EEUU es el país de las oportunidades. Y Michael y Roberta Findlay sabían que el sueño americano también incluía a cineastas con ganas de hacer dinero a costa de filmar películas extrañas y pervertidas, con sexo, violencia y sexis chicas malas, que harían felices a un público inquieto o mojigato, que los domingos iba a misa, pero estaba ávido de ver, muchas veces a escondidas, este tipo de cine, en los todavía ¨inocentes¨ años 60s.
Luego de rodar su famosa ¨trilogía de la carne¨, los Findlay decidieron seguir explotando la veta del cine sexual y violento, y rodaron A Thousand Pleasures (1968). Richard Davis (interpretado por el propio M. Findlay) apuñala a su regañona esposa (Roberta Findlay) con un cuchillo de carnicero. Coloca el cuerpo en la parte trasera de su camioneta y luego sale a buscar un lugar adecuado para tirarlo. Mientras conduce por una carretera rural vacía, se encuentra con un par de voluptuosas lesbianas autostopistas: Maggie (Uta Erickson) y Jackie (Linda Boyce). Él accede a llevar a las dos damas, que al descubrir el cadáver de la esposa, se ríen y proclaman ¨¡Él es el indicado!¨ Luego obligan a Richard a ir a su casa, donde le presentan a un grupo bastante retorcido que incluye a una chica semidesnuda, llamada Baby, que se comporta como una bebé y juega de manera perversa con un espejo y con una vela.
Sí, las cosas son aún más bizarras y pervertidas de lo que suenan; hay chicas desnudas, masturbaciones masculinas y femeninas, chicas azotadas y amamantadas, una sirvienta de enormes pechos que los utiliza para ahogar a su víctima, apagan un cigarrillo en el rostro de alguien; en fin, todo lo que uno podría imaginar ver en un film sórdido, barato, morboso, trash y que ayudó a abrir la puerta al cine hardcore que vendría en los 70s.
Miguel Arkangel
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EEUU es el país de las oportunidades. Y Michael y Roberta Findlay sabían que el sueño americano también incluía a cineastas con ganas de hacer dinero a costa de filmar películas extrañas y pervertidas, con sexo, violencia y sexis chicas malas, que harían felices a un público inquieto o mojigato, que los domingos iba a misa, pero estaba ávido de ver, muchas veces a escondidas, este tipo de cine, en los todavía ¨inocentes¨ años 60s.
Luego de rodar su famosa ¨trilogía de la carne¨, los Findlay decidieron seguir explotando la veta del cine sexual y violento, y rodaron A Thousand Pleasures (1968). Richard Davis (interpretado por el propio M. Findlay) apuñala a su regañona esposa (Roberta Findlay) con un cuchillo de carnicero. Coloca el cuerpo en la parte trasera de su camioneta y luego sale a buscar un lugar adecuado para tirarlo. Mientras conduce por una carretera rural vacía, se encuentra con un par de voluptuosas lesbianas autostopistas: Maggie (Uta Erickson) y Jackie (Linda Boyce). Él accede a llevar a las dos damas, que al descubrir el cadáver de la esposa, se ríen y proclaman ¨¡Él es el indicado!¨ Luego obligan a Richard a ir a su casa, donde le presentan a un grupo bastante retorcido que incluye a una chica semidesnuda, llamada Baby, que se comporta como una bebé y juega de manera perversa con un espejo y con una vela.
Sí, las cosas son aún más bizarras y pervertidas de lo que suenan; hay chicas desnudas, masturbaciones masculinas y femeninas, chicas azotadas y amamantadas, una sirvienta de enormes pechos que los utiliza para ahogar a su víctima, apagan un cigarrillo en el rostro de alguien; en fin, todo lo que uno podría imaginar ver en un film sórdido, barato, morboso, trash y que ayudó a abrir la puerta al cine hardcore que vendría en los 70s.
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