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Entonces una modestísima productora fundada por el sastre alemán-wisconsiano Carl Laemmle, Universal, con tan solo 4 años de existencia se atrevió con una superproducción de primer nivel basada en dos clásicos de Julio Verne (el que da título a la peli y La Isla Misteriosa) con una novedosa fotografía, localizaciones exóticas (Bahamas) y un Nautilus de tamaño natural totalmente operativo para las escenas de exteriores.
El resulatado es una entretenido filme fiel al espíritu de Verne (que no a sus obras), en lo bueno y en lo malo: por un lado con su capacidad para hacer soñar, y por otro por su afán de querer ser demasiado didáctico. Y es que a la película se le notan los años, y la entonces novedosa fotografía submarina son minutos y minutos de imágenes borrosas que maravillan por su mérito (estamos en 1916, no lo olvidemos) pero que se ven caducas.
Otro elemento importante es la caracterización e interpretación del malogrado actor y director Allen Holubar como capitán Nemo. Con solo 28 años, su caracterización como anciano cuela bastante y nos presenta un Nemo amable y más bueno que los bichitos de Nuestros Maravillosos Aliados. Algo insólito en el que se supone es un ambíguo villano.
La película fue un éxito, y auqnue no recuperó su gigantesca inversión, Laemmle logró su objetivo de hacerse un nombre en Hollywood.
Críticas: 2
Pedro Otero Serrano
8
20.000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO (Stuart Paton, 24-12-1916) - * * * *
Solo por la preciosidad de las imágenes subacuáticas, - de la muy pioneras -, ya habríamos de contarla entre las gemas imprescindibles, aunque, en realidad, no se utilizaron cámaras submarinas reales, sino un sistema de tubos, lentes, y espejos, que dirigía a la cámara para capturar las imágenes. Gracias a esto, pudimos disfrutar con la inmediatez de voraces tiburones, escafandras de época, un bonito pulpo de atrezzo, y un bosque de coral.
Además, se trata de una producción de Carl Laemle, lo que probablemente convierta a las fieras filmadas en los primeros horrores de la “Universal”. Casi diez años faltaban para “El Fantasma De La Opera” (1925). En cuanto a lo demás, se trata de una versión muy libre del clásico de Julio Verne, a la que por desgracia se la injerta una trama inventada, de corte folletinesco, que desmerece en relación al original y que en general empobrece el relato.
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