositivos como Apple TV, iPhone, iPad, ordenadores Mac o televisores inteligentes facilita un acceso continuo y sin fricciones a los contenidos adquiridos.
Comprar una película sin tenerla
La lógica de funcionamiento es sencilla, pero no siempre se comprende del todo. Cuando se compra una película en digital, el usuario no adquiere un archivo en propiedad como ocurría con un DVD o un Blu-ray. Lo que obtiene es una licencia de acceso permanente dentro de la plataforma. Esto implica que la película queda vinculada a la cuenta, no al usuario como propietario independiente del contenido.A partir de ahí, la experiencia es cómoda: la biblioteca está disponible en múltiples dispositivos, no ocupa espacio físico y permite reproducir los títulos sin preocuparse por soportes o almacenamiento doméstico. Este factor, junto con el precio, explica buena parte de su atractivo.
Un modelo impulsado por el precio
Porque si hay un elemento que ha impulsado la compra digital es el coste. Un estreno en 4K con sonido Dolby Atmos suele situarse en torno a los 16 o 18 euros, por debajo del lanzamiento equivalente en Blu-ray 4K, que suele arrancar bastante más alto. Pero la diferencia se amplía con el paso del tiempo. En el entorno digital, las rebajas son constantes y agresivas: no es raro encontrar títulos por 4,99 euros en promociones semanales o packs completos a precios reducidos. Esto ha permitido que algunos usuarios construyan colecciones amplias con una inversión progresiva mucho menor que en el formato físico.Calidad: lo que se gana y lo que se pierde
Sin embargo, el precio no es el único factor a tener en cuenta. La calidad sigue siendo uno de los puntos de comparación más recurrentes. Mientras que un Blu-ray 4K puede manejar archivos de entre 70 y 100 GB, una película digital suele moverse entre los 10 y los 20 GB. Esta diferencia responde a una mayor compresión, lo que implica una menor tasa de bits y, en determinadas condiciones, una pérdida de información visual.Ahora bien, esa diferencia no siempre es evidente. En televisores de tamaño medio o en condiciones de visionado habituales, gran parte del público no percibe cambios significativos. Es en entornos más exigentes, con pantallas grandes o sistemas de sonido avanzados, donde el formato físico sigue marcando distancia.
La experiencia intenta parecerse al Blu-ray
En paralelo, algunas plataformas han empezado a incorporar elementos que recuerdan al Blu-ray. Apple TV, por ejemplo, incluye en ciertos títulos contenidos adicionales, escenas eliminadas o interfaces que simulan menús clásicos. No es algo generalizado, pero sí una señal de hacia dónde intenta evolucionar la experiencia digital.El gran problema: la propiedad que no existe
Pero si hay un punto que define este modelo y que, al mismo tiempo, genera más dudas, es el de la propiedad. Porque aquí es donde todo cambia.Cuando un usuario compra una película en formato físico, el control es absoluto: el disco está ahí, en su estantería, independientemente de lo que ocurra con estudios, distribuidoras o plataformas. En el entorno digital, esa seguridad desaparece. El acceso depende de acuerdos de licencias, de la continuidad de la plataforma y de las condiciones del servicio.
Y aunque no es lo habitual, existen precedentes. Casos en los que películas han desaparecido de bibliotecas digitales debido a cambios en derechos de distribución. Situaciones poco frecuentes, sí, pero lo suficientemente relevantes como para poner en cuestión el modelo. Porque aquí el problema no es la probabilidad, sino la posibilidad.
El hecho de que una película pueda desaparecer de una biblioteca digital —aunque sea en casos aislados— introduce una grieta difícil de ignorar para el público más cinéfilo. No se trata solo de perder acceso a un título concreto, sino de la idea de que una colección entera depende de factores externos que el usuario no controla.
Este es, probablemente, el principal obstáculo para que la compra digital se consolide plenamente como alternativa al formato físico. Mientras esa sensación de propiedad no sea equivalente, o al menos percibida como tal, seguirá existiendo una barrera difícil de superar.
Un modelo que sigue buscando su sitio
Aun así, el modelo continúa creciendo. Existen ya usuarios con bibliotecas digitales de gran tamaño, organizadas por géneros, sagas o directores, que han trasladado el concepto clásico de coleccionismo a un entorno completamente digital. Un cambio silencioso, pero cada vez más visible.La compra digital no ha sustituido al formato físico, ni tampoco al streaming. Se sitúa en un punto intermedio, con ventajas claras en precio y accesibilidad, pero con interrogantes abiertos en aspectos clave como la propiedad o la conservación a largo plazo.
En ese equilibrio, todavía inestable, es donde se juega su futuro. Porque más allá de la tecnología o la comodidad, la cuestión de fondo sigue siendo la misma que hace décadas:
no es solo ver cine… es saber si realmente lo tienes.
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