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Un peplum Italiano de segundas con tinte fantástico que tuvo su decente financiación para un nutrido reparto que tiene a un fantástico malvado John Drew Barrymore (el padre de la actriz) con personajes de opera teatral pero que no despierta un arranque de interés con tanto ir y venir por parte de la trama pagana de su momento, que recuerda a las pelis de los Mad Doctors de los cincuenta, aquí retratado como una cultura EuroAsiatica de Armenia perdida en los tiempos que les da para una buena caverna de cartón piedra con su idolo ciclope. Se hace de esperar y aunque el raccord cambia de marrón a verde desde la primera escena haciendo daño hasta en los ojos, cuando llega el momento de los supuestos zombies (un titulo mas que aprovechado!) es inentendible visualmente, que hicieron en post producción?. Hay montones de extras de carne y hueso como era habitual antes, pero la unica diferencia entre Legionarios Romanos y Legionarios Muertos es que unos tal vez tienen un toque mas blanco en la piel, pero poco mas, la gracia es que no hace gracia.
Críticas: 2
bigladiesman
4
Los péplums de serie B no son lo mío, pero la idea de un “weird peplum” con zombies me parece demasiado apetitosa como para no intentar un visionado.
Una de las muchas ovejas negras de la familia Barrymore, John Drew Barrymore, es Aderbad, un mago maléfico que se ha hecho mediante el miedo y sus invenciones con el control de las tribus armenias y la fidelidad de la intrigante mujer de un corrupto pretor local. Parece un Dr. Moreau de época, creando zombies a partir de cadáveres de legionarios, además de un grupo de hombres-bestia. Ettore Manni, importante actor en su tiempo, es Cayo Quintiliano, un centurión de corazón noble enviado para hallar un supuesto gran tesoro que guardan en Armenia y que se encuentra a ese ejército monstruoso.
Ida Galli/Evelyn Stewart pone, secundaria de cierto prestigio, y Susy Andersen como la manipuladora esposa del gobernador ponen el elemento femenino. En general, todas las intepretaciones son mediocres, aunque la Anderson – sin hacer nada especial - al menos parece que se lo esté pasando bien siendo malosa, y lo transmite.
La historia es una flipada, mezclando alegremente pueblos bárbaros europeos con cultos basados en el budismo y conspiraciones por el poder que ni “Yo, Claudio”. Pero no va de más allá de eso: esta película adolece de lo mismo que casi todos los otros peplums italianos de ese tiempo: lentitud, torpeza en la realización y la sensación de que vista una, vistas todas. La armada zombi que constituye la atracción de la peli no aparece hasta el final, cuando ya estamos como para abrirnos las venas como Séneca. Como siempre, el buen nombre de los creadores del argumento Ferruccio de Martino y Massimo de Rita no garantiza una buena película.
Técnicamente es igual de flojucha: algún que otro escenario o elemento de vestuario es creativo, muy de fumetto de quiosco italiano, pero el resto es de mediocre a malo, especialmente una música estridente y molesta y el ataque de la armada zombi, una serie de trucajes visuales que ya se hacían habitualmente en los años veinte.
La película se deja ver lo suficiente, pero es flojísima. Entre eso y la mala calidad de la copia que he visto han hecho de su visionado una experiencia no muy recomendable.
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