Maravillosa, sencillamente increíble. Esta obra de Mèlies es, para mí, la segunda mejor detrás de VIAJE A LA LUNA. La historia está bien y los efectos especiales, para ser del año que son están muy bien. En resumen, la segunda mejor película muda de todos los tiempos detrás de VIAJE A LA LUNA (de la que también he hablado).
Méliès volvió a inspirarse en Verne para crear otra de sus maravillas. Una épica producción de 24 minutos, coloreada y donde se hace uso de todos los trucos conocidos por el maestro.
Básicamente es una versión aún más ambiciosa de ¨Viaje a la Luna¨, llevada a los máximos extremos: los personajes se suben a varios gadgets muy ingeniosos - ¿Steampunk? Clarísimo, y eso que estamos aún en 1904 - y tienen accidentes y peripecias a mansalva (a destacar el abundante uso de maquetas) en este mágico viaje que no llega a ser tan redondo como aquel que llevó a unos magos a la Luna, pero que se acerca mucho: los problemas aquí eran que hacia el final la acción llega a ralentizarse en exceso, y que los trucos parecían muy vistos a pesar de la evidente superioridad tecnica de esta película respecto ¨Viaje a la Luna¨.
De todas maneras, es otro producto de 10.
Críticas: 3
Pedro Otero Serrano
9
VIAJE A TRAVÉS DE LO IMPOSIBLE (Georges Mélies, 31-07-1904) - * * * * *
Basada en una obra de Julio Verne, viene a ser el primer intento de superación de lo ya conseguido en “El Viaje a La Luna” (1902). Por lo pronto dura 24 minutos, 10 más que su precedente, y comienza también con una convención de científicos… que en este caso pretenden dar una vuelta al planeta Tierra entero, valiéndose para ello de originales vehículos.
La aventura comienza nada menos que en los Alpes suizos, a bordo de lo que se llama “El Carruaje Imposible”… que atraviesa las montañas. Los viajeros sobreviven a diversos accidentes, y en el transcurso de uno ellos son absorbidos por el sol, - glorioso compendio de luces y cartulinas pintadas a mano -, del que lograrán escapar merced al depósito de hielo que tenían el tren y a un submarino fabuloso que literalmente les salvará la vida.
Utilización del tren como sinónimo de aventura, - algo muy propio de la época -, y del submarino como símbolo del optimismo social ante los continuos hallazgos de la ciencia. Preciosismo visual, ingenuidad valiosa, y fantasías desbordadas.
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