Emparentado con Frankenstein por su origen, - de rango científico -, y con El Golem por su desarrollo, - comienza haciendo el bien pero acaba arrasándolo todo -, en realidad vendría a conformarse como una versión masculina de Mandrágora, en el sentido de que no puede evitar destruir todo aquello que le rodea.
Serial de los pioneros, - seis capítulos que se aproximaban a las siete horas de duración -, parcialmente perdido, pero remontado como largometraje en 1920… y que presenta claras diferencias con los pergeñados por Feuillade, marcado por una metafísica casi goethiana, y por una negritud formal que preludia el expresionismo. Olaff Fons borda la interpretación de la atormentada criatura, en tanto que Carl Hoffmann firma una fotografía muy a destacar.
El tema principal es la incapacidad de la criatura para amar, lo cual le lleva a entrar en conflicto con el resto de los humanos. La culpa no es suya. Funciona como fuerza benéfica, pero el insaciable y necio vecindario intenta destruirle, una y otra vez, básicamente por resultar distinto. El ir en contra de la mentalidad establecida, que controla a las masas, le impide poder vivir en sociedad. Y luego encontramos el debate interior de la propia criatura, que siente mucho pero no puede amar, y en el final enfrentando a su propia muerte… ominosa presencia, pero con algo de compasivo, que nos anticipa la que aparecerá en “Las Tres Luces” (1921).
Pedro Otero Serrano
10
HOMUNCULUS - serie - (Otto Rippert, 18-08-1916) - * * * * *
Emparentado con Frankenstein por su origen, - de rango científico -, y con El Golem por su desarrollo, - comienza haciendo el bien pero acaba arrasándolo todo -, en realidad vendría a conformarse como una versión masculina de Mandrágora, en el sentido de que no puede evitar destruir todo aquello que le rodea.
Serial de los pioneros, - seis capítulos que se aproximaban a las siete horas de duración -, parcialmente perdido, pero remontado como largometraje en 1920… y que presenta claras diferencias con los pergeñados por Feuillade, marcado por una metafísica casi goethiana, y por una negritud formal que preludia el expresionismo. Olaff Fons borda la interpretación de la atormentada criatura, en tanto que Carl Hoffmann firma una fotografía muy a destacar.
El tema principal es la incapacidad de la criatura para amar, lo cual le lleva a entrar en conflicto con el resto de los humanos. La culpa no es suya. Funciona como fuerza benéfica, pero el insaciable y necio vecindario intenta destruirle, una y otra vez, básicamente por resultar distinto. El ir en contra de la mentalidad establecida, que controla a las masas, le impide poder vivir en sociedad. Y luego encontramos el debate interior de la propia criatura, que siente mucho pero no puede amar, y en el final enfrentando a su propia muerte… ominosa presencia, pero con algo de compasivo, que nos anticipa la que aparecerá en “Las Tres Luces” (1921).
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