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Entretenida y desfachatada sátira de sexplotation dirigida por el recordado Russ Meyer.
Tom, piloto de aviación y propietario de un albergue turístico, y su hipersexual esposa Vixen, se preparan para recibir a los turistas de temporada que buscan pasar unas agradables vacaciones, encargándose Vixen especialmente de mantenerlos entretenidos.
Convertido en una verdadera leyenda y referente en el cine de explotación sexual a esas alturas y habiendo estrenado recientemente con éxito el falso documental “Mondo Topless” (1966) y las relativamente populares “Common Law Cabin” (1967) y “Good Morning and... Goodbye” (1967), el incombustible Russ Meyer se embarcó en su próxima película, la cual concebiría con el productor Jim Ryan como una reacción a las provocadoras películas de arte estrenadas en Europa. De esta forma, capturando el espíritu de esa época respecto al hipismo, el amor libre y la desinhibición sexual, se despacharía esta entretenida y liviana sátira demostrando su experticia para burlarse de los estereotipos morales y satirizar flagrantemente los valores conservadores estadounidenses. De hecho, en la mayoría de sus películas hay un narrador que intenta dar a la audiencia una “hoja de ruta moral“ de lo que están viendo, al mismo tiempo que los expone a situaciones narrativas en las que el sexo actúa como vehículo natural para satirizar precisamente los valores y convenciones de la llamada “Gran Generación” estadounidense, repleta de estereotipos morales reprimidos y antinaturales, en cierta forma.
Son muchos los elementos que hacen que “Vixen” (1968) sea una película a reivindicar. Ciertamente tiene un guión básico, con diálogos y situaciones absurdas y los más persignados dirán que es un producto elemental hecho sólo para cosificar a la mujer, burlarse de la promiscuidad de algunas y mostrar actrices voluptuosas desnudas para gusto y deleite del público masculino, sin embargo, Meyer, sin tener la menor intención de ser Bergman o Fellini, se las arregla para ofrecer una película caracterizada por su autenticidad, sinceridad y frescura. En ese sentido, “Vixen” (1968) derrocha ese estilo narrativo liviano, abierto y jovial que Meyer dominaba con maestría a esa altura de su carrera, desde “The inmoral Mr. Teas” (1959) hasta “Faster, Pussycat Kill Kill” (1966). Algunos lo llamaron cinismo, otros, autenticidad, pero lo cierto es que Meyer es directo en mostrar lo que quiere que el espectador vea, que no es más que la naturalidad de la sexualidad humana en una época en la que se estaban produciendo aún fuertes cambios al respecto y donde las generaciones mayores veían todo este tipo de material prácticamente como sinónimo de decadencia moral o derechamente una blasfemia.
Otro elemento digno de reivindicar entre los méritos de “Vixen” (1968) es que a pesar de tener un guión básico y directo, se da mañana de realizar una crítica ácida y de paso una sátira a problemas contemporáneos de su tiempo, lo que hacen que no se trate, en consecuencia, de una simple película de desnudos o incluso softporn. Comenzaré con el que resulta una obviedad, la libertad sexual de las mujeres, reflejado en el personaje de Vixen, una atractiva, promiscua e hipersexual mujer que, a pesar de tener una vida sexual placentera, no pierde oportunidad para tener relaciones sexuales con quien se le cruce por delante como lo hará con un policía montado, la pareja de turistas que reciben en su resort, primero el marido y luego a la esposa de éste y, finalmente, a su propio hermano. De hecho, una de las polémicas del filme no es su tratamiento sobre la promiscuidad de su protagonista, sino su abierto abordaje al incesto y, en menor grado, el lesbianismo. Con todo, el guión trata de hacer hincapié que la actitud de Vixen al final termina por beneficiar a todos los personajes como, por ejemplo, el reencantamiento de la pareja turista y la satisfacción de su esposo y de su hermano.
Ahora bien, el único hombre con el cual Vixen se niega a tener sexo es Niles, el amigo afroamericano de su hermano Judd, a quien la exuberante mujer humilla y azuza constantemente por su etnia, con toda clase de insultos verbales. Lo que nos lleva al racismo, una problemática que todavía estaba fuertemente arraigada y naturalizada en la sociedad estadounidense (bueno, no podemos decir que se haya extirpado este cáncer) y que, en el caso del sexo, como sabemos, se traducía en una prohibición casi tácita del sexo interracial en el cine y, por qué no negarlo, en la vida real. Meyer le mete el dedo en la llaga al conservadurismo y racismo más recalcitrante de su época cuando lleva el guión hacia lo que parece inevitable, que Vixen también tenga un encuentro sexual con Niles, aunque no bajo las condiciones que ella siempre tiene en mente, pero que eleva la tensión de la trama cuando Judd convence a su amigo afroamericano de tener sexo con su hermano para desahogarse de todas las humillaciones de las que ella le ha hecho objeto.
