|
|
Otra adaptación de ¨Las manos de Orlac¨, esta vez anglo-francesa y con un reparto de campanillas formado por nombres como Mel Ferrer, Christopher Lee, la exoticamente bella (el ser mestiza franco-vietnamita le da un aspecto particularmente atractivo) y buena actriz Dany Carrel o Donald Pleasance entre otros.
A nivel técnico destaca una muy buena música del a veces injustamente olvidado Claude Bolling, maestro de las bandas sonoras en clave de jazz. El resto está realizado competentemente.
Hasta aquí todo bien, pero hay algo que lastra el filme. El enorme problema con esta tercera adaptación directa (ha habido decenas basadas en la idea) del relato de Maurice Renard es su alarmante falta de ritmo: es plana y aburrida. Aún teniendo en cuenta que las dos versiones anteriores dejaron el listón muy alto, hay que achacarle al director y los guionistas que no supieran aprovechar el excelente reparto y equipo que tenían a su disposición. Es una película soporífera, olvidable, con unos intérpretes desganados y sin nada que llame la atención del espectador ni a nivel visual ni narrativo si descartamos algunos expresivos planos de Ferrer y el sex-appeal de la Sra. Carrell, y eso no tiene mérito alguno, que hay montones de tías buenas en mundo del cine (ya nos lo enseñaron en ¨El último gran héroe¨).
No la recomendaría: mucho oropel para poca película.
Críticas: 2
Pedro Otero Serrano
5
Modesto remake francés del clásico expresionista alemán, con Mel Ferrer en un buen momento, un atípico Christopher Lee, - haciendo de comediante macarra -, estupenda música al piano del maestro Werner Haas, e incluso un cuplé bien bonito interpretado por el personaje, la ayudante del chantajista, que encarna Dany Carrel.
Claro que no funcionan mucho ni la trama policiaca, al fin y al cabo no hay víctimas y se investiga un miserable chantaje, ni la historia de amor, en general anodina, ni mucho menos la suponemos que pretendida intención terrorífica, - dado el tema -; con una fotografía falta de atmósfera, un guion impostado, - con varias elipsis burdas un tanto abusivas -, y una narrativa torpe en la que los momentos que deberían inquietar… quedan como cosa absurda e insignificante.
Me gusta (0) Reportar