Brillante y macabra comedia que incluye algunos de los mejores trucajes de Méliès. El carro infernal, a nivel de atrezzo, es una de la mejores invenciones del artista, y se usan las transparencias brillantemente, a parte de un magistral uso de maquetas, marionetas y otros elementos.
Por desgracia, solo se conservan 6 de los 17 minutos que debía durar esta épica mélièsana, y nos deja con ganas de más. Sin embargo, aún es un mérito que podamos ver parte de la pélicula coloreada viendo lo que hicieron con los originales de Méliès Pathé primero y los militares después, durante la I G.M. (como diría Jacques Tardi, ¨Puta guerra¨)
Críticas: 2
Pedro Otero Serrano
10
Solo llegamos a contar “386 farsas”, en estos seís minutos, pero entiendo posible que se nos haya pasado alguna. Trama con argumento muy elaborado, que funciona con suma fluidez anonadándonos con su deslumbrante sentido de la maravilla.
Dos aventureros visitan el laboratorio de aquel astrónomo, que nos enseñó por primera vez las maravillas del universo, sobre 1899. Los artilugios del alquimista les atacan en cuanto se descuidan, y, aunque consiguen salir de allí, el espectador descubre que en realidad el astrónomo es el diablo que se dispone a perseguirles. Los señores huyen merced a convertir algunos de sus baúles en un trenecito, pero este se accidenta. Logran llegar a un pueblo, pero allí son atacados por simios y demonios. Escapan en carroza, pero el diablo transforma al caballo en un esqueleto que les arrastra por los cielos. Consiguen bajar, pero había un documento firmado… por el que uno de los dos amigos descenderá al infierno.
Tremebundas bromas de corte fantástico, trucajes maravillosos parcialmente coloreados, y confluencia de mitos diversos como Fausto… o la vieja calesa celta que recoge a los muertos. Joya 10.
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