Un cielo estrellado, y bajo él una chica sin pasado ni futuro, sólo presente, que depende únicamente de un chico cuyo pasado está marcado por la tragedia.
No saben ambos que la comparten, pero algo en el fondo intuyen...
Éstos, Ryota y Kuroha, salen a la luz a finales de 2.012 de la mano de un Lynn Okamoto que no sabía muy bien a qué dedicarse tras su cómic enfocado en los deportes ¨Nono-nono¨; son los deseos de sus fans de volver a ofrecerles una historia como ¨Elfen Lied¨ lo que le conduce a crear ¨Gokukoku no Brynhildr¨, donde, retorciendo las claves del subgénero ¨maho shojo¨, vuelve a usar detalles relacionados con la mitología y toma el nombre de la valquiria nórdica que fuera resucitada gracias a Sigfrido tras la condena de Odín. El romance fatal entre la guerrera y el caballero alimenta el corazón del manga.
Éste dura hasta cuatro años y en general da a los seguidores lo que pedían, profundizando con más esmero y violencia en la psicología de sus personajes y las situaciones traumáticas en las cuales se ven envueltos, si bien no deja de ser un derivado de la historia de Lucy. Pero cuando ya va por la mitad de su publicación, se acuerda una versión animada desde el estudio ARMS (quienes también adaptaron ¨Elfen¨) y le es encargado a Kenichi Imaizumi (conocido sobre todo por su debut, la ya clásica ¨Katekyo Hitman Reborn¨).
Las conexiones entre ¨Brynhild¨ y el primer cómic del autor aparecen desde el principio; los Kohta y Lucy de aquél por Ryota y Kuroha (o ¨Neko¨), también unidos desde la infancia, si bien ésta no posee dones especiales hasta mucho más tarde, cuando reaparezca una década después en presencia del chico, que la creía muerta en un accidente ocurrido en una presa. Los recuerdos perdidos y los recuerdos traumáticos son clave en el peso que han de soportar los protagonistas sobre sus hombros; vuelta a la premisa de ¨Elfen¨, con un laboratorio donde mentes humanas siniestras creen que pueden jugar a ser dioses a costa de las vidas de otros, de nuevo mujeres jóvenes (la fijación de Okamoto por ésto es enfermiza).
Cambia Kurama a Chisato y las anteriores ya nacidas como mutantes (y alienadas por ello) a chicas normales secuestradas y sometidas a crueles experimentos en base a creencias relacionadas con alienígenas y el renacer de una nueva especie en el Planeta que sustituya a los humanos (si bien todo este argumento queda impreciso en la serie en comparación con el cómic); del mismo modo las féminas que logran escapar se irán reuniendo en torno a Ryota, un Kohta dotado de la misma bondad, valentía y torpeza cuya obsesión por la astronomía se apoya en el trauma de su infancia (el dolor del pasado determina otra vez la conducta y las decisiones del futuro).
Sin embargo, la figura de padre sustitutivo que aquél sostenía, y gracias a la cual el ¨harem¨ presentaba otras connotaciones más profundas a las habituales, aquí gana en tensión sexual (y en la estupidez del chico) al ser los protagonistas de la misma edad, dando pie a situaciones hechas para los deseosos de clichés de la comedia romántica, por el camino espolvoreada con dosis varias de ¨ecchi¨ y la intromisión de estereotipos femeninos. Instantes que no sirven sino para relajar tensiones después de mostrar esta historia toda su crudeza (tratándose de Okamoto la hallamos en cantidades).
Y pese a desarrollarse alrededor de una intriga de ciencia-ficción y fantasía de serie ¨B¨ (con alienígenas parasitarios de por medio, volviendo a ¨La Invasión de los Ladrones de Cuerpos¨ y el clásico de la literatura ¨Who goes There?¨), tenemos situaciones donde una decisión cambia el destino de los individuos, una ácida crítica sobre la ambición humana cuando no hay reglas morales de por medio, tortura física y psicológica a niveles estremecedores y una grandiosa visión de la humanidad al perfilar a esas chicas (sin importar sus personalidades) desde la resignación a la muerte y el deseo de sacrificio personal como fin último en la vida, sujeta a un tiempo limitado, en este caso una medicina y un dispositivo de eyección, su símbolo de esclavitud.
Chicas que, en la evolución de la trama, serán más conscientes del valor de cosas como la amistad, la confianza, la fe y el amor, y en especial durante los momentos límite en que se las coloca, no reduciéndose sus enfrentamientos con otras víctimas de los experimentos (aquí llamadas ¨brujas¨, poseedoras de diferentes ¨dones¨ y cada una categorizada según el poder de éstos) a simples muestras de violencia gratuita, sino a elecciones vitales donde la existencia propia y la ajena se ponen en juego.
Por desgracia, a los giros de guión e intervención de personajes por pura conveniencia (Kogoro, tío de Ryota, e investigador científico), se suma el que la historia de la serie coincida hasta más o menos el 10.º volumen del cómic, eliminándose otros secundarios en el proceso (la ¨bruja¨ Mizuka, por ejemplo) y reduciéndose un gran número de subtramas e intrigas al mínimo. En compensación por estos fallos narrativos (típicos cuando el manga está aún en publicación), Imaizumi sabe desplegar la acción de forma trepidante tanto como la tensión psicológica entre instantes de violencia brutal, sin dejar de lado la introspección dramática de los protagonistas.
Puede que también abunden los ¨gags¨ cómicos enfocados al público adolescente (al menos no a destiempo), los estereotipos y que la estructura original no se respete (en esos últimos tercios de la serie), pero al final se garantiza un buen entretenimiento lleno de importantes lecciones vitales/morales y momentos que por su oscuro y escabroso contenido puede rasgar a más de uno la sensibilidad.
Aunque parezca querer ser ¨Elfen¨, ¨Brynhildr¨ se mantiene con dignidad; ésto no fue suficiente, claro, y su recepción no dio el resultado que esperaban, causa de que nunca viera la luz una 2.ª temporada. Un gran ¨ending¨, por cierto, ese melancólico ¨Ichiban Boshi¨ cantado a coro por las principales ¨seiyus¨ del anime.
Fallo garrafal, tanto en el cómic como en la serie, es presentar a Chisato como el peor villano de todos, desprovisto de todo rastro de ética y moral, vacío de espíritu...y darle una justificación a sus actos en los últimos episodios a través del personaje de su hermana menor, por la que siente un no poco amor incestuoso.
Justificar lo injustificable, eso sucede, y menos creíble aún es cuando sus impulsos (o valores morales, vaya usted a saber qué) se disparan y decide proteger a Mako (esa hermana perdida de la que no se sabía nada y que parece más bien un comodín del argumento para salir del paso) con su vida. El monstruo vuelve a ser humano, o quizás lo ha sido por primera vez en su vida...y se supone que nos lo tenemos que creer...
Mad Warrior
6
Un cielo estrellado, y bajo él una chica sin pasado ni futuro, sólo presente, que depende únicamente de un chico cuyo pasado está marcado por la tragedia.
No saben ambos que la comparten, pero algo en el fondo intuyen...
Éstos, Ryota y Kuroha, salen a la luz a finales de 2.012 de la mano de un Lynn Okamoto que no sabía muy bien a qué dedicarse tras su cómic enfocado en los deportes ¨Nono-nono¨; son los deseos de sus fans de volver a ofrecerles una historia como ¨Elfen Lied¨ lo que le conduce a crear ¨Gokukoku no Brynhildr¨, donde, retorciendo las claves del subgénero ¨maho shojo¨, vuelve a usar detalles relacionados con la mitología y toma el nombre de la valquiria nórdica que fuera resucitada gracias a Sigfrido tras la condena de Odín. El romance fatal entre la guerrera y el caballero alimenta el corazón del manga.
Éste dura hasta cuatro años y en general da a los seguidores lo que pedían, profundizando con más esmero y violencia en la psicología de sus personajes y las situaciones traumáticas en las cuales se ven envueltos, si bien no deja de ser un derivado de la historia de Lucy. Pero cuando ya va por la mitad de su publicación, se acuerda una versión animada desde el estudio ARMS (quienes también adaptaron ¨Elfen¨) y le es encargado a Kenichi Imaizumi (conocido sobre todo por su debut, la ya clásica ¨Katekyo Hitman Reborn¨).
Las conexiones entre ¨Brynhild¨ y el primer cómic del autor aparecen desde el principio; los Kohta y Lucy de aquél por Ryota y Kuroha (o ¨Neko¨), también unidos desde la infancia, si bien ésta no posee dones especiales hasta mucho más tarde, cuando reaparezca una década después en presencia del chico, que la creía muerta en un accidente ocurrido en una presa. Los recuerdos perdidos y los recuerdos traumáticos son clave en el peso que han de soportar los protagonistas sobre sus hombros; vuelta a la premisa de ¨Elfen¨, con un laboratorio donde mentes humanas siniestras creen que pueden jugar a ser dioses a costa de las vidas de otros, de nuevo mujeres jóvenes (la fijación de Okamoto por ésto es enfermiza).
Cambia Kurama a Chisato y las anteriores ya nacidas como mutantes (y alienadas por ello) a chicas normales secuestradas y sometidas a crueles experimentos en base a creencias relacionadas con alienígenas y el renacer de una nueva especie en el Planeta que sustituya a los humanos (si bien todo este argumento queda impreciso en la serie en comparación con el cómic); del mismo modo las féminas que logran escapar se irán reuniendo en torno a Ryota, un Kohta dotado de la misma bondad, valentía y torpeza cuya obsesión por la astronomía se apoya en el trauma de su infancia (el dolor del pasado determina otra vez la conducta y las decisiones del futuro).
Sin embargo, la figura de padre sustitutivo que aquél sostenía, y gracias a la cual el ¨harem¨ presentaba otras connotaciones más profundas a las habituales, aquí gana en tensión sexual (y en la estupidez del chico) al ser los protagonistas de la misma edad, dando pie a situaciones hechas para los deseosos de clichés de la comedia romántica, por el camino espolvoreada con dosis varias de ¨ecchi¨ y la intromisión de estereotipos femeninos. Instantes que no sirven sino para relajar tensiones después de mostrar esta historia toda su crudeza (tratándose de Okamoto la hallamos en cantidades).
Y pese a desarrollarse alrededor de una intriga de ciencia-ficción y fantasía de serie ¨B¨ (con alienígenas parasitarios de por medio, volviendo a ¨La Invasión de los Ladrones de Cuerpos¨ y el clásico de la literatura ¨Who goes There?¨), tenemos situaciones donde una decisión cambia el destino de los individuos, una ácida crítica sobre la ambición humana cuando no hay reglas morales de por medio, tortura física y psicológica a niveles estremecedores y una grandiosa visión de la humanidad al perfilar a esas chicas (sin importar sus personalidades) desde la resignación a la muerte y el deseo de sacrificio personal como fin último en la vida, sujeta a un tiempo limitado, en este caso una medicina y un dispositivo de eyección, su símbolo de esclavitud.
Chicas que, en la evolución de la trama, serán más conscientes del valor de cosas como la amistad, la confianza, la fe y el amor, y en especial durante los momentos límite en que se las coloca, no reduciéndose sus enfrentamientos con otras víctimas de los experimentos (aquí llamadas ¨brujas¨, poseedoras de diferentes ¨dones¨ y cada una categorizada según el poder de éstos) a simples muestras de violencia gratuita, sino a elecciones vitales donde la existencia propia y la ajena se ponen en juego.
Por desgracia, a los giros de guión e intervención de personajes por pura conveniencia (Kogoro, tío de Ryota, e investigador científico), se suma el que la historia de la serie coincida hasta más o menos el 10.º volumen del cómic, eliminándose otros secundarios en el proceso (la ¨bruja¨ Mizuka, por ejemplo) y reduciéndose un gran número de subtramas e intrigas al mínimo. En compensación por estos fallos narrativos (típicos cuando el manga está aún en publicación), Imaizumi sabe desplegar la acción de forma trepidante tanto como la tensión psicológica entre instantes de violencia brutal, sin dejar de lado la introspección dramática de los protagonistas.
Puede que también abunden los ¨gags¨ cómicos enfocados al público adolescente (al menos no a destiempo), los estereotipos y que la estructura original no se respete (en esos últimos tercios de la serie), pero al final se garantiza un buen entretenimiento lleno de importantes lecciones vitales/morales y momentos que por su oscuro y escabroso contenido puede rasgar a más de uno la sensibilidad.
Aunque parezca querer ser ¨Elfen¨, ¨Brynhildr¨ se mantiene con dignidad; ésto no fue suficiente, claro, y su recepción no dio el resultado que esperaban, causa de que nunca viera la luz una 2.ª temporada. Un gran ¨ending¨, por cierto, ese melancólico ¨Ichiban Boshi¨ cantado a coro por las principales ¨seiyus¨ del anime.
Fallo garrafal, tanto en el cómic como en la serie, es presentar a Chisato como el peor villano de todos, desprovisto de todo rastro de ética y moral, vacío de espíritu...y darle una justificación a sus actos en los últimos episodios a través del personaje de su hermana menor, por la que siente un no poco amor incestuoso.
Justificar lo injustificable, eso sucede, y menos creíble aún es cuando sus impulsos (o valores morales, vaya usted a saber qué) se disparan y decide proteger a Mako (esa hermana perdida de la que no se sabía nada y que parece más bien un comodín del argumento para salir del paso) con su vida. El monstruo vuelve a ser humano, o quizás lo ha sido por primera vez en su vida...y se supone que nos lo tenemos que creer...
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