Los otros temas que la película trata, que se relacionan con el racismo y que Meyer los vincula inteligentemente son la Guerra de Vietnam (1955-1975), la guerra fría existente entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética (1945-1991) y el terrorismo de grupos radicales. Así, Niles es un afroamericano desertor del conflicto en Vietnam que huyó de Estados Unidos a Canadá por dicho motivo, donde busca rehacer su vida en el resort del cuñado de su amigo Judd, esposo de Vixen. Más adelante se introduce en la historia un pintoresco personaje que trae a la trama el discurso comunista que conecta con la aún álgida tensión de la Guerra Fría. Se trata de un supuesto rico turista irlandés que quiere que lo lleven a Estados Unidos, pero que resulta ser un simpatizante marxista del Ejército Republicano Irlandés (IRA), que en realidad tiene como destino Cuba. Convenciendo a Niles de que en Estados Unidos seguirá siendo humillado y maltratado por su etnia, aparentemente logra convencerlo de su verdadero plan, viajar a Cuba donde les espera una sociedad más abierta e igualitaria, distinta a la xenofóbica y racista tierra del Tío Sam, cosa que no deja de ser cierta, en todo caso.
El mayor atractivo de “Vixen” es, sin duda, la actriz Erica Gavin. No siendo especialmente voluptuosa y atractiva como otras actrices que trabajaron con Meyer como Shari Eubank, Uschi Digard, Christy Hartburg y Colleen Brennan, todas voluptuosas y de enormes pechos, Gavin muestra un carisma y encanto que verdaderamente conquista. Gavin era bailarina en clubes y conocía a algunas mujeres que habían actuado en otras películas de Russ Meyer y fue elegida precisamente por su actitud. En sus propias palabras, Meyer recuerda que lo que lo convenció fue una suerte de “cualidad animal que nunca antes había podido lograr: la forma en que gruñó, aguantó y dijo sus líneas, especialmente en la secuencia de sexo con su hermano fue un trabajo realmente notable”. Durante la filmación, el asistente de dirección de Meyer, George Costello, mantuvo una relación sentimental con Gavin, lo que molestó al director y productor evidentemente. Sin embargo, la chica aparecería en otra película más de Meyer.
En el reparto también encontramos a Garth Pillsbury (“Beyond the Valley of the Dolls”, 1970) como Tom, esposo de Vixen, Harrison Page como Niles (Serie “CPO Sharkey”, 1976-1978), Jon Evans como Judd (“The Limping Man”, 1953), Robert Aiken (“Cherry, Harry & Raquel”, 1969) como Dave King y Vincene Wallace (“A taste of hot lead”, 1969) como su esposa Janet. Por cierto, según Meyer, esta última, una bellísima pelirroja, habría participado después de que este le ofreciera aparecer en la película a cambio de sexo.
“Vixen” (1968) se filmó en Miranda, California, pero muchas de las escenas iniciales se filmaron en Victoria, Columbia Británica, Canadá. Con un presupuesto de apenas US$73 mil, recaudó más de US$8 millones, lo que la convirtió en la película más exitosa de Meyer. De hecho, Meyer destacaría que su película tenía la particularidad de presentar la libertad sexual femenina de una forma tan natural que muchas mujeres reprimidas se sintieron identificadas con la protagonista, acudiendo en masa a las salas de cine.
Y eso que se trató de una de las primeras películas en recibir una clasificación “X“ de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA) a través de su entonces recién formada junta de clasificación, la Administración de Clasificación y Calificación (CARA).
En resumen, una entretenida y liviana sátira de sexplotation, con una historia ridícula pero interesante que incluye elemento de crítica social y el encanto de su protagonista, Erica Gavin.
Es guapa, es sensual, es salvaje, tanto como los parajes por donde se escabulle para dar rienda suelta a sus pasiones más lujuriosas y sórdidas con todo ser humano que se cruce en su camino.
No es una mujer, no es un animal, ¡es simplemente Vixen!
