La esperada secuela dirigida nuevamente por Kurtis David Harder logra lo que pocas segundas partes alcanzan: expandir el universo visual y narrativo de la original sin perder la mordacidad que la hizo destacar. Si la primera entrega era un thriller irónico y violento, esta secuela es más sangrienta, más cínica y visualmente más pulida; un descenso mucho más “desquiciado“ y ambicioso hacia la psicopatía de la era digital.
Miguel Arkangel
La esperada secuela dirigida nuevamente por Kurtis David Harder logra lo que pocas segundas partes alcanzan: expandir el universo visual y narrativo de la original sin perder la mordacidad que la hizo destacar. Si la primera entrega era un thriller irónico y violento, esta secuela es más sangrienta, más cínica y visualmente más pulida; un descenso mucho más “desquiciado“ y ambicioso hacia la psicopatía de la era digital.
La trama se traslada... (seguir leyendo)