Muchos la consideran malísima y un revés a la carrera de “buen chico“ que mantenía Macaulay Culkin en aquel entonces, pero a mí me gustó bastante cuando la vi.
Eso sí, nunca me gustó la actuación casi irritante del personaje que interpretó Elijah Wood en esta película.
Y otra cosa importante es que está película no soportó el paso del tiempo, ahora ya no se sostiene tanto como pudo haberlo hecho en su momento.
Muchas gracias por el reportaje.
Saludos.
Es una excelente defensa. Esta pelicula me gusta mucho. Lo mas interesante es que la vi hace solo 2 meses, para año nuevo. Nunca la habia visto.
Me gusto la atmosfera. La musica y las actuaciones. Tiene cosas inesperadas.
Muy entretenida.
La veria de nuevo sin dudarlo.
Estoy de acuerdo con todos los comentarios en esta publicacion.
Es muy buena, la volví a ver hace unos años y sigue manteniendo el encanto.
En Argentina la conocimos como “El ángel malvado“ y cuando se estrenó en TV de aire, fue tema de conversación al día siguiente en la escuela.
La escena del puente y el final dejaron huellas en mi memoria.
Por estos lares de del otro lado del charco fue titulada como el Angel Malvado
A mi en lo personal me encanto! Culkin logro convencer en ese personaje de mala semilla, y eso que la tenia dificil ya que muchos no lo sacaban de esa imagen de niño adorable
Y Elijah hizo un excelente trabajo en su contrafigura ni hablar de la actriz q hizo de la mamá de Culkin
Tremendo el descenlace el escoger entre el bien y el mal
En defensa de “El Buen Hijo”: el thriller que se atrevió a ensuciar la sonrisa de Macaulay Culkin
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Hubo un momento en los 90 en el que esta película pegó fuerte. Mucho. El reclamo era claro: Macaulay Culkin, el niño más famoso del planeta tras Solo en Casa, interpretando a un crío inquietante. Solo con eso ya tenía medio camino hecho. Y funcionó.
Hoy, sin embargo, El Buen Hijo parece bastante olvidada. No suele aparecer en listas de thrillers psicológicos ni en rankings de “niños malvados” del cine. Y es curioso, porque tiene más mala leche de la que muchos recuerdan.
Cuando el niño adorable dejó de serlo
La premisa es sencilla y bastante eficaz: un chico pierde a su madre y se va a vivir con unos familiares. Allí conoce a su primo, aparentemente encantador, inteligente, educado… pero con algo raro detrás de la sonrisa.La película juega bien esa carta. No necesita grandes giros imposibles ni conspiraciones enormes. Todo se apoya en la incomodidad. En esa sensación constante de que algo no está bien aunque nadie más lo vea.
Y ahí es donde entra Culkin.
Macaulay Culkin contra su propia imagen
La decisión de convertir al niño símbolo de la comedia familiar en un pequeño sociópata fue, en su momento, un golpe de efecto tremendo. Y lo cierto es que funciona.No es un villano caricaturesco. Es frío. Calculador. Y lo peor: plausible. La película no intenta convertirlo en un monstruo sobrenatural, sino en algo mucho más incómodo. Un crío inteligente con cero empatía.
Puede que algunos momentos sean algo exagerados, sí. Pero hay escenas —esa conversación en el puente, por ejemplo— que siguen funcionando bastante bien.
Elijah Wood y la tensión constante
Frente a él está un joven Elijah Wood, que aporta vulnerabilidad sin resultar cargante. La dinámica entre ambos es el motor real de la historia. No hay grandes set pieces, no hay acción desmedida. Es tensión doméstica. Familiar.Y eso la hace más incómoda que muchas películas más violentas.
Un thriller noventero con personalidad
El Buen Hijo es muy de su época. Se nota en la música, en el ritmo, en ese tono serio sin ironía que hoy casi cuesta encontrar. No se ríe de sí misma. No guiña el ojo al espectador. Va de frente.Quizá por eso ha quedado un poco relegada. No es una película que se apoye en nostalgia fácil ni en espectáculo. Es más seca, más directa.
Y el final… bueno, el final sigue siendo bastante contundente.
¿Por qué defenderla ahora?
Porque fue valiente en su planteamiento.Porque se atrevió a romper la imagen pública de su estrella infantil.
Y porque, vista hoy, tiene más nervio del que muchos le conceden.
No es una obra maestra del thriller psicológico. Pero tampoco es esa película menor que el tiempo ha dejado en segundo plano.
A veces el terror no necesita fantasmas.
A veces basta con un niño mirándote demasiado fijamente.
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