Si destacaba alguien por encima de Michael Findlay, Andrew J. Milligan, Doris Wishman u otros que operaban en el negocio del ¨underground¨ y el ¨sexploitation¨ más cachondo y liberal a finales de los 60 ese era sin duda Russ Meyer, cuya popularidad iba en aumento tras el falso documental ¨Mondo Topless¨ y dos títulos un poco menos divertidos (¨Good Morning and Goodbye!¨ y ¨Common-law Cabin¨). Entonces llega el gran momento que definitivamente iba a hacer despegar su carrera; mientras buscaba localizaciones para una historia de lo más subversiva una chica respondió a su anuncio de casting.
Su nombre: Donna Graff, muchacha de Los Ángeles que se hacía llamar Erica Gavin y que trabajaba en un ¨topless pub¨ (cuya compañera y amiga fue la imponente Tura Satana) antes de ingresar, con unos 21 años, en el mundillo Meyer; se podría decir que éste encontró a un auténtico diamante en bruto que iba a hacer brillar como nunca su cine, si bien reconoció que su físico no era tan impresionante como el de otras mozas con las que había trabajado. Aunque estuvo filmada en California, los hechos de la película se ubicarán en las vírgenes y recónditas tierras canadienses, cuyas ventajas se alabarán largo y tendido a lo largo de un prólogo socio-informativo tan propio de las obras del director.
¿Pero por qué otra historia sin estar ambientada en la ciudad? Pues aparte de que porque le salía más rentable, porque es fácil adivinar que una de sus obsesiones era establecer una importante relación entre lo salvaje del paisaje y su naturaleza con la figura de la mujer, su inevitable instinto animal y su necesaria libertad de espíritu; eran los 60 y ese era uno de los mayores ideales. Y ese ideal se ve encarnado en la sonrisa juguetona, en el rostro provocativo, en las sensuales curvas y en los grandes senos de Vixen, que gracias al arrojo y carisma de Graff se distancia de otras féminas de Meyer.
Esposa de un piloto de vuelos privados, ella se desata, se revuelve, se desnuda, grita por el bonito paisaje mientras aparecen algunos de los conocidos temas de Meyer, como el recalcitrante racismo, el ego masculino (más frágil y patético que el femenino), la burla hacia los poderes políticos del momento, un fuerte espíritu revolucionario y un sentimiento contracultural y anti-Vietnam, todo vomitado por medio de ásperas dosis de socarronería que encuentra su mejor exposición hacia el final, introduciendo a un personaje que es de lejos el más interesante junto con Niles, objeto de constantes ataques racistas de Vixen.
Este tramo, donde tendremos hasta suspense, es también lo que a nivel narrativo más sobresale en un film que virtudes narrativas no posee, pero sí sobresalen otras cualidades, por lo menos para hacerlo medianamente entretenido. Y es que para encontrar una buena historia con grandes personajes mejor buscar a Mizoguchi, Bergman o Hitchcock; lo que se nos ofrece en ¨Vixen¨ es color y delirio puro, tanto en la técnica (a través de un uso de la cámara fresco e imaginativo y unas escenas de sexo filmadas desde el punto de vista de un voyeur, como a través de un agujero en la pared) como en la forma (esos alardes onirícos tan ligados a la fantasía sexual), y una colección de estereotipos rematadamente caricaturescos.
Junto con el racismo y la burla al comunismo, infidelidad, incesto, lesbianismo y extrema violencia, que, tratado por medio del humor más negro, sirve para hacer tambalearse un poco los pilares del conservadurismo norteamericano, y sobre todo y por encima de todo, la celebración carnal y la pasión por el sexo utilizando como modelo a esta Vixen agresiva, impulsiva y con sus desvíos mentales (porque está chifladísima se mire por donde se mire...) que aun así no hace por pertenecer a la estirpe de féminas violentas y destructivas de la etapa más barroca de Meyer (como ¨Faster, Pussycat! Kill, Kill!¨).
Casi una ¨hippie¨ de comuna de no ir tan pulcra, Vixen es la diversión y la lascivia personificada, el epítome de mujer que vive por y para el amor, ya sea hacia el hombre o hacia la mujer (si es de piel blanca, claro, torciendo aún más su indescifrable carácter: liberal de tendencias republicanas); de ahí que un personaje como el de Garth Pillsbury, tan fiel y tradicional, resulte chocante (y es que el director prefería dibujar a hombres, si bien duros, extremadamente ingenuos y mojigatos). Harrison Page ofrece una buena interpretación (la mejor, como ya he dicho).
¿Y qué más se podría decir de la voluptuosa Graff?, una auténtica amazona de los bosques canadienses. No se gastó Meyer apenas 70.000 dólares y logró recaudar unos beneficios millonarios, además de llevarse el aplauso de muchos críticos (¡¿?!). De ahí que ¨Vixen¨ cambiara su carrera para siempre, y la mayor parte de ese gran éxito se lo debe por supesto a su recién descubierta musa, quien pese a odiarse tras verse en pantalla por primera vez y casi demacrarse físicamente por culpa de la anorexia, participaría con él de nuevo en la aún más rompedora ¨Beyond the Valley of the Dolls¨.
Inolvidable la última mirada que Graff/Vixen dirige a la cámara, a nosotros, con esa preciosa y amplísima sonrisa; una mirada juguetona que va buscando la directa complicidad del espectador y que expresa sin tapujos sus pensamientos mientras observa acercarse a esa nueva pareja de clientes de su marido. ¿Qué hará con ellos? Eso se lo dejamos a la imaginación.
Una mirada diametralmente opuesta a la famosa de Harriet Andersson en ¨Un Verano con Monika¨, y las dos igual de significativas y portentosas.
filme de culto de russ meyer donde se aprecia a erica gavin en todo su explendor, la primera de la saga de vixen de meyer que marco un antes y un despues en el grindhouse.
analizandola con ojos mas actuales vemos que su trama envejecio mucho y que predominan sus escenas eroticas como sustento... aunque tiene detalles racistas que hoy por hoy podria molestar a las clases mas sencibles e irritables... por mi parte es un filme imprescindible para incursionar en el cine de meyer.
¨Vixen!¨, la primera entrega de la famosa saga de Russ Meyer, se diferencia del resto por la falta de gore, y por no ser tan insana... Lo cual, decicidamente, juega en su contra.
Pese a todo, es una cinta bastante desvegonzada que se disfruta gracias a un par de momentos divertidos, y a la buena cantidad de enormes pechos femeninos que aparecen, como suele ser habitual en el cine de su director.
La historia... Pues qué vamos a decir... No tiene ni pies ni cabeza, y no es sino un mero pretexto para los momentos eróticos. Y esa pequeña apología antirracista (¿O racista? No queda muy claro...) resulta cuando menos irrisoria.
Así que sólo puedo recomendar esta película a fans del señor Meyer, o a completistas de una saga que ofrecería sus mejores momentos unos años más tarde con ¨Supervixens¨.
Por mi parte, se lleva un merecido suspenso.
Entretenida película con un toque porno, un toque racista y un tío comunista que intenta convencer a un negro del bienestar de los países comunistas y de la inexistencia del racismo en estos países.
La historia en sí está un poco vacía de contenido, y no se centra en nada en especial; pero de todas formas entretiene y no aburre en ningún momento. Quizás ayude en esto que dura menos de lo normal.
El guión está bien, el desarrollo es bueno e interesante. En contra las actuaciones son bastante normales.
Es una de las películas que no gustan a mucha gente, y que hay que ver sabiendo que se va a ver. Además que debe de gustarte el estilo de Russ Meyer.
Ida de olla en tono erótico donde como ya han mencionado solo se salvan las teturcias que salen.
Bodrio erotico donde solo se salvan las tetas de la protagonista,le doy udos un puto por teta.
Entretenida sin mas. La pelicula tiene momentos bastantes enfermos como la escena del incesto, aunque de gore anda un poco floja en comparacion con el resto de la saga.
Críticas: 9
Miguel Arkangel
7
Hablar de Russ Meyer es adentrarse en un universo de excesos, sátira social y una estética inconfundible que cambió el cine de explotación para siempre. Vixen! no es solo una de sus obras más exitosas, sino el manifiesto definitivo de su estilo.
La película destaca por un montaje frenético que le otorga una energía casi de dibujo animado febril. La trama funciona como una crítica mordaz a la hipocresía de la clase media norteamericana y las tensiones políticas de finales de los 60 (incluyendo a comunistas, racistas y puritanos), con todos cayendo ante el caos que provoca la protagonista, la icónica Erica Gavin. Ella decide, ella seduce y ella domina. Es un personaje amoral, sí, pero con una libertad sexual que resultaba fascinante (atención a la escena lésbica con la pelirroja Vincene Wallace). Es una fuerza femenina desatada que no pide permiso ni perdón.
Con un presupuesto de apenas 70.000 dólares, recaudó más de 15 millones. Demostró que había un mercado masivo para el cine sexploitation con erotismo desbocado y sentido del humor. Fue de las primeras películas de estreno comercial en tratar temas como el incesto y las relaciones interraciales de forma tan explícita y descarada, desafiando las leyes de censura en Estados Unidos.